¿El acuerdo EFTA-Mercosur generará asimetrías y neocolonialismo?

¿El acuerdo EFTA-Mercosur generará asimetrías y neocolonialismo?

El acuerdo comercial entre Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) es una atractiva promesa para Suiza, pero podría ser también una fuente de asimetrías comerciales y prácticas neocolonialistas en el bloque sudamericano, según expertos académicos de Mercosur.

Concluido en 2019, el tratado de libre comercio (TLC) entre EFTA (Suiza, Islandia, Noruega, Liechtenstein) y Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) aún carece de ratificación por el impasse causado por la pandemia.

Hace un par de años, el hoy presidente suizo Guy Parmelin lo calificó como un hito y una oportunidad inigualable para los exportadores suizos que requieren un marco fiable para operar en los turbulentos mercados mundiales actuales.

Pero el acuerdo tiene muchas zonas grises. A Mercosur le inquieta que su contenido sea desconocido. En Suiza, podría ser objeto de un referéndum.

Suiza y el acuerdo con Mercosur

EFTA y Mercosur concluyeron un acuerdo de libre comercioEnlace externo en agosto de 2019, tras dos años y 10 rondas de negociaciones.

Para Suiza, Islandia, Noruega y Liechtenstein, Mercosur es un atractivo mercado de 260 millones de consumidores.

Para Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, EFTA supone un mercado de 14 millones de personas con un elevado poder adquisitivo.

Dentro de la EFTA, Suiza concentra el 80% de las exportaciones hacia Mercosur y el 68% de las importaciones provenientes de esta zona.

Menos asimetrías y más inclusión
La información oficial sobre el acuerdo EFTA-Mercosur es escuetaEnlace externo. “Existe un cronograma de concesiones para el acceso de mercancías que representan el 97% del comercio bilateral (incluyendo servicios, inversiones, derechos de propiedad intelectual, entre otros) y sigue los estándares del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea (UE)”, según un informeEnlace externo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“Hay que decirlo claramente: el principal problema del TLC entre EFTA y Mercosur es que no tenemos acceso a los textos. Se negoció en secrecía bajo el argumento de que son temas sensibles para las naciones. Pero justamente por ello, es grave que la sociedad civil no sepa a qué se están comprometiendo sus gobiernos”, denuncia Luciana Ghiotto.

La experta e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, no obstante, anticipa compromisos parecidos a los que Mercosur pactó con la UE. “Y la experiencia histórica ha demostrado que los acuerdos entre EFTA y otros países son asimétricos”, añade.

Elisabeth Bürgi Bonanomi,Enlace externo investigadora del Centro para el Desarrollo y el Medioambiente (CDE) de la Universidad de Berna, coincide en la necesidad de negociaciones más inclusivas. “Es relevante integrar a estos procesos la voz y visión de distintos actores, y ofrecer siempre reportes de sostenibilidad, e impactos social y medioambiental”.

“En Suiza, tras un par de años de confidencialidad, el proceso se abre y se aclara. El Parlamento presiona para abrir espacios que integren la opinión de la gente antes de que el acuerdo entre en vigor. Sería altamente factible que el TLC con Mercosur sea sometido a referéndum, lo que no sucederá en los otros países involucrados”, dice.

Un naciente neocolonialismo
Brasil también desconfía. “Es posible que EFTA se interese por el etanol para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, pero esto es un desastre para Brasil porque incentiva la producción de materias primas y promueve la desindustrialización”, dice Silvio Porto, catedrático de la Universidad Federal de Reconcavo de Bahía.

El exdirector de Conab, organismo público que realiza análisis estratégicos para la toma de decisiones del gobierno brasileño en temas agrícolas, añade: “Este TLC fortalece el neocolonialismo. El 80% de las granjas agrícolas brasileñas son familiares, pero tienen solo el 24% de las tierras cultivables del país. Y el 1% de las fincas agrícolas posee más de mil hectáreas, concentrando la mitad de las zonas de cultivo del país. El acuerdo solo acrecentará esta brecha”.

Elisabeth Bürgi coincide en que, si Brasil intentara exportar a Suiza artículos procesados, como café tostado o chocolate con leche, sería difícil porque están muy protegidos vía el cobro de tarifas altas.

