Economistas advierten que calma cambiaria sigue siendo frágil en Argentina

Economistas advierten que calma cambiaria sigue siendo frágil en Argentina

Uno de los factores que pone en duda el camino hacia una mayor austeridad fiscal es la evolución de la pandemia.

La tregua cambiaria se mantiene en Argentina. Luego del salto en la cotización de los dólares paralelos entre abril y octubre del año pasado, el gobierno de Alberto Fernández logró descomprimir las expectativas de devaluación en los últimos tres meses. El anuncio de una reducción más acelerada del déficit fiscal en el marco de las negociaciones en marcha con el Fondo Monetario Internacional (FMI), sumado a la fuerte alza del precio internacional de la soja, le quitó impulso a la demanda por el dólar. Sin embargo, economistas advierten que esa calma continúa siendo frágil y su continuidad está atada a que finalmente se concrete el giro en el rumbo económico esbozado por el gobierno a fines de octubre.

“Después de cinco meses de corrida cambiaria, hubo un giro del gobierno con el foco en bajar el déficit fiscal y, con eso, los niveles de emisión monetaria. A eso se sumó un cambio de estrategia en los mercados paralelos del dólar con la intervención mediante la venta de bonos en poder de organismos públicos.

Se logró frenar la corrida, pero éste es un año de elecciones parlamentarias de medio término y eso genera una gran incógnita. Ya en diciembre se notó que el giro a la ortodoxia empezó a ponerse en duda ante la irrupción del sector político del gobierno que está dando señales de postergación del ajuste”, dijo a El País el economista Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Ecolatina, en Buenos Aires.

Sin ahorro fiscal ni acceso a los mercados de deuda, el gobierno de Alberto Fernández financió en 2020 las medidas de emergencia dispuestas para moderar los efectos de la pandemia con una extraordinaria emisión de pesos por parte del Banco Central.

El déficit fiscal primario, que pasó del 0,5% del PIB en 2019 a más del 7% el año pasado, fue cubierto casi en su totalidad por emisión monetaria. Esa abundancia de pesos, en un contexto de escasas reservas en el Banco Central, aceleró las expectativas de devaluación y dio impulso a la cotización de los dólares financieros -aquellos que escapan al control de cambios-, que saltaron un 110% a lo largo de 2020.

Para frenar esa dinámica, el ministro de Economía, Martín Guzmán, ha ido dando señales de una aceleración en la corrección fiscal. De acuerdo al Presupuesto, este año el déficit debería caer al 4,5% del PIB. Sin embargo, tras una reunión celebrada a comienzos de noviembre con la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) -entidad que nuclea a los principales hombres de negocios del país-, el ministro había dejado trascender que la reducción del déficit fiscal podría ser mayor hasta quedar por debajo del 4% del PIB. No obstante, ese giro está ahora en duda. Uno de los principales recortes del gasto previstos en el Presupuesto debería provenir del descongelamiento de las tarifas de los servicios públicos.

El objetivo es mantener este año el mismo nivel de subsidios económicos registrado en 2020, en torno al 2,6% del PIB. Para eso, las tarifas de electricidad, gas y agua, entre otros servicios, debían registrar incrementos por encima de la inflación, prevista en el 29%.

Sin embargo, tras un discurso de la vicepresidenta Cristina Fernández a mediados de diciembre en el que pidió alinear la evolución de los salarios y jubilaciones con las tarifas y los precios de los alimentos, el incremento de los servicios públicos se pospuso.

“El aumento no solo pasó de enero a marzo, sino que trascendió que sería de apenas un dígito. Si el aumento de las tarifas de servicios es del 9%, el monto de los subsidios seguirá creciendo este año. Hay un balance muy finito que parece inclinarse hacia un sesgo de más déficit y más emisión, lo que volvería mucho más inestable a una economía a la que le sobran pesos”, dijo Sigaut Gravina.

Otro de los factores que pone en duda el camino hacia una mayor austeridad fiscal es la evolución de la pandemia. Buena parte de la poda del gasto prevista para este año está basada en que las partidas de asistencia destinadas en 2020 al auxilio de empresas y familias durante la cuarentena no fueron incluidas en el Presupuesto.

No obstante, el aumento de los contagios en las últimas semanas y el probable retorno de las restricciones sanitarias podrían hacer que el llamado Gasto Covid vuelva a tomar fuerza este año. De hecho, el gobierno analiza lanzar una versión acotada del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y extender las ayudas salariales a sectores aún afectados por la pandemia, como el turístico.

Demanda estacional de pesos por fiestas.
Esas dificultades para recortar el gasto no solo podrían tensar las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para reprogramar los U$S 44.000 millones otorgados por el organismo al país entre 2018 y 2019, sino que obligaría al gobierno a volver a financiarse con más emisión monetaria, lo que podría dar un nuevo impulso al dólar.

A ese panorama se le suma un factor estacional que dejará de jugar a favor en las próximas semanas. En diciembre y enero hay en Argentina una demanda estacional de pesos dado que aumenta la necesidad de empresas y organismos públicos para cumplir con el pago del aguinaldo, las fiestas y las vacaciones.

“La demanda estacional de dinero le dio un respiro al mercado, pero ese factor empezará a menguar desde fines de este mes. No hay margen para repetir la experiencia del 2020 con niveles muy elevados de emisión monetaria. Si el gobierno tira otra vez de la cuerda, no creo que permanezca tranquilo el mercado cambiario a partir de febrero”, dijo a El País el economista Ramiro Castiñeira, economista jefe de la consultora Econométrica, en Buenos Aires.

Negociación con el FMI. El viernes, el mercado financiero de Argentina mostró disparidad de tendencia ante un preocupante desinterés inversor por las dudas que genera el futuro inmediato de la economía doméstica y el aumento de casos de COVID-19 en línea a los temores globales.

Las negociaciones con el FMI por un plan de facilidades extendidas centra la atención local, mientras que en el contexto externo la esperanza de un impulso fiscal brindado por un plan de estímulo en Estados Unidos fue opacado por temores de aumentos de impuestos.

Se tiene un futuro inmediato “incierto, volátil y difícil (…) No es solo confianza, sino credibilidad en el manejo de la situación”, dijo el economista Claudio Zuchovicky.

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