El campo indio, en pie de guerra

El campo indio, en pie de guerra

Los trabajadores de la tierra protestan contra la reforma agraria del primer ministro Modi

No es habitual que el Ministerio de Exteriores de un país que dice ser la mayor democracia del planeta critique en un comunicado un tuit que ha escrito una famosa cantante internacional. La artista estadounidense Rihanna, que tiene más de 100 millones de seguidores en Twitter, lo que equivale a casi un 10% de toda la población de India, compartió un artículo de la CNN sobre las protestas de los agricultores a las afueras de Nueva Delhi. "¿Por qué no estamos hablando de esto?", comentó Rihanna.

Horas después, otras voces populares, como la de la activista adolescente Greta Thunberg o la abogada Meena Harris, sobrina de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, siguieron el hilo de la cantante mostrando su apoyo a unas revueltas que llevan sacudiendo los principales estados del país asiático desde noviembre.

"La tentación de los hashtags y comentarios sensacionalistas de las redes sociales, especialmente cuando son recurridos por celebridades y otros, no es precisa ni responsable. Antes de apresurarnos a comentar sobre tales asuntos, instamos a que se averigüen los hechos", respondió el Ministerio de Exteriores de la India. Después de este comunicado, en las calles de Nueva Delhi, hubo una contramanifestación para protestar por los comentarios de estos famosos. Incluso quemaron varios retratos de Greta Thunberg.

Si alguien se interesa por la situación actual de la segunda nación más poblada del mundo, descubrirá que se encuentra en plena campaña de vacunación masiva contra un coronavirus que ya ha dejado casi 11 millones de contagios y 156.000 muertos. La campaña va a buen ritmo: en 13 días han vacunado a tres millones de ciudadanos. Ningún otro país, en ese margen de tiempo, ha vacunado a tanta gente.

Pero la noticia en India, incluso más que las vacunas, son las Bharat Bandh. En el contexto actual se traducen como huelgas generales protagonizadas por los que trabajan la tierra, que han montado una revolución por una serie de leyes agrícolas que consideran una estacada para su supervivencia. Por ello, India lleva más de tres meses con escenas diarias de contenedores y montañas de neumáticos ardiendo, autovías cortadas por barricadas de tractores, trenes bloqueados por torres de ladrillos en las vías e improvisados campamentos a las afueras de Nueva Delhi, donde se han asentado miles de agricultores de todo el país. Allí, han levantado incluso aldeas de la nada fabricando casetas de obras con cocinas, tiendas y hasta bibliotecas.

Todos ellos tienen claro su propósito: tumbar tres leyes agrícolas aprobadas en septiembre por el Gobierno del primer ministro, Narendra Modi. Según las nuevas reformas, se acabaría la venta de las cosechas de los campesinos en mercados mayoristas regulados por las autoridades. Ahora, los grandes comerciantes podrán adquirir productos directamente a los agricultores, fijando ellos los precios y no el Estado.

Para los políticos que mandan en Delhi, las nuevas reglas permiten a los agricultores vender sus productos a cualquier persona por cualquier precio, lo que les da más libertad para vender directamente a los compradores y o a otros estados. Los agricultores argumentan que estas leyes facilitarán que las corporaciones exploten a los trabajadores y ayudarían a las grandes empresas a bajar los precios.

Distintos puntos de vista, pero el favor popular lo ha ganado el sector agrícola, que emplea a más de la mitad de una población de 1.300 millones de personas y cuya actividad sustenta el 18% de todo el PIB del país. Por ello, estas protestas son un problema fundamental para el Gobierno de Modi, sobre todo porque los que están manifestándose representan un 58% del electorado.

Después de más de 30 reuniones entre el Gobierno y los representantes de los sindicatos de agricultores, no han llegado a ningún acuerdo. Tuvo que ser la Corte Suprema de India la que hace tres semanas emitiera una orden para suspender las tres polémicas leyes agrícolas mientras se formaba un comité de mediación para que ambas partes llegaran a un acuerdo. Aunque los agricultores se han negado a que haya mediadores nombrados por un tribunal que no consideran neutral.

Mientras, las protestas siguen a diario. Hace dos semanas, el Gobierno indio dio un paso más bloqueando el acceso a Internet en los distritos a las afueras de Nueva Delhi, donde tienen su base los agricultores. "Los políticos no quieren que se vean nuestras protestas pacíficas. En sus canales sólo publican imágenes de fuego y destrucción. El Gobierno ha bloqueado Internet. Una democracia no hace estas cosas. Ahora van a por los medios de comunicación que informan con libertad. Son medidas muy antidemocráticas", cuenta a este periódico a través de un comunicado Darshan Pal, líder de Samyukta Kisan Morcha, uno de los sindicatos agrícolas más grandes de la India.

Según informan los medios locales, la policía de los estados de Haryana y Uttar Pradesh ha detenido a algunos periodistas que cubrían las protestas y las autoridades siguen bloqueando Internet durante varias horas al día.

"No van a conseguir silenciarnos. Los diferentes grupos y sindicatos, que normalmente estamos enfrentados por competencias y territorios, ahora nos hemos unido para hacer de esto una lucha colectiva", asegura Darshan. Según su sindicato, al menos 147 agricultores habrían muerto durante el transcurso de las protestas por una variedad de causas, que incluyen el suicidio, accidentes de tráfico y enfrentamientos con la policía durante las manifestaciones. Las autoridades no han dado una cifra oficial de muertes.

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