EE.UU. y Argentina se disputan la presidencia del BID en un mano a mano desigual

EE.UU. y Argentina se disputan la presidencia del BID en un mano a mano desigual

Es la primera vez que Washington propone a un candidato para conducir el Banco Interamericano de Desarrollo. Buenos Aires, con pocas chances de triunfar, hace todo lo posible por frustrar la votación y seguir con posibilidades de negociar.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) confirmó que entre el 12 y 13 de septiembre se votará al próximo presidente de la entidad, cuyo mandato tendrá una duración de cinco años, período en el cual muchos países de América Latina intentarán recuperarse de la fuerte crisis económica que trajo la pandemia del coronavirus. De esta forma, se dará por terminada la gestión del colombiano Luis Alberto Moreno, luego de tres períodos seguidos.

Pero, ¿por qué es tan importante? Y, ¿quiénes son los candidatos principales? De momento, EE.UU. y Argentina se están disputando la dirección del organismo financiero, pero la carrera hacia la elección es muy desigual desde el punto de largada.

Fuerte presencia de EE.UU. en la banca internacional
Por primera vez en la historia del organismo, la Casa Blanca intentará colocar a un político estadounidense para comandar la entidad, cortando con una histórica tradición: el BID, localizado en Washington, siempre fue liderado por un latino. En efecto, aunque no sea excluyente, esta lógica se desarrollaba para equilibrar los intereses de la región frente a otras naciones de gran influencia, que también conforman el banco.

Actualmente, EE.UU. tiene mucha presencia en otros organismos de crédito, siendo una herramienta importante para naciones menos desarrolladas, hoy urgidas en deudas y compromisos financieros. De hecho, el país norteamericano es uno de los actores principales del Fondo Monetario Internacional (FMI) —Argentina no hubiera conseguido el préstamo de 45.000 millones de dólares sin el apoyo de Donald Trump— y el presidente del Banco Mundial es un político del Partido Republicano: el economista David Malpass, escogido el año pasado.

Con ese marco, si EE.UU. logra presidir también el BID, surgen algunos interrogantes: ¿funcionará como una entidad destinada a apoyar proyectos de desarrollo o será una herramienta para presionar a las naciones latinas y alinearlas a la política exterior de Washington? Dicho de un modo más simple: ¿el BID le aprobaría un crédito a un Gobierno que no diga públicamente que la administración de Nicolás Maduro es una dictadura? ¿O se trata, simplemente, de un intento por frenar la influencia de China en la región?

El candidato de Donald Trump
El elegido para ser postulante es Mauricio Claver Carone, actual asesor de Seguridad Nacional para América Latina. Se trata de un dirigente que ya se desempeñó en el Tesoro estadounidense e incluso en el FMI. Es abogado, nacido en Miami e hijo de madre cubana y padre español.

Este defensor del Grupo de Lima es conocido por su oposición férrea a las administraciones de Cuba y Venezuela: "Hemos mandado un mensaje muy poderoso al mundo, de que no es un modelo para seguir. Hay seriedad en el propósito, esas dictaduras deben terminar", sostuvo recientemente en una actividad virtual del Consejo Chileno para las Relaciones Internacionales (CCRI). En esa oportunidad, incluso insinuó que la reciente revuelta social de Chile había sido incentivada desde esos territorios con Gobiernos de izquierda, destacando "el peligro de crear inestabilidad en los países vecinos".

Sobre su candidatura, dijo que "no se lanzó como iniciativa del presidente Trump", sino que "se lanzó a petición de varios presidentes de Latinoamérica". También adelantó que piensa en un solo mandato, y no apostaría por la continuidad. Como premisa, prometió dinamizar el organismo: "Por cada dólar que presta el BID, se movilizan 30 centavos del sector privado. Por cada dólar que presta el Banco Mundial, se moviliza 1,50. La Corporación Internacional de Finanzas para el Desarrollo de EE.UU. [DFC, por sus siglas en inglés], moviliza casi cuatro dólares. Tenemos una gran oportunidad".

Ante las críticas recibidas desde el progresismo latinoamericano, se defendió: "Si sale mal, es un factor de reputación muy malo para EE.UU. Hay muchos más riesgos para nosotros que para la región". De hecho, Carone señala que su posible arribo al BID podría abrir la puerta a que otras naciones de Europa compitan por la dirección del Banco Mundial.

Por otro lado, el político negó que su candidatura esté relacionada a la guerra comercial con el 'Gigante Asiático', cada vez más presente en Latinoamérica, y remarcó que no exigiría ningún tipo de lealtad comercial en caso de ganar: "Nunca hemos querido imponerle a ningún país de la región cómo deben ser sus relaciones con China". E insistió: "EE.UU. sigue siendo el inversor más grande en el hemisferio occidental, de América Latina y el Caribe, con más de un trillón de dólares. Se habla mucho de China, pero esa inversión es de 100.000 millones. Los medios dicen que es el principal inversor en la región, pero no es verdad. El 60 % de esa inversión fue a Venezuela, y no ha sido particularmente bueno".

