Duque se pliega al candidato de Trump en el BID pese a la presión regional

Duque se pliega al candidato de Trump en el BID pese a la presión regional

Colombia reafirma su respaldo al estadounidense Mauricio Claver-Carone e ignora el frente de resistencia liderado por Argentina, México, Chile y Costa Rica, y el apoyo externo de la UE.

El Gobierno de Colombia fue el primero en tomar partido y sigue sin dar su brazo a torcer. A pesar de las resistencias de otros países de la región, el presidente Iván Duque no muestra fisuras en su respaldo a Mauricio Claver-Carone, el candidato de Estados Unidos a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que ha dividido a las diplomacias latinoamericanas. En la partida, Bogotá se juega su condición de socio privilegiado de la Administración de Donald Trump, a pesar del riesgo de quedar a contrapié ante una eventual —y no tan lejana, a la luz de los sondeos— derrota del republicano en los comicios de noviembre que implique un cambio de inquilino en la Casa Blanca.

La semana pasada, mientras una veintena de expresidentes —americanos, europeos y asiáticos— se sumaban a los crecientes pedidos por aplazar la elección del BID, prevista para el próximo 12 de septiembre, el mandatario colombiano reafirmaba su apoyo durante la visita de una delegación de funcionarios norteamericanos que incluía al propio Claver-Carone, uno de los hombres fuertes del republicano para América Latina y primer estadounidense postulado para dirigir el BID, rompiendo el acuerdo tácito para que ese puesto quede reservado para un latinoamericano. Desde 1959, el organismo solo ha tenido cuatro presidentes: el chileno Felipe Herrera (1960-1970), el mexicano Antonio Ortiz Mena (1970-1988), el uruguayo Enrique Iglesias (1988-2005) y el colombiano Luis Alberto Moreno (que termina ahora su mandato tras 15 años al frente del multilateral).

Duque ha justificado su respaldo en la reciprocidad: Washington históricamente ha apoyado a Colombia en los organismos internacionales, incluida la aspiración de Moreno en su día. “También hay una agenda clara que ustedes han presentado, y es la de poder dinamizar en los próximos años una recuperación de las economías de América Latina que se han visto afectadas por esta pandemia”, sostuvo durante una declaración conjunta con el asesor de Seguridad Nacional estadounidense, Robert O’Brien, y el jefe del Comando Sur, el almirante Craig Faller, al escenificar la estrecha relación entre Bogotá y Washington.

Ante la estrategia de la Unión Europea, Argentina, Chile, México o Costa Rica para aplazar la votación del BID hasta marzo, Colombia se mantiene en la orilla que fijó desde hace más de un mes, cuando acogió “con beneplácito” la postulación de Claver-Carone. Bogotá también rechazó hace una semana, junto a otros 16 países, la posibilidad de posponer la elección. “Nuestros pueblos necesitan soluciones que no se pueden postergar”, esgrimía la declaración difundida por la cancillería colombiana, y suscrita también por Bahamas, Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Surinam y Venezuela –representada por un delegado de Juan Guaidó–, además de EE UU. No firmaron Perú y Uruguay, dos países tradicionalmente alineados con la Casa Blanca y cuyos votos se antojan clave en la estrategia aplazatoria.

Con Claver-Carone compiten el argentino Gustavo Béliz y la expresidenta costarricense Laura Chinchilla, pero la expectativa se concentra en postergar la decisión para después de que EE UU haya elegido presidente el próximo 4 de noviembre.

El pulso diplomático se mantiene abierto. Para sacar adelante la elección en el BID debe participar al menos el 75% del poder de voto; EE UU tiene el 30% y los países que descartan la postergación, otro 23,9%. Argentina, México, Chile, Costa Rica y la UE suman algo más del 31%, de modo que las cargas todavía se están reacomodando. Otros miembros con porcentajes significativos son Canadá (4%) y Japón (5%). El voto es secreto y el bloque que busca postergar la elección necesita que al menos el 25% del accionariado no comparezca en la elección.

