“Duque debe tomar la agenda de los 13 puntos y negociar sobre ellos”: Carrillo

“Duque debe tomar la agenda de los 13 puntos y negociar sobre ellos”: Carrillo

Es el procurador general, Fernando Carrillo, quien a dos semanas de las protestas asegura que acá hay una negociación, que se debe hacer con grandeza y humildad, y le critica que no haya querido llevar la mesa con los promotores del paro a los temas sociales que están en la reforma tributaria.

Habla directo y concreto. Respetuoso de la institucionalidad presidencial, le dice a Iván Duque que está dejando pasar una oportunidad histórica para lograr que en Colombia se deben hacer unas transformaciones sociales que están reclamando miles de colombianos en las calles.

Es el procurador general, Fernando Carrillo, quien a dos semanas de las protestas asegura que acá hay una negociación, que se debe hacer con grandeza y humildad, y le critica que no haya querido llevar la mesa con los promotores del paro a los temas sociales que están en la reforma tributaria.

Carrillo asegura que es su obligación decirle la verdad al presidente cuando considera que está equivocado, y recuerda las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), las cuales no compartió y criticó.

En entrevista, el procurador general dice que en esta negociación ambos sectores deben ceder, porque ante todo está de por medio el reclamo social de los colombianos.

¿Cómo ve la situación que vive el país después de dos semanas de la protesta social que está vigente?

Esta es una hora de grandes transformaciones, Colombia no es la misma después del paro del 21 de noviembre y creo que quienes estamos al frente de instituciones estatales, que tenemos un liderazgo, debemos interpretar y entender lo que pasó y eso que sucedió es muy importante y se reflejó de alguna manera el 27 de octubre en las urnas, donde Colombia se sacudió un poco de los extremismos políticos y lo que pasó en la calle el 21 de noviembre fue una revolución de derechos.

He tenido la oportunidad de hablar con los miembros del movimiento estudiantil, creo que son los protagonistas de esta ebullición social, y les dije que hace 30 años hubo una revolución que nosotros, los que estábamos al frente del movimiento estudiantil, concretamos en la asamblea constituyente, pero han pasado tres décadas y hay muchos de esos derechos sociales, salud, educación, trabajo, medio ambiente, que no se han desarrollado por falta de políticas públicas, el conflicto armado que no nos dejó ver la corrupción y las grandes carencias de los colombianos. Toda esa deuda del Estado con muchos colectivos, con las étnias, las mujeres, que son los que han salido a la calle.

¿No será que muchos colombianos se están cansando de esta protesta social, porque se están afectando en su día a día con los desmanes?

Si, esa es la otra cara de la protesta. Yo dividí el 21 de noviembre en tres hechos distintos: el fiesta social de protesta, que terminó a las 5:00 de la tarde; luego los protagonistas de los desmanes querían empañar la marchas. Luego hubo una auténtica manifestación de descontento social cuando se dio el cacerolazo. Lo que ha venido pasando con los estudiantes cuando los tuve acá sentados con el director del Esmad, se llegó a la convicción de que esto tenía que ser pacífico, es lo natural de una protesta en un estado moderno. La victoria del movimiento social es que sea pacífico.

Este es un país que ha tenido conflictos muy graves, porque aquí hay mucha gente armada y gente que sigue creyendo en la violencia. Haber permitido que esto tomara una deriva de confrontación armada hubiera sido terrible, pero ya con la manifestación del 4 de diciembre quedó claro que es posible protestar, salvo algunas situaciones, y materializar el descontento social sin violencia.

¿Los ‘politiqueros’ -como lo dijo el presidente Duque- si pudieron meterse en la protesta social?

Lo intentaron, pero intentar o crearse ser el vocero de tantas diferentes ciudadanía, que no tienen dueño, eso fue el gran error político que tuvieron algunos que intentaron capitalizar la protesta. Eso no les funcionó. Lo que ha quedado de manifiesto en Colombia es que los partidos políticos atraviesan una de las crisis más profundas por falta de representatividad y no será con los partidos que se va a solucionar esto, salvo que estos tengan la inteligencia de poner el oído a lo que está pasando en la calle y eso no se está viendo.

¿Si ha servido el diálogo que viene teniendo el gobierno con los promotores del paro?

Se necesita mucha grandeza por un lado y humildad por el otro en esa negociación. El gobierno debe ver esto como la gran oportunidad para materializar una cantidad de reformas sociales. En momentos de cambio hay que leer lo que pasa con la ciudadanía y saber cuáles son los reclamos y cómo se saldan esas deudas históricas que se tienen, como los indígenas, los negros, los campesinos, las mujeres.

