De la 'geringonça' a la ruptura: la izquierda abandona a Antonio Costa

De la 'geringonça' a la ruptura: la izquierda abandona a Antonio Costa

El Bloque de Izquierda y el Partido Comunista anuncian su voto en contra a los Presupuestos de 2022, con lo que el país se encamina a elecciones anticipadas

El gobierno socialista de Portugal está al borde del precipicio. Tanto el Bloque de Izquierda (BE) como el Partido Comunista han anunciado que votarán en contra de los Presupuestos de 2022 este miércoles y, si estos no salen adelante, el país se encamina a elecciones anticipadas. "La cuestión no es si habrá o no elecciones, la cuestión no es la crisis política, la cuestión son los problemas de fondo de la sociedad portuguesa", aseguró el lunes un enfadado Jerónimo de Sousa, líder del Partido Comunista. De un total de 230 diputados, los socialistas cuentan con 107. Para sacar adelante las cuentas públicas, el primer ministro Costa necesita que una mayoría de la Cámara vote a favor o se abstenga. De momento, los 12 diputados comunistas, los 18 del Bloque de la Izquierda y los 79 del centroderecha, votarán en contra, así que las cuentas no salen.

Pero, ¿por qué los partidos de izquierda abandonan ahora los socialistas? Echemos la vista atrás. En noviembre de 2015, tras más de un mes de negociaciones, Antonio Costa (Partido Socialista), Catarina Martins (Bloque de Izquierda) y Jerónimo de Sousa (Comunistas) sellaron el pacto de la 'geringonça' con el que tumbaron al gobierno conservador de Pedro Passos Coelho, que había ganado las elecciones.

Según ese acuerdo, Costa se comprometía, entre otras cosas, a aumentar el salario mínimo, recuperar el salario de los funcionarios o abaratar el transporte público, demandas de sus nuevos socios de Gobierno y, a cambio, éstos le daban su apoyo sin fisuras. Geringonça, que en portugués se usa para hablar de una improvisación que no funciona bien -una especie de chapuza- fue la forma en que la derecha bautizó ese pacto por el que nadie apostó en 2015 y que, sin embargo, funcionó durante cuatro largos años (en ese mismo ese periodo, por cierto, España celebró hasta cuatro elecciones generales por la incapacidad de las fuerzas políticas para pactar).

En 2019 hubo, de nuevo, elecciones en Portugal, que dieron la victoria al Partido Socialista. A escasos diez escaños de la mayoría absoluta, la formación liderada por Costa decidió que gobernaría en solitario adoptando acuerdos puntuales con los partidos de izquierda. De alguna forma, las formaciones "pequeñas" seguían así facilitando un gobierno socialista. La siguiente fecha clave es septiembre de 2021. En las elecciones municipales, Lisboa, gobernada durante 14 años por el centro izquierda, cayó en manos de la derecha, igual que Coimbra. Al mismo tiempo, el Bloque de Izquierda constató que la mayoría de sus votantes había elegido a un socialista y, por si esto fuera poco, el Partido Comunista perdió alcaldías importantes como la de Évora.

Era demasiado para los antiguos socios de la 'geringonça'. De cara a la galería, los motivos esgrimidos son otros, menos pasionales. Según el comunista Jerónimo de Sousa, el rechazo a los Presupuestos viene por las promesas incumplidas de Costa: aumentar el salario mínimo y las pensiones, frenar la liberalización del mercado laboral o introducir las guarderías gratuitas. Catarina Martins, líder del BE, pone el acento en las pensiones, el IVA de la energía o el combate a la pobreza.

La duda ahora es qué pasará si el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, se ve obligado a disolver el Parlamento y convocar elecciones. ¿Volvería a ganar la izquierda? Según las últimas encuestas, el PS aún le saca 14 puntos de ventaja al centroderecha del Partido Socialdemócrata (PSD). Pero aquí entra en juego un protagonista inesperado: el candidato de la derecha que se enfrente a Costa en las urnas.

Dos nombres se están disputando el liderazgo del principal partido de la oposición. De un lado, el veterano Rui Rui, ex alcalde de Oporto, actual presidente del PSD y tres veces secretario general de este partido bajo tres líderes distintos. Del otro lado, una cara relativamente nueva y más cosmopolita, Paulo Rangel, diputado europeo. El pasado verano, Rangel hizo pública su homosexualidad y contó que no lo había confesado antes por respeto a su madre, ferviente católica, fallecida en 2019. Esas declaraciones le catapultaron a la primera plana de todos los periódicos y revistieron de modernidad y progresismo al PSD. Hay quien afirma que, de ganar la disputa por el liderazgo frente a Rui Rui, Rangel podría acaparar incluso votos de la izquierda. Así que podría suceder que, de forma implícita, la izquierda estuviera facilitando un próximo gobierno de derechas en Portugal. Todo dependerá de la trascendental votación de este miércoles.

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