“Tengo la impresión de que Duque ya no está tan solo como al comienzo, cuando fue el primer presidente latinoamericano en manifestar el favoritismo por el candidato que estaba proponiendo EE UU”, señala la internacionalista Sandra Borda. El presidente colombiano busca “manifestar unas formas de lealtad particulares a las iniciativas estadounidenses con el fin de obtener en contraprestación ayudas y un tiempo de espera importante para lograr más resultados en la lucha contra las drogas”, agrega la autora de ¿Por qué somos tan parroquiales?, una breve historia de la diplomacia colombiana. “Este es un Gobierno muy convencido de que manifestarle la lealtad a EE UU, y que EE UU aprecie esa lealtad, ya es una ganancia en materia diplomática”.

La postura de Duque se ha topado con numerosos detractores en su país. Su predecesor, Juan Manuel Santos (2010-2018), firmó junto al brasileño Fernando Henrique Cardoso, el chileno Ricardo Lagos, el uruguayo Julio María Sanguinetti y el mexicano Ernesto Zedillo una declaración para expresar su “profunda preocupación” ante una nominación que consideran una “nueva agresión” al sistema multilateral. A menos de tres meses de las elecciones en Estados Unidos, “lo prudente es postergar la decisión sobre quién liderará el BID” hasta que haya certeza de que cuenta con el respaldo del Departamento del Tesoro y del Congreso estadounidense para capitalizar a la institución, escribió el exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas. “De lo contrario, la entidad podría quedar en el ostracismo, en un momento crítico para América Latina”, argumentó.

“Encuentro inaceptable la posición de mi Gobierno, del Gobierno colombiano, en esta materia. Colombia es uno de los beneficiarios de la regla no escrita. Están equivocados, es un error histórico: no tienen por qué romper la tradición de que un latinoamericano presida el BID”, dice José Antonio Ocampo, uno de los economistas más prestigiosos de la región, informa Ignacio Fariza. “Apoyo, sin duda, la posición de la Unión Europea y de México, Chile y Perú. Y espero que esto no se convierta en un enfrentamiento político: el peor escenario posible es que por razones políticas Estados Unidos imponga un candidato que no tenga el respaldo de la siguiente Administración. El único escenario positivo es postergar la elección hasta la reunión del año entrante en Barranquilla”, señaló el también exministro de Hacienda.

Una jugada de alto riesgo
La apuesta por Claver-Carone, de origen cubano, se enmarca en la diplomacia que ha caracterizado a Duque durante sus dos años en el poder. Como ya lo había hecho su mentor político, el expresidente Álvaro Uribe, hoy en detención domiciliaria por orden de la Corte Suprema de Justicia, el mandatario ha fijado en Washington el eje de su política exterior. Los dos países son estrechos aliados en la lucha contra el narcotráfico y las guerrillas desde finales de los noventa, y Venezuela ha emergido como otro tema clave en la agenda binacional. En sintonía con Trump, Duque ha sido el principal abanderado del “cerco diplomático” contra Nicolás Maduro, y aunque ha enfrentado tensión por los niveles record de cultivos ilícitos, ha conseguido frenar su crecimiento. “Duque tiene una visión muy parecida a Trump de América Latina. Él cree que el problema es Venezuela, Cuba y Nicaragua”, apunta el politólogo y exdiplomático Alfonso Cuéllar.

Claver-Carone es también muy cercano al embajador colombiano en Washington, Francisco Santos, el exvicepresidente de Uribe al que todos en Colombia conocen simplemente como Pacho. El diplomático superó una polémica por la divulgación el pasado noviembre de una conversación privada con la canciller Claudia Blum en la que criticaba, entre otras, al Departamento de Estado. Después de haber llegado a ofrecer su renuncia, la posición de Pacho Santos se ha fortalecido, y todo apunta a que es el arquitecto del respaldo al divisivo candidato de Trump para presidir el BID.

Tomar partido por el republicano, en momentos en que todas las encuestas dan favorito a Joe Biden, su rival demócrata, es una movida de altísimo riesgo. “Mientras todo el mundo, incluyendo a los latinoamericanos, están en un momento de pausa y de cautela, esperando a ver qué pasa, nosotros por alguna razón desesperada sentimos que tenemos que hacer la apuesta ya, y que la tenemos que hacer por el Gobierno”, apunta Sandra Borda. Uno de los grandes propósitos de la política exterior colombiana siempre ha sido tratar de construir y mantener un consenso bipartidista, sobre todo en el Congreso, recuerda al advertir del peligro de una alianza tan cercana que amenaza con resquebrajar ese consenso.

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