El eje Turquía-Qatar, firme ante saudíes y emiratíes

El eje Turquía-Qatar, firme ante saudíes y emiratíes

Erdogan no retirará sus tropas de la base conjunta en Doha

El tándem formado por Turquía y Qatar no ha llegado hasta donde querría, pero no se cae, pese a los zarandeos. Para escenificarlo, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, arropado por varios ministros, selló este lunes varios acuerdos en Doha con el emir Tamim bin Hamad al Zani y su equipo.

Este tándem, movido por el gas natural del segundo y el común apoyo al islamismo político, quita el sueño a varias capitales de Oriente Medio. Singularmente a Riad, Abu Dabi y El Cairo, que promueven desde hace dos años y medio el bloqueo por tierra, mar y aire a la pequeña península qatarí. Sin embargo, el gas de Qatar se ha elevado por encima del asedio árabe, y sus dirigentes anunciaban anteayer que la producción de gas licuado, en la que ya son líderes, aumentará en un 64% en los próximos siete años.

Músculo militar, gas y apoyo a los Hermanos Musulmanes unen a ambos países frente a sus rivales del Golfo

Tras el shock inicial en junio del 2017, sobre todo por la repatriación forzosa de muchos qataríes, las empresas turcas se encargaron con entusiasmo de que los supermercados del emirato no quedaran desabastecidos. Simultáneamente, la base militar de uso conjunto en las afueras de Doha, pasaba de la teoría a la realidad y hoy en día acoge a 5.000 soldados turcos, que ayer se cuadraron ante su presidente. El cierre de dicha base es una de las trece condiciones que Riad y Abu Dabi exigen para levantar el bloqueo, pero Erdogan vino a decir este lunes que se lo quiten de la cabeza, aunque apremió a que el bloqueo “se resuelva en el más breve plazo”.

Ciertamente, el bloqueo ha perjudicado a muchas empresas qataríes, como por ejemplo Qatar Airways, pero por otro lado ha estrechado los lazos entre el emirato y Turquía, para disgusto de sus promotores, singularmente del príncipe saudí Mohamed bin Salman, cuya relación con Erdogan había de tocar fondo un año más tarde, a raíz del caso Khashoggi. En cualquier caso, la crisis ha aumentado en casi un 70% las exportaciones turcas a Qatar y en un 27% las exportaciones qataríes a Turquía. Por no hablar de las inversiones productivas e inmobiliarias qataríes en Turquía, que se elevan a 20.000 millones de euros. Si Turquía proporciona musculatura internacional, Qatar aporta liquidez –hace dos veranos, un crédito qatarí de 15.000 millones de dólares permitió a Ankara frenar la caída en picado de la lira.

Qatar está embarcado en una gran transformación urbanística con el horizonte del controvertido Mundial de Fútbol del 2022

De todos modos, Qatar no pone todos sus huevos en la misma cesta y mientras contemporiza con Irán –con quien comparte un enorme yacimiento de gas– mantiene la más importante base aérea estadounidense en la región. Incluso más, anteayer mismo fuentes del Pentágono desvelaban que Qatar y Kuwait se unirán a las patrullas lideradas por Estados Unidos para velar por el libre tránsito de petroleros en el golfo Pérsico, coartado por Teherán.

El principal motivo de discordia entre Riad y el tándem formado por Doha y Ankara es el apoyo de éstos a los Hermanos Musulmanes –lo que incluye a Hamas–. Un patrocinio tanto financiero como político y mediático, expresado a través del canal turco TRT Arabi y, sobre todo, del qatarí Al Yazira. Cadenas, por cierto, mucho más proclives a promover la agitación democrática fuera que dentro de sus fronteras.

Curiosamente, Al Yazira acaba de ser objeto de reprimendas por parte de los medios oficialistas turcos. Aunque Qatar ha sido el único país remiso a condenar en la Liga Árabe la operación Manantial de Paz, la tercera incursión turca en el norte de Siria, su canal televisivo se ha alineado con la opinión árabe opuesta al intervencionismo turco.

En cualquier caso, Qatar, con su inagotable chequera, capea el bloqueo y no ahorra gestos para demostrarlo. El emirato está embarcado en una gran transformación urbanística con el horizonte del controvertido Mundial de Fútbol del 2022. Doha acaba de inaugurar su segunda línea de metro, a los pocos meses de estrenar la primera, con la excentricidad de un vagón central de primera clase. Este mismo año ha abierto el Museo Nacional de Qatar, una rosa del desierto firmada por el arquitecto Jean Nouvel. En un momento en que se levantan voces en la Liga Árabe para rehabilitar hasta a la Siria de Bashar el Asad, es cuestión de tiempo que el muro contra Qatar empiece a agrietarse. Este mismo fin de semana, todos los equipos nacionales de la Península Arábiga jugarán en Qatar por primera vez desde el 2017, para disputarse la Copa del Golfo.

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