El doble juego de China en Afganistán: tiende la mano a los talibán mientras se prepara para un ataque terrorista

El doble juego de China en Afganistán: tiende la mano a los talibán mientras se prepara para un ataque terrorista

17:42 - Pekín teme un desbordamiento de extremistas hacia sus fronteras pero, a la vez, consuma el acercamiento a los extremistas

En Queshan, un condado de la provincia china de Henan, el Ejército Popular de Liberación (EPL) ha movilizado esta semana a 1.000 soldados para hacer varios simulacros de defensa ante un ataque terrorista. Son entrenamientos tácticos con armas combinadas, donde se juntan equipos de artillería, ingenieros, infantería, helicópteros de ataque y ejercicios con vehículos blindados.

En los simulacros de Henan, que Pekín ha presentado como ejercicios que siguen los patrones operativos en las misiones de mantenimiento de la paz de la ONU, también participan tropas que han llegado desde Mongolia, Pakistán y Tailandia. El sábado está programada la simulación de una operación antiterrorista conjunta, liderada por el Comando del Teatro de Operaciones del EPL, con experiencia en la lucha contra el terrorismo en la región noroeste de Xinjiang, donde predomina la etnia musulmana uigur y que fue el escenario de varios ataques alentados por grupos de uigures huidos a Afganistán.

Algunos medios estatales chinos, como el Diario del Pueblo o el Global Times, señalan que estos simulacros se hacen por los "crecientes riesgos terroristas después de la debacle de Estados Unidos en Afganistán". Expertos militares como Wei Dongxu, también apuntan en la misma dirección. "La retirada de las tropas estadounidenses en Afganistán probablemente causará más disturbios en la región, incluido un desbordamiento de grupos terroristas y extremistas a países y regiones vecinas", comenta Wei.

Es un juego confuso. Por un lado, Pekín habla de que lo que ha ocurrido en Afganistán es una amenaza potencial que les puede salpicar dentro de sus fronteras. Pero, a su vez, consuman el acercamiento de estas semanas al nuevo gobierno talibán, a quien desde Exteriores describieron ayer como un "paso necesario para restaurar el orden" en Afganistán.

El jefe de la diplomacia china, Wang Yi, tras decir que China está lista para mantener una comunicación con el gabinete interino del país vecino, anunció que enviarán una ayuda de emergencia de 200 millones de yuanes (26 millones de euros), suministros de alimentos y tres millones de dosis de sus vacunas.

Todo esto manteniendo la desconfianza en el grupo armado, que siempre ha blindado apoyo a los separatistas uigur de Xinjiang que se refugiaron en Afganistán. China ve clara la oportunidad para avanzar en su dominio de Asia Central, aunque también teme el vacío de seguridad dejado por Estados Unidos.

Después de que los talibán anunciaran su nuevo gobierno interino, muchos analistas miraban a China pensando que el gigante asiático no tardaría en brindar un reconocimiento político oficial. Pekín dio su bendición, pero no un reconocimiento como tal. "El futuro de Afganistán todavía está lleno de incertidumbres, ya que el gobierno establecido por los talibán es interino", afirmó anoche el ministro Wang Yi, que instó a los talibán a "tomar acciones concretas" para contener y atacar a los terroristas.

También pidió a sus vecinos de Pakistán, Irán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán fortalecer el intercambio de inteligencia y el control fronterizo para "arrestar y eliminar" a los grupos terroristas que huyen de Afganistán.

Parece que los diarios chinos, controlados por el Partido Comunista gobernante, han rebajado el tono de amistad con Afganistán al conocer los nombres del nuevo gobierno talibán, recordando en sus análisis y editoriales que algunos hombres fuertes que lo integran todavía están en las listas de terroristas y sanciones de la ONU.

Precisamente ayer los talibán exigieron la exclusión de sus líderes de esas listas negras de la ONU y Estados Unidos. "Instamos a que estas políticas incorrectas se reviertan de inmediato a través de interacciones diplomáticas", demandó en un comunicado el nuevo Gobierno interino.

"China mantendrá la calma y prestará mucha atención a los actos de los talibán en los próximos pasos y no reconocerá al gobierno interino de inmediato", dijo en el Global Times Pan Guang, principal experto en antiterrorismo y estudios afganos de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai.

"Esperamos que las nuevas autoridades de Afganistán escuchen ampliamente a las personas de todas las razas y facciones, a fin de satisfacer las aspiraciones de sus propios pueblos y las expectativas de la comunidad internacional", pidió el miércoles en una sesión informativa Wang Wenbin, portavoz de Exteriores.

UNA RELACIÓN COMPLEJA
Se perfila una relación compleja. Pekín ha mantenido este tiempo su embajada en Kabul, a la vez que pedía a los ciudadanos chinos que abandonaran el país lo antes posible. Pero China continúa acercándose a los talibán con el papel de actor fundamental en la reconstrucción y el desarrollo económico de Afganistán.

Hay mucho en juego, con posibles inversiones en el país. Las empresas chinas reanudarían proyectos estancados como la explotación de la mina de cobre Mes Aynak, y la amplia iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, que ha esquivado estos años a Afganistán por la guerra, para construir carreteras, puertos y más infraestructura para extender su influencia en toda Asia.

Los altos funcionarios chinos han estado en conversaciones con los representantes talibán desde antes de la caída de Kabul. El 28 de julio, el ministro Wang Yi recibió en la ciudad de Tianjin, a tan solo una hora de Pekín, a una delegación talibán encabezada por uno de los líderes de los extremistas, el mulá Abdul Ghani Baradar.

Un mes después, Suhail Shaheen, portavoz talibán, dijo que estaban en contacto con China para "para forjar la paz en Afganistán" y que ellos cumplirán su promesa de evitar que el país sea un escenario para terroristas.

"China es nuestro socio más importante y representa una oportunidad fundamental y extraordinaria para nosotros", dijo el portavoz talibán Zabihullah Mujahid en una entrevista reciente con el periódico italiano La Repubblica.

El pasado viernes, Mullah Abdul Salam Hanafi, recién nombrado asistente de Amir Khan Muttaqui, ministro de Relaciones Exteriores de Afganistán, contó que habló por teléfono con el viceministro de Exteriores chino, Wu Jianghao, y que este se comprometió a fortalecer las relaciones bilaterales.

En todas estas conversaciones, los talibán han ofrecido las garantías de seguridad a los funcionarios chinos de no permitir que sus combatientes utilizaran el territorio afgano como base para ataques dentro de China. Pekín, pese a sus temores, toma la palabra y acabará reconociendo formalmente el gobierno talibán... mientras prepara a su ejército para posibles operaciones antiterroristas.

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