El día que tembló Beirut

El día que tembló Beirut

22:29 - Dos enormes explosiones destruyen el puerto y sumen la ciudad en el caos

En esta noche de verano –los veranos son siempre en Oriente Medio tiempo de guerras, de violencias, golpes de Estado y catástrofes– Beirut vive bajo la dantesca explosión que retumbó en todos los barrios de esta desahuciada capital que antaño había descrito, una y otra vez, como, “la ciudad alegre y confiada del Mediterráneo Oriental”.

La enorme humareda rojiza que se elevó de un descollante depósito de color blanco del puerto se extendió sobre algunos de sus barrios mientras los edificios casi se tambaleaban hasta el extremo de que Viviane Edde, prestigiosa periodista libanesa que habita en la calle Monot, creyó por un momento que se trataba de un terremoto. “Vi desmoronarse el tejado de una iglesia paredaña, todo se hizo añicos en mi casa, porcelanas, cristales, se descoyuntaron las puertas, dos de mis vecinas quedaron heridas por la fuerza de la explosión, que las lanzó al suelo. El humo no me dejaba respirar. También tuve miedo de que fuese un bombardeo. Sabes que vivimos bajo el miedo de un ataque de Israel, avivado estos últimos días con los incidentes fronterizos”.

Al iluminarse el cielo con la gran llamarada escarlata que emanaba de la explosión de los destartalados muelles de Beirut, estaba a punto de abrir la puerta de mi casa. El radio de la explosión me hizo recordar, irremediablemente, aquella que, en el año 2005, provocó el espectacular atentado contra el que había sido primer ministro Rafiq al Hariri, cuyo tribunal especial de La Haya está ahora a punto de dictar veredicto sobre quiénes fueron los autores del magnicidio, que en aquellas jornadas se suponían vinculados a Siria y a Hizbulah.

Balance. El Ministerio de Salud cifró en 67 muertos y unos 3.600 heridos el balance de víctimas.

Al abrir la puerta, la moqueta del rellano estaba sembrada de añicos de cristales, y a la puerta de mi desordenado despacho le faltaban los goznes. El salón de mi vecina Encarna Ruiz quedó desbaratado. Y en el quinto piso los empleados del banco quedaron atrapados por una puerta que se atrancó con el impulso de la explosión.

Ha sido tan extensa la destrucción en los aledaños del puerto, almacenes, depósitos, viviendas, oficinas, que el mohafez o gobernador describió Beirut como una ciudad “devastada”. Las agencias locales de información difundieron imágenes de personas ensangrentadas y escenas de caos. “Vi una bola de fuego y de humo sobre Beirut –dijo un testigo a la agencia Reuters–. La gente gritaba y corría, algunos sangraban. Los balcones se caían de los edificios, las calles estaban cubiertas de vidrios de las ventanas”. Un hospital comunicó haber recibido 400 heridos. El total anoche era de unos 3.600 y se contaban al menos 67 muertos, pero aún había cuerpos bajo los escombros.

Varias personas a bordo de un buque italiano amarrado en el puerto, el Orient Queen , resultaron heridas y tuvieron que ser llevadas al hospital, según Al Yazira. “El barco está totalmente destruido, los camarotes, la sala principal, todo”, dijo a este canal de televisión Vincenzo Orlandini, miembro de la tripulación.

El paisaje de los muelles es como una tierra devastada, con sus depósitos y contenedores quemados. Los silos de grano ardieron durante horas.

El paisaje de los muelles es como una tierra devastada, con sus depósitos, contenedores, quemados. Los silos de grano ardieron durante horas. Ya hace décadas que el puerto de Beirut, que fue origen del crecimiento y desarrollo de esta ciudad en la época del mandato francés, dejó de ser un puerto vibrante fruto de aquellas legendarias escalas de levante.

Un destacamento de bomberos fue enviado al muelle para apagar un incendio antes de la explosión que resonó en toda la capital, y de hecho la autoridad portuaria de Beirut señaló al canal Sky News que un equipo de bomberos había “desaparecido” tras la explosión. La Agencia Nacional de Noticias informó de que la explosión –al menos la primera, hubo dos explosiones– fue precedida de un incendio en un hangar de silos de trigo del puerto.

En Líbano, el horrible estruendo se puedo oír a casi veinte o veinticinco kilómetros de Beirut. Sin montañas de por medio, la explosión pudo escucharse desde la isla de Chipre, a 240 kilómetros de distancia.

No se han dilucidado todavía las causas. Uno de los hombres más poderosos de esta república a la deriva, el general Abas Ibrahim, director de la seguridad del maltrecho Estado, dijo que se produjeron dos explosiones en un deposito repleto de materiales explosivos que habían sido almacenados desde hace años por sus hombres. En grabaciones de aficionados se pueden ver trayectorias de lo que parecen cohetes en medio de una gran columna de humo apenas unos instantes antes de la pavorosa explosión. “Hablar de fuegos artificiales es ridículo –dijo Abas Ibrahim–. Parece que la explosión tuvo lugar en un almacén de material explosivo confiscado”. A este respecto, el ministro del Interior, Mohamed Fahmi, dijo que, según las primeras pesquisas, el almacén en cuestión contenía nitrato que había sido incautado de un barco hace un año.

“Una bola de fuego”. “Los balcones se caían en los edificios, las calles estaban cubiertas de vidrios de las ventanas”

Por su parte, el canal de televisión Al Mayadin, perteneciente a Hizbulah, citaba al director de la aduana, que afirmaba que varias toneladas de nitrato de amonio habían hecho explosión. Esta última versión recuerda lo sucedido el 17 abril del 2013 en West (Texas), cuando 240 toneladas de nitrato de amonio de una compañía de fertilizantes hicieron explosión, causando 15 muertos, 160 heridos y daños en 150 edificios, algunos de los cuales quedaron destruidos. La nube de color anaranjado se debería al desprendimiento de gas de dióxido de nitrógeno que normalmente acompaña a una explosión que tenga que ver con nitratos.

Si se confirma esta versión oficial (Beirut siempre ha sido terreno abonado a toda suerte de las más rocambolescas especulaciones, especialmente las que se refieren a la larga mano de Israel, que ayer se apresuró a desmentir tener nada que ver) el desmoronamiento de Líbano no tiene fin. Por culpa de la incuria de sus dirigentes, del mal estado de sus instalaciones portuarias, la ciudad vivió ayer una jornada de pánico como en otros tiempos de guerra y atentados, nunca olvidados.

El presidente Michel Aoun convocó para hoy una reunión urgente del Consejo Superior de la Defensa en el palacio de Baabda, mientras que el primer ministro, Hasan Diab, decretaba una jornada de luto oficial. Francia, el Reino Unido e Irán ofrecieron ayuda al Gobierno libanés.

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