Sin embargo, el principal interrogante sobre la postulación de Carone surge puertas adentro de EE.UU.: en noviembre hay elecciones presidenciales y, ante un posible cambio de administración en la Casa Blanca, muchos creen que es demasiado pronto para que Washington proponga a un candidato para el BID. No obstante, el aspirante afirma haber forjado alianzas con republicanos y demócratas, sosteniendo que no habría cortocircuitos con el próximo mandatario en caso de que Trump deje la Presidencia.

Así, Carone ya tiene un posible lema de campaña: "La integración norte a sur".

El elegido de Alberto Fernández
Argentina, país donde se produjo el histórico 'no al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)' en 2005, ya había propuesto a un postulante propio para el BID antes que EE.UU. Si bien todavía no se realizó la presentación oficial, la Cancillería albiceleste le confirma a RT que la intención de presentar a su candidato se mantiene firme, aunque vencer al representante norteamericano sea difícil, o prácticamente imposible. "Hay optimismo, pero con cautela", dicen desde el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El elegido por el Gobierno del peronista Alberto Fernández es Gustavo Béliz, actual secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia. Se trata de un abogado de bajo perfil, pero con una importante trayectoria en el Partido Justicialista (PJ): supo ser ministro de los presidentes Carlos Menem y Néstor Kirchner. Además, entre 2003 y 2015 trabajó en el BID, residiendo en Washington: "Es bien visto en EE.UU.", le aclaran a este medio.

El complicado presente argentino ya es bastante conocido: tapado por deudas, su futuro inmediato depende del difícil acuerdo con los acreedores que, ante un eventual conflicto, resolverían la disputa económica en tribunales de Nueva York. Como si fuera poco, la administración de Fernández se plantea volver a negociar el pago de sus compromisos con el FMI, donde EE.UU. también tiene mucha incidencia a la hora de tomar definiciones. Y los préstamos siguen: el último financiamiento aprobado fue del propio BID, por 570 millones de dólares, para combatir la pandemia.

Entonces, ¿es un buen momento para competir con la principal potencia del mundo? ¿Argentina podrá cargarse al hombro esta 'pelea soberanista' en soledad? "No es tiempo de definiciones, se prioriza el tema de la deuda", contestan desde el Ministerio.

Así está el escenario
Para ser elegido presidente del BID, se requiere la mayoría absoluta del poder de sufragio. El país con mayor capacidad de voto es EE.UU. (30 %), seguido por Argentina y Brasil (11,35 % cada uno), México (7,29 %), Japón (5 %), Canadá (4 %), Venezuela (3,4 %), Colombia y Chile (ambos con 3,11 %). El resto, tiene porcentajes menores. También se necesita la mayoría absoluta de los 28 países americanos, y el quórum para realizar la votación.

De momento, la balanza está inclinada hacia el norte del continente americano. Países como Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Uruguay ya expresaron su apoyo a Carone. Ningún Estado hizo lo mismo con Béliz, al menos de forma pública. Es que, más allá de buenas intenciones, Argentina no tiene mucho para ofrecer a sus vecinos, mayoritariamente afines a Washington. Igualmente, desde Buenos Aires intentan convencer a Perú, para que cambie su enfoque hacia el sur. En cuanto a México, hay dudas sobre su posicionamiento, a pesar de que en diciembre muchos soñaban con una posible alianza estratégica entre Fernández y Andrés Manuel López Obrador.

Con ese panorama, desde la Cancillería peronista le afirman a RT que la estrategia oficial sigue siendo tratar de evitar el quórum, o la mayoría absoluta de los votos. La única chance para malograr que EE.UU. dirija el BID es intentar frustrar una votación muy adversa, o retrasarla todo el tiempo que sea posible, para mejorar la posición argentina y, recién ahí, invitar a Washington a negociar una alternativa.

En ese marco, la buena noticia para Buenos Aires llegó desde la Unión Europea (UE): el alto representante para la Política Exterior y Seguridad Común, Josep Borrell, solicitó a los países del organismo, con participación en el BID, que se postergue la votación. De esta forma, se quiere preservar una vieja costumbre financiera: que el FMI siga liderado por un europeo, el Banco Mundial por un estadounidense y el BID por un latino. Además, el contexto de pandemia y las elecciones en EE.UU. serían motivos suficientes, según Borrell. Así, las naciones europeas con mayor peso en el BID son España e Italia (1,96 % cada uno), Alemania y Francia (ambos con 1,89 %) y el Reino Unido (0,96 %).

Argentina tiene un escenario difícil, pero en Relaciones Exteriores dicen que no todo está perdido. Y soñar, no cuesta nada. Por ahora, es David contra Goliat.

Leandro Lutzky

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