El control del Senado de EE.UU. queda en el aire ante una segunda vuelta

El control del Senado de EE.UU. queda en el aire ante una segunda vuelta

Una votación en enero decidirá si el Capitolio queda también solo en manos demócratas.

La incertidumbre impera estos días en Washington. No sólo es que todo un presidente de los EE.UU. se niegue a admitir el resultado de unas elecciones, una semana después de estas. Es que el control del Capitolio ha quedado, de forma sorprendente, en el aire, porque la mayoría del Senado depende de dos escaños en Georgia. Si los republicanos pierden en una segunda vuelta que tendrá lugar allí el 5 de enero, Biden y su partido tendrán un poder casi omnímodo para hacer a su antojo al menos durante dos años, a partir de enero.

En 2022 vuelve a haber elecciones parciales y se renueva íntegramente la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. En las elecciones de la semana pasada, los demócratas han mantenido el control de la Cámara, que seguirá presidiendo Nancy Pelosi. Y eso a pesar de que esos mismos demócratas han perdido, de momento, cinco escaños con respecto a los resultados de 2018. Quedan por decidir 15 escaños que están en recuento o segunda vuelta.

El martes, Alaska certificó sus resultados y le dio al republicano Dan Sullivan la victoria en las elecciones al Senado. Quedan por decidir sólo los dos escaños de Georgia porque no logró un 50% ninguno de los candidatos. Las malas noticias para los republicanos son que en este estado que hasta hace nada era muy conservador, Biden se ha impuesto a Trump por 14.000 votos. Si ganan los demócratas, tendrán 50 escaños (contando a los dos independientes que votan siempre con ellos) y los republicanos, otros 50.

En un Senado dividido, quien esté en la Casa Blanca es crucial, porque el vicepresidente es a la sazón presidente de esa Cámara alta, y en caso de empate en las votaciones le corresponde a él o ella deshacer el empate. Tras la victoria demócrata en las elecciones, la vicepresidenta es Kamala Harris, que desde 2017 ha sido senadora por California.

Denuncias de fraude
Este resultado explica por qué de momento los republicanos, sobre todo los del Senado, están siguiendo al presidente en sus quijotescas denuncias de fraude electoral. No sólo es que el líder republicano en esta Cámara, Mitch McConnell, haya defendido las acciones del presidente, pidiendo que se cuenten solo «los votos legales»; es que los dos candidatos republicanos en Georgia están ya haciendo campaña denunciando un fraude apoteósico para instalar «un régimen socialista» y «el marxismo» en EE.UU.

Así se expresan los dos republicanos, Kelly Loeffler y David Perdue, quienes incluso han tomado la insólita decisión de pedir en un comunicado conjunto la dimisión de secretario de Estado de Georgia. Este supervisa las elecciones, por supuestas irregularidades de las que no tienen pruebas. Se da la circunstancia, además, que ese secretario de Estado, Brad Raffensperger, es republicano. «Creemos que cuando hay errores, es necesario señalarlos, incluso cuando es en nuestro propio partido», dijeron. «La mala gestión y la falta de transparencia de la Secretaría de Estado es inaceptable», añadieron. El motivo principal parece ser que Trump es el primer republicano que pierde en Georgia desde 1992.

Lo resultados en estas elecciones son ciertamente preocupantes para los republicanos. El presidente Trump va camino de haber cosechado 75 millones de votos. Lo republicanos han ganado de momento seis escaños más en la Cámara de Representantes. Y de 35 asientos que se renovaban en el Senado, se han hecho con 20. Y aun así, peligra su control de hasta una de las dos cámaras del legislativo, porque la movilización demócrata ha sido mucho mayor. Alarmado, el influyente senador Marco Rubio ha sugerido al partido que haga un esfuerzo por incluir a más grupos minoritarios. «El futuro del Partido Republicano es una coalición de clase trabajadora multiétnica y multirracial», dijo Rubio en un vídeo.

Como explica Darell West, director de centro de estudios de gobierno del instituto Brookings, el control de Senado es crucial para decidir «el gabinete de Biden, los nombramientos de agencias y las opciones políticas en términos de aplicación de las leyes antimonopolio, política de competitividad, inversión en infraestructuras, privacidad, regulación, política fiscal y relaciones con China. A menos que uno o dos senadores republicanos se pongan del lado de los demócratas en temas particulares, un Senado de mayoría republicana probablemente bloquearía las acciones más progresistas y forzaría a Biden más al centro político en una gran cantidad de asuntos».

Algunos republicanos comienzan a asumir la victoria de Biden
Poco a poco, los senadores republicanos comienzan a romper filas con el presidente, aunque sea de forma tímida, ante la negativa de este de facilitar de ningún modo el traspaso de poderes. Dos conservadores muy influyentes en el Capitolio, Chuck Grassley de Iowa y, sobre todo, Lindsey Graham, de Carolina del Sur, admitieron ayer en distintas entrevistas, que ya va siendo hora de que la Casa Blanca le permita al equipo del demócrata Joe Biden recibir informes de inteligencia clasificados, como hizo Barack Obama con Donald Trump hace cuatro años. Graham es alguien con mucho predicamento en la Casa Blanca, y ha asesorado a Trump en todo tipo de asuntos. Hace unos días estaba recomendando al presidente que no dé su brazo a torcer y siga presentando las demandas que quiera para poder demostrar fraude. Así, el Partido Republicano, algo insólito, es hoy por hoy el mayor crítico que hay en EE.UU. con el actual sistema electoral, reforzando las denuncias del presidente. Hasta lo ha hecho el líder de ese partido en el Senado, Mitch McConnell, que acaba de ganar la reelección, como Graham, en las elecciones cuya legitimidad ahora pone en duda. El lunes, McConnell dijo que las denuncias de Trump «no son inusuales y no deben alarmar a nadie».

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