El Parlamento británico da luz verde a las nuevas restricciones de Boris Johnson ante el Covid-19

El Parlamento británico da luz verde a las nuevas restricciones de Boris Johnson ante el Covid-19

El 'premier' resiste la presión ejercida por los científicos, el ala rebelde conservadora y los laboristas, que rompen la "oposición constructiva" y exigen medidas más restrictivas en Inglaterra.

El líder de la oposición laborista, Keir Starmer, ha urgido a Boris Johnson a imponer un confinamiento de dos a tres semanas en Inglaterra para contener la segunda ola de coronavirus, con 17.234 casos y 143 muertes en las últimas 24 horas en todo el Reino Unido. El 'premier' se enfrenta a una hostilidad creciente en el Parlamento, donde fueron votadas esta tarde sus nuevas medidas. Westminster dio luz verde a las nuevas restricciones de Boris Johnson ante el coronavirus por 299 votos a favor y 82 en contra, incluidos 42 'tories' rebeldes que mandaron un aviso al 'premier', seriamente cuestionado por su estrategia.

Johnson logró una victoria apenas simbólica, con la abstención de la mayoría de las laboristas, que reclaman medidas más duras para contener el virus. Starmer acusó a Johnson de haber "perdido el control del virus" y de "estar desoyendo los consejos de los científicos".

Según revelaron varios medios británicos, Johnson decidió acatar tan solo una de las cinco medidas recomendadas por su consejo asesor de científicos [Sage] el pasado 21 de septiembre. Entre ellas, la aplicación de un "cortocircuito" temporal en Inglaterra -dejando las escuelas abiertas, pero volviendo a cerrar los comercios "no esenciales"- para evitar "una extensión de la epidemia de catastróficas consecuencias".

"Necesitamos medidas más drásticas y no podemos dar al primer ministro el beneficio de la duda", declaró Starmer, en el momento de poner fin a la "oposición constructiva" mantenida hasta ahora. "El plan del Gobierno no está funcionando y es el momento de cambiar de curso. Por eso propongo un 'cortocircuito' en Inglaterra de dos a tres semanas, en la línea de lo recomendado por el Sage, para a dar la vuelta a la tendencia de infecciones y hospitalizaciones".

Starmer instó a Johnson a plantar cara a los "escépticos" de su propio partido, contrarios a las nuevas restricciones, y se comprometió a darle el apoyo que necesita para adoptar medidas más duras. "Usted sabe que las restricciones que ha puesto en marcha no son suficientes", dijo el líder laborista. "Así que actúe ahora, rompa este ciclo. No necesita buscar un equilibrio entre los intereses de su partido y el interés nacional".

Según un sondeo de YouGov para The Times, el 42% de los británicos es partidario de medidas más duras, frente al 34% que apruebas las nuevas reglas introducidas por el Gobierno y el 14% que opina que ya han ido demasiado lejos. La medida más divisiva es la del cierre de los pubs a las diez de la noche: el 61% de los conservadores se opone, frente al 31% que la aprueba (entre los laboristas, el 44% la apoya, frente a un 40% que la desaprueba).

El 54% de los encuestados está a favor de un "cortocircuito" como el recomendado por los científicos y propuesto ahora por los laboristas, frente al 28% que opina que Boris Johnson hizo bien en no haberlo aplicado hace tres semanas. El "cortocircuito" supondría el cierre temporal de pubs, restaurantes y bares en Inglaterra, así como la limitación de las visitas a domicilio y de los viajes y desplazamientos "no esenciales". En la práctica, sería como un nuevo confinamiento (con la excepción de la escuelas) en toda Inglaterra y como alternativa a los "cerrojazos" locales impuestos hasta la fecha.

ESTANDARIZAR LOS CONFINAMIENTOS LOCALES
A cambio, el 'premier' Boris Johnson anunció el lunes la implantación de un sistema tricolor (amarillo, ámbar y rojo) para "simplificar y estandarizar" los confinamientos locales que afectan a más de 17 millones de británicos, sobre todo el norte de Inglaterra. El área metropolitana de Liverpool ha sido la primera en ser marcada con el "rojo" -riesgo muy alto- aunque otras ciudades con un alto nivel de infecciones como Manchester, Nottingham, Birmingham o Newcastle (actualmente señaladas con el ámbar) podrían seguir el mismo camino en los próximos días.

Varios alcaldes han amenazado con rebelarse, aunque el Gobierno Johnson ha prometido "negociar" con los gobiernos locales antes que imponer las nuevas restricciones, que llegarían acompañadas de compensaciones con ayudas económicas. Londres está marcada de momento con el amarillo, pero el alcalde laborista Sadiq Khan se ha mostrado favorable a endurecer las restricciones en todo el área metropolitana, y no barrio por barrio, pese a las grandes diferencias por distritos.

El ministro principal de Gales, el también laborista Mike Drakeford, ha escrito entre tanto a Boris Johnson pidiéndole que prohíba viajar desde los "puntos calientes del norte de Inglaterra" a otras partes del país para evitar la propagación el virus. La ministra principal Nicola Sturgeon, que ha ido por delante de Johnson y ha impuesto medidas más restrictivas en Escocia, ha llegado incluso a amenazar con imponer cuarentena a quienes viajen desde el norte de Inglaterra.

La severa intervención de Boris Johnson el lunes por la noche, flanqueado por su asesor médico Chris Witty, no sirvió para aplacar la creciente inquietud de los británicos. "No actuar ahora sería imperdonable, y espero que podamos hacer progresos en los próximos días", dijo el 'premier'. Witty reconoció sin embargo que las nuevas medidas pueden "no ser suficientes" y que las autoridades locales pueden verse obligadas a imponer más restricciones para contener la epidemia.

El número de muertes por Coronavirus superó ya el listón de los 43.000 (43.018) y el Reino Unido sigue siendo el país europeo con más muertes desde que arrancó la epidemia. El número de ingresos sigue creciendo y los expertos advierten que los hospitales podrían verse desbordados en una semana. Tres hospitales de campaña, que apenas tuvieron que ser usados durante la primera ola, han vuelto a ser operativos como medida preventiva.

En una intervención en el Parlamento, el secretario de Salud Matt Hancock arremetió contra los escépticos en su propio partido, calificó la estrategia de la inmunidad de grupo como "falsa y carente de ética" y aseguró que permitir el avance del virus "causaría un daño irreperable y desproporcionado a la parte menos favorecida de la población".

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