Pero refiere también la importancia de las políticas internas. “En la administración de Lula Da Silva se hizo lo necesario para que coexistieran grandes y pequeños productores agrícolas. Había mercado para ambos, se reconocía la importancia de las empresas familiares y el medioambiente (dual farming system). Esto cambió con el presidente Bolsonaro, más interesado en la agroindustria”.

Impacto medioambiental
Así, Suiza podrá exportar más quesos, café tostado y chocolate. Mercosur, más carne de res, pollo, puerco, soja, trigo y aceite. Esto podría incrementar en un 15% la emisión de gases contaminantes, según la organización internacional GrainEnlace externo.

La Secretaría de Estado de Economía (Seco) y Agroscope son más optimistas. Según su análisis de impacto medioambientalEnlace externo (2020), “el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de este acuerdo sería del 0,1% en Suiza, del 0,02% en los países de Mercosur y del 0,0004% a nivel mundial”.

La investigación ¿Qué pueden aprender los acuerdos UE/EFTA-Mercosur del acuerdo con Indonesia?Enlace externo, publicada por Elisabeth Bürgi y Theresa Tribaldos, explica que “la producción de carne, soja y otros productos agrícolas siempre se asocia con preocupaciones en materia de sostenibilidad”.

Por ello, saluda que EFTA y Mercosur hayan integrado un capítulo de sustentabilidad en el acuerdo. Pero reconoce que no hay aranceles diferenciados para productos sustentables y no sustentables, y que la efectividad del capitulo será limitada porque no hay sanciones si se violan los acuerdos.

Los perdedores
Los campesinos suizos temen que sus cárnicos no puedan competir con los sudamericanos porque sus costos de producción y estándares de calidad son más altos.

Bürgi considera que se verá esencialmente una importación de cárnicos de alta gama desde Mercosur.

Gabriel de Raedemaeker, vicepresidente de las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), coincide: “Ni Suiza ni Europa deben preocuparse por Argentina, productor intensivo de cárnicos, porque las condiciones impositivas y cambiarias de casa son tan adversas que nos hacen difícil competir en el exterior”.

Pero los productores agrícolas suizos no son los únicos inquietos.

“Las comunidades locales e indígenas de Brasil están siendo expulsadas de sus tierras y jamás fueron consultadas durante las negociaciones”, afirma Silvio Porto.

Producir más soja y ganado en Argentina, Brasil y Paraguay afecta a las poblaciones indígenas, confirma Caroline Dommen en un estudio Enlace externopublicado por Alliance Sud. “La concentración, apropiación y expropiación de tierras se ha generalizado en casi todos países del Mercosur”, añade.

Imperfectos, pero necesarios
La coyuntura actual de Mercosur es desafiante. Arrastra años de debilidad económica y la derecha brasileña del presidente Jair Bolsonaro se enfrenta al peronismo argentino de Alberto Fernández.

Brasil es, por mucho, el líder de la zona: concentra el 78% del intercambio comercial con EFTA, seguido por Argentina (20%) y dejando lejos a la mancuerna Uruguay-Paraguay (3%).

“En 1990, el mundo tenía solo 30 acuerdos comerciales preferenciales negociados a través del GATT. Hoy, hay más de 300 y los países que no son parte de ellos pierden el acceso preferencial a otros mercados”, coinciden Nicolás Pose y Gerardo Caetano, investigadores especializados en comercio y docentes en la Universidad de la República de Uruguay.

Añaden que el acuerdo con EFTA envía una señal clara de que existe una agenda común a nivel del bloque y ayuda a romper la parálisis que ha generado la pandemia.

“Frecuentemente hay rispidez al interior de Mercosur, pero ningún gobierno, sin importar su orientación, ha planteado seriamente desaparecer Mercosur porque es importante para todos”, refieren.

El TLC entre la UE y Mercosur –faro guía del acuerdo con EFTA-Mercosur– está estancado. Bruselas desconfía del gobierno de Brasil y Francia exige nuevas garantías para la protección de la Amazonia y normas agroalimentarias y fitosanitarias.

Una parálisis que ha contagiado al acuerdo EFTA-Mercosur que no ha sido siquiera publicado ni ratificado por los ocho parlamentos correspondientes.

Por ello, y “dado los tiempos que requieren todos estos procesos, yo no vería este acuerdo operando antes del año 2023”, puntualiza Elisabeth Bürgi.

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