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El cultivo de coca en Perú se desplaza a las fronteras con Brasil y Bolivia

El cultivo de coca en Perú se desplaza a las fronteras con Brasil y Bolivia

El incremento de consumo y tráfico en países de Mercosur y en Chile, y el mayor trasiego hacia Asia reconfiguran el mapa de la siembra con fines ilegales

Cambio radical en el mapa peruano de la coca. El director del órgano antidrogas del país sudamericano, Rubén Vargas, informó este martes del aumento de la superficie cultivada en las regiones de la Amazonía peruana que lindan con Brasil y Bolivia por el incremento en el consumo de estupefacientes en Brasil, Argentina y Chile, y también para enviar la droga hacia mercados emergentes, sobre todo en Asia.

"El mercado de drogas en Brasil está moviendo el mapa de la droga en Perú", ha subrayado en un encuentro con medios extranjeros el presidente de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (conocido por el acrónimo Devida). "Además, hay una reconfiguración del mercado en los países del Mercosur como Argentina y Chile donde están consumiendo mucha cocaína. Pero no solo son consumidores, sino que son puntos de reembarque a otras partes del mundo".

Las cifras de la superficie ocupada por cultivos de coca con fines de narcotráfico en Perú están estancadas desde 2016, cuando vio la luz el último reporte anual sobre Perú de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC). Sin embargo, su distribución ha cambiado. "Nos queda claro que hay un aumento en zonas de frontera: en el Bajo Amazonas, Caballococha -triple frontera con Colombia y Brasil-, en la provincia de Sandia -región Puno, frontera con Bolivia, aunque bien conectada con Brasil por la carretera Interoceánica Sur-, y en la región Madre de Dios -colindante con Brasil y Bolivia-", ha precisado Vargas este martes.

El funcionario dijo a EL PAÍS que no hay estudios de trazabilidad y por ello no es posible saber cuánto de la cocaína producida en Perú se queda en los dos mayores países de Mercosur -Brasil y Argentina- y en Chile y cuánta es destinada a nuevos mercados en Asia, sur de África y Oceanía. En 2017, autoridades locales de Caballococha citadas por la agencia Efe contabilizaban de 10.000 a 15.000 hectáreas de superficie de cultivos de coca en la región Mariscal Castilla (de la que Caballococha es la capital), pese a que en 2016 el informe de UNODC solo registró 370 hectáreas en esa jurisdicción.

En Perú, las entidades involucradas en la lucha antidroga, incluidas agencias de cooperación internacional, no se ponen de acuerdo hace años en la fórmula para calcular la producción de cocaína. "Algunas dicen que se necesita 300 hojas de coca para producir un kilo de cocaína, otras señalan 250", relata el director de Devida. Ante esa falta de información sobre la cocaína producida en territorio peruano, el Ejecutivo no reconoce si es el mayor productor de cocaína frente a Colombia y Bolivia. Según el informe anual del Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre control de drogas, publicado en marzo pasado, Perú es el segundo mayor productor de cocaína y el segundo mayor cultivador de hoja de coca del mundo, tras Colombia.

El valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (selva sur-central del país) se mantiene como el que concentra la mayor producción. Y solo en nueve distritos está el 41% de la superficie nacional de cultivos de coca, según los datos dados a conocer este martes. Según el reporte UNODC de 2016, la superficie de arbusto de coca en este área ascendía a 20.304 hectáreas. Desde 2009 esta cifra crece a un ritmo de 1.500 hectáreas por año, con una producción potencial total de 66.000 toneladas métricas de coca al año (o 308 toneladas de cocaína), el 75% de lo que produce Perú.

El plan de Devida para darle la vuelta a la situación consiste en construir mayor infraestructura en el citado valle para que los productores de cacao, café, barbasco y cacahuate puedan sacar sus productos a los mercados, y entregar equipos para generar valor agregado a los productos alternativos a la coca.

En varios valles cocaleros, una dependencia del Ministerio de Interior destruye arbustos de coca manualmente con el fin de contener el avance del narcotráfico, sin embargo, esa actividad no ocurre en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro. Allí, un grupo armado de unos 250 hombres al mandos de los hermanos Quispe Palomino realiza acciones ligadas al narcotráfico, pero también hostiga bases del Ejército y provoca la muerte de miembros de las fuerzas del orden en emboscadas. El clan es un remanente del grupo terrorista Sendero Luminoso, surgido en 1980 en la ciudad de Ayacucho.

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