De parte de quienes están en la calle ver que hay una oportunidad de materializar esto y siempre coloco el ejemplo de lo que pasó hace 30 años: tres candidatos presidenciales muertos y se produjo el consenso político más grande en Colombia cuando nadie se lo imaginaba. Soy consciente que en este momento hay una gran polarización y que está muy armado el discurso. Toda la confrontación arranca de un discurso muy virulento, de un discurso que tiene que bajar la temperatura. Tenemos que ver cómo nos sentamos en una sola mesa y tratar de construir soluciones entre todos, dejando de la violencia armada y la verbal.

Dice usted tener grandeza, ¿será que le está faltando la misma al gobierno?

Estoy seguro, yo se lo dije al presidente Duque en la inauguración de la conversación nacional: acá lo que se necesita es audacia. Cuando hay hechos nuevos, cuando hay reglas de juego nuevos, no sirven los elementos tradicionales que pueden ser muy importantes, pero es que los colectivos que están en la calle están reclamando cosas nuevas, aquí se requiere innovación, mucha audacia, mucha creatividad en las soluciones sociales.

Ya se sabe lo que pasó en Chile, la fórmula del presidente Piñera fue la tradicional, ceder en algunas cosas sin ser audaz y sin proponer cosas nuevas. Aquí, como en toda negociación. Esto es una negociación. En últimas, quien tiene la batuta del interés público es el gobierno, por lo tanto puede construir unos escenarios conjuntos.

¿Cuáles serían esas cosas audaces y cuándo se darían?

Esto es un diálogo progresivo, es una revolución de derechos, arrancando por lo básico: el respeto a la vida. Una paz sin apellidos, nada de la paz de Santos o la propia paz con legalidad del gobierno, cada cual intenta bautizar la paz a sus anchas. La paz es una sola. Lo que reclaman los estudiantes es educación, un servicio a la salud con buena cobertura y claridad, lo que reclaman los trabajadores es un salario justo, lo que reclaman las nuevas generaciones es un sueldo digno.

¿Qué es lo primero que debe hacer el presidente Duque entonces?

El presidente debe tomar la agenda de los 13 puntos y comenzar a negociar sobre ellos. En materia laboral hay posibilidad de avanzar. Hay unas líneas rojas, como el tema del Esmad, en donde están más distanciados.

¿Se equivoca el presidente Duque cuando dice que está conversando y no negociando?

Sí, esto es una negociación, como todo en la vida, desde las decisiones en el hogar. Uno no puede salir a imponer, mucho menos un gobierno en una democracia unilateralmente. Al presidente lo eligió un mandato, pero la legitimidad está dada no sólo por las urnas sino por la capacidad de gobernar democrática y participativamente con la gente y con la ciudadanía. El presidente gana legitimidad democrática sentándose en una mesa, aceptando las opiniones del otro y no imponiendo agendas, estamos lejos de esos estados en donde era el soberano el que imponía la agenda a los demás. Aquí hay que dialogar, y si hay que defender unas líneas rojas que las defienda, pero con el diálogo.

¿Esto debe ser rápido?

Creo que sí, porque al fin y al cabo de lo que se trata es mostrarle a la ciudadanía que hay voluntad de diálogo. Debe haber victorias tempranas para las dos partes en esa negociación. Los puntos de la reforma tributaria de contenido social el presidente los hubiera podido discutir con el comité del paro y hubiera salido fruto del consenso. Otras decisiones que no debió tomar como la del holding financiero, habrá que ver qué pasa con la ley de crecimiento. Lo que hay que hacer es empezar a desactivar cualquier escenario que implique echarle fuego a la hoguera, es fundamental.

¿Qué es la cumbre social que usted lidera y se dará en Cartagena este lunes?

La cumbre de diálogo social es una instancia que creamos en la Procuraduría hace un año y medio, que incluso cuando se posesionó el presidente Duque le dije que creara una instancia permanente, institucionalizada de diálogo social, veíamos lo que venía y lo que venía cocinándose era un conflicto armado que se iba a convertir en un conflicto social.

La cumbre es para eso, allí se han sentado personajes que eran diálogos imposibles en el pasado, estamos esperando que en la cumbre de Cartagena del lunes podamos brindar algún tipo de puntos de conexión entre los dos extremos para ver de qué manera le entregamos un mecanismo institucionalizado de diálogo. El diálogo social debería ser una política de Estado.

Lo noto muy duro con el presidente Iván Duque, ¿Por qué?

No, yo conozco al presidente hace mucho tiempo y sé de su talante democrático. El presidente va a estar dispuesto a crear ese terreno conjunto en donde se de todo este conjunto de instrumentos que son de diálogo social. Él tiene la autonomía para gobernar, pero yo como procurador tengo la misión de defender el interés público. Como persona que conozco al presidente hace mucho tiempo tengo la obligación de decirle la verdad, lo que yo pienso, como lo hice con las objeciones presidenciales. Lo que hay que hacer es sentarse a negociar con grandeza y humildad y las perspectivas de que debe haber soluciones.

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