El Gobierno polaco fuerza otra ley para ir a elecciones como sea

El Gobierno polaco fuerza otra ley para ir a elecciones como sea

Kaczynski evita su primera derrota parlamentaria al pactar con su socio rebelde de Gobierno.

En su afán de perpetuarse en el poder en tiempos de pandemia, el Gobierno nacionalista polaco forzó la convocatoria de elecciones presidenciales, las canceló y volvió a convocarlas en un abrir y cerrar de ojos.

Para conseguir mantener los comicios presidenciales del pasado 10 de mayo pese al confinamiento y la cuarentena decretados en marzo, los nacionalistas se saltaron la Constitución –que prohíbe cambiar reglas electorales en los seis meses previos a los comicios–, las críticas de la oposición y los juristas, el veto del Senado, así como la resistencia de la mayoría de la opinión pública. Su líder, Jaroslaw Kaczynski, usó su estilo caudillista para imponer un inaudito sufragio por correo, controlado por el Gobierno, sin mesas, colegios ni comisión electoral. El Gobierno hizo oídos sordos a una avalancha de denuncias por parte de los presidentes y jefes de gobierno desde la transición en 1989, incluido Lech Walesa, así como a las críticas de la UE.

La Cámara de Diputados acabó aprobando la ley de sufragio por correo

El Gobierno evitó proclamar un estado de excepción que habría obligado a aplazar las elecciones, pese a que se lo reclamaban unánimemente los candidatos de la oposición, que habían suspendido sus campañas aun cuando ello supusiera una prórroga del mandato del actual presidente, Andrzej Duda, férreo aliado del Gobierno. Y si el pasado viernes finalmente se echó atrás no fue por rectificar sino por miedo a que una repentina rebelión del socio de Gobierno le quitara la mayoría parlamentaria. Los 18 votos rebeldes condenaban al Gobierno a perder la apuesta.

Enfrentado a su primera derrota parlamentaria desde el 2015, Jaroslaw Kaczynski ejecutó una pirueta de 180 grados y acordó con su rebelde socio Jaroslaw Gowin aplazar las elecciones y cambiar el formato. Según el pacto, a todas luces carente de legalidad, los comicios del 10 de mayo dejarían de celebrarse y serían convocadas unas elecciones nuevas, esta vez por sufragio ordinario y controladas por una comisión electoral.

A raíz del pacto, la Cámara de Diputados acabó aprobando la ley de sufragio por correo, derrotando así el veto del Senado, que el presidente Duda no tardó en firmar. Todos esto se hizo a sabiendas de que era una ley muerta desde su nacimiento.

Sofocada la rebelión, las elecciones del pasado domingo dejaron de celebrarse, y el martes el Gobierno volvió a las andadas para forzar, de nuevo sin debate ni consulta, una nueva ley especial que convocaba elecciones regulares, con mesas, colegios y comisión electoral, y en las que el voto por correo sólo sería una opción. Pero según los expertos, la ley no subsana el pecado original que es aplazar las elecciones sin declarar el estado de excepción y mediante una ley inconstitucional y los mismos atropellos parlamentarios sin debate, reservándose el Gobierno el derecho a fijar nueva fecha.

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