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Cumbres de corrupción

Cumbres de corrupción

Los monstruosos niveles de corrupción en la región se convirtieron en el tema central de la Cumbre de las Américas

Los monstruosos niveles de corrupción en la región se convirtieron en el tema central de la Cumbre de las Américas

Los monstruosos niveles de corrupción en la región, que descabezan liderazgos y desacreditan sistemas políticos, se convirtieron en el tema central de la Cumbre de las Américas aunque sin