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El mayor escándalo de corrupción de la “era K”

El mayor escándalo de corrupción de la “era K”

La detención en junio de 2016 del exsecretario de Obras Públicas argentino José López, mientras intentaba ocultar bolsos con casi 9 millones de dólares en un convento de la localidad bonaerense de General Rodríguez para eludir la acción de la justica, era hasta ahora el símbolo más evidente de la corrupción que se propagó durante los 12 años de gobiernos kirchneristas en Argentina.

Sin embargo, lo sucedido el miércoles de la semana pasada con las revelaciones de los cuadernos de Óscar Centeno, el extaxista de Julio de Vido y de su mano derecha Roberto Baratta llevó el tema a otra dimensión. Si bien será la justicia la que deberá investigar y aclarar los alcances de lo revelado hasta ahora por la prensa transandina, los antecedentes disponibles sugieren un esquema de coimas que viene a reproducir los modelos ya observados en Brasil con el escándalo de Lava Jato y en Italia, a principios de la década de los 90, con el caso de Mani Pulite.

Son muchas las preguntas que aún persisten en torno al caso y al entramado de relaciones entre los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y algunos empresarios mayoritariamente del sector de la construcción. Los cuadernos revelan hasta ahora pagos a cambio de la obtención de contratos públicos por 53 millones de dólares, aunque las sospechas apuntan a que la recaudación durante los diez años consignados en los cuadernos de Centeno podría llegar a más de 160 millones de dólares. Se desconoce, además, si hubo otros sistemas paralelos que no están registrados y que podrían elevar aún más los montos de dineros obtenidos irregularmente. Tampoco están claros aún todos los beneficios recibidos a cambio de los pagos -lo que deberá ser aclarado por la justicia- ni dónde está actualmente el dinero recaudado por concepto de coimas o los alcances del sistema establecido. Pero los datos obtenidos hasta ahora sugieren un evidente abuso de las prerrogativas del poder para beneficio personal, por parte de las máximas autoridades públicas del país.

La muchas veces cuestionada justicia argentina tiene ante sí una oportunidad única para investigar a fondo el que podría ser el mayor entramado de corrupción descubierto en ese país. A su favor no sólo tiene un registro único de los hechos -cuyas motivaciones aún deben ser determinadas- sino también cuenta con un instrumento legal nuevo, la figura del “arrepentido” para casos de corrupción aprobada en 2016, similar a la delación compensada que ha sido clave en la investigación de Lava Jato en Brasil y que lo fue también en el caso italiano.

Óscar Centeno está cooperando actualmente bajo esa figura y no es descartable que alguno de los empresarios detenidos en los últimos días se acoja a ella también. Los alcances del caso son todavía imprevisibles. Falta determinar aún con claridad el rol que tuvo la expresidenta Cristina Fernández en el sistema y los efectos que esto tendrá en sus aspiraciones políticas. Sin embargo, es claro que no hay excusas para que, a la luz de los antecedentes disponibles, la justicia trasandina no avance hasta el final en el caso.

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