Ecuador entierra el Alba, tras cerrar Unasur y salir de TeleSur

Ecuador entierra el Alba, tras cerrar Unasur y salir de TeleSur

El socio más periférico es el que da la puntilla al declive del sistema internacional chavista

Probablemente Lenín Moreno tenía previsto un distanciamiento progresivo de Venezuela y de la internacional bolivariana, pero la grave crisis humanitaria provocada por Nicolás Maduro y la extrema represión de Daniel Ortega en Nicaragua le han llevado a acelerar la ruptura de todo vínculo ideológico con los regímenes que gobiernan esos países.

El pasado jueves, el titular de Asuntos Exteriores ecuatoriano, José Valencia, anunció la salida de Ecuador del Alba, organización en la que ingresó en 2009 de manos del presidente Rafael Correa, y de la que forman parte Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y algunas pequeñas islas el Caribe.

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, creada por Hugo Chávez y Fidel Castro en 2004, decía querer promover un comercio justo entre las naciones asociadas, pero nunca funcionó como alianza económica, sino como un frente político.

El Alba ha sido la plataforma internacional del llamado Socialismo del Siglo XXI. La baja de Ecuador es la evidencia de que ese proyecto ha entrado en un proceso de encogimiento y declive. Es curioso que haya sido Ecuador, el país más periférico en la hermandad bolivariana -Chávez tuvo siempre una relación más estrecha con los líderes de Cuba, Bolivia y Nicaragua-, el que esté dando el estoque al sistema internacional trenzado por Chávez (Honduras participó en el Alba, pero por poco tiempo).

Moreno, que comenzó actuando con cierto sigilo para evitar el rechazo de los cuadros de su partido, que se definen de izquierdas y cuyo corazón siempre ha estado cerca de la Caracas chavista, ha podido acelerar ese distanciamiento –que a la vez es un distanciamiento político de Correa– gracias al colapso de la situación en Venezuela y el Nicaragua.

Cuestionamiento del Alba

Cuando Moreno llegó a la presidencia de Ecuador en mayo de 2017, estuvieron vigentes por poco tiempo los planteamientos heredados de Correa, quien precisamente designó candidato a Moreno para mantener viva su Revolución Ciudadana mientras él tenía que estar fuera del poder durante un tiempo por no poder optar a otra reelección consecutiva.

Aunque Moreno renovó el cargo a la canciller María Fernanda Espinosa, de excelentes relaciones con el chavismo, poco después comenzaron a apreciarse algunos cambios de matiz. Espinosa se saltó alguna reunión del Alba, y esa organización fue ya apenas mencionada en la Agenda de Política Exterior 2017-2021, publicada en enero de 2018. Moreno comenzó también a corregir el argumento de que la crisis de Venezuela era un asunto interno de ese país.

Salida de TeleSur

En marzo de este año, Ecuador dejó de financiar TeleSur, el canal internacional de televisión puesto en marcha por Venezuela, y al que además de los países del Alba contribuían también Uruguay y Argentina (este último país abandonó el canal en marzo de 2016, tras llegar a la presidencia argentina Mauricio Macri).

En medio de recortes presupuestarios (Correa se había negado a aplicar las tijeras a pesar de las dificultades financieras del país tras la caída de los precios del petróleo), el Gobierno adujo la necesidad de ahorro para dejar de contribuir los 2 millones de dólares que anualmente aportaba a TeleSur.

Ante las cada vez más complicadas relaciones entre Moreno y Espinosa, la canciller comenzó a buscarse una salida y el 5 de junio logró ser nombrada presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas (tuvo el apoyo de los países bolivarianos, frente a la candidata de Honduras). Unos días después, Moreno designó canciller a José Valencia, un diplomático de carrera.

Quedarse con la sede de Unasur

En julio, Moreno dio otro paso, que podría ser la puntilla a Unasur, la organización Unión de Naciones Suramericanas. La entidad echó a andar en 2011, impulsada por el Brasil de Lula, la Venezuela de Chávez y la Argentina de los Kirchner; a ella se sumó el resto de naciones del subcontinente. Correa hizo construir una sede en Quito y la regaló a la organización para que tuviera allí sus oficinas centrales.

El pasado mes de marzo seis de los doce países de Unasur (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay) anunciaron su intención de abandonar la organización si Venezuela y Bolivia persistían en bloquear ese foro en el que ahora están en minoría.

Dado que no parece que haya una solución –la institución se ha quedado sin secretario general y la sede permanece cerrada–, Moreno solicitó en julio la devolución del edificio, para destinarlo a estudios universitarios sobre indigenismo.

 

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