EE.UU. retira tropas pese a la división interna en Kabul y la desconfianza en los talibanes

EE.UU. retira tropas pese a la división interna en Kabul y la desconfianza en los talibanes

EE.UU. retira tropas pese a la división interna en Kabul y la desconfianza en los talibanes

Los republicanos hicieron burla y escarnio del fin de la guerra de Irak que decretó el presidente Barack Obama. Los mismos republicanos, incluso los más fieles a la Casa Blanca, también se han atrevido a criticar al presidente Donald Trump por la solución al conflicto afgano. Más que una solución, es un auténtico lío.

Los estadounidenses ya se han acostumbrado, después de las experiencia bélicas de las últimas cinco décadas, a que sus soldados regresen a su hogar con la máxima discreción, sin ningún tipo de acto público de reconocimiento.

Este 10 de marzo, el ejército de Estados Unidos inició el proceso de retirada de tropas en cumplimiento del pacto firmado con los talibanes el pasado 29 de febrero.

Sonny Leggett, portavoz militar de EE.UU., emitió un comunicado este martes en el que indicó que se había empezado a dar cumplimiento a la condición de reducir las tropas a 8.600 uniformados en un periodo de 135 días.

El despliegue en Afganistán incluía hasta ahora algo más de 13.000 soldados. De estos, unos 8.000 están destinados al entrenamiento y asesoramiento de las fuerzas nacionales de seguridad afganas. Otros 5.000 se dedicaban a las operaciones anti terroristas y de apoyo al ejército local siempre que se les requiriese.

Washington puso énfasis en la circunstancia de que el acuerdo, del que quedó excluido el Gobierno internacionalmente reconocido de Ashraf Gani, suponía un esfuerzo por terminar la guerra inacabable, de cerca de 19 años.

“Al aceptar la demanda talibán de excluir al Ejecutivo afgano, la Administración Trump traiciona a nuestro aliado y eleva a los talibanes como nuestros iguales”, sostiene el analista Bruce Riedel. Esta exclusión, bajo su criterio, es la principal deficiencia del acuerdo. Sucede, sin embargo, que la segunda condición del pacto es que se inicien conversaciones internas entre todas las facciones, incluidos los talibanes, para negociar un mapa del futuro político. Pero el asunto se complica porque, pasados cinco meses de las elecciones, Gani y su opositor, Abdullah Abdullah, juraron los dos este lunes como presidentes en ceremonias separadas. Esto ha situado las conversaciones en situación de caos, a pesar de que Gani nombró un equipo negociador y prometió un decreto para liberar los 5.000 prisioneros talibanes, una de las prerrogativas básicas del acuerdo, a la que se había opuesto.

“Damos la bienvenida al anuncio del presidente Gani sobre la liberación de los presos talibanes”, dijo este lunes Mike Pompeo, secretario de Estado. Otras voces conservadoras expresaron su repulsa. “Comparto la preocupación del presidente Gani respecto a dejar salir a 5.000 terroristas entrenados”, afirmó el legislador republicano Joe Wilson, miembro de los comités de Servicios Armados y de Asuntos Exteriores. “Es simplemente peligroso e irresponsable, así que no estoy a favor del pacto”, recalcó.

Otra congresista proclive a Trump, Liz Cheney, también expresó su desconfianza por los mecanismo de verificación de las promesas talibanes, como romper con Al Qaeda, frenar los ataques o no proteger a terroristas. “Las decisiones sobre el nivel de tropas en Afganistán –insistió– se han de tomar en base a nuestros intereses de seguridad y no en promesas vacías de los talibanes y en un acuerdo que no cuenta con métodos de certificación”.

El presidente Trump no descarta que los talibanes se hagan de nuevo con el poder y controlen al ejército afgano. Eso trae malos recuerdos. “No se pude confiar en los talibanes. Su doctrina es irreconciliable con la modernidad y los derechos de las mujeres”, señaló John Allen, jefe de las tropas aliadas en Afganistán entre el 2011 y el 2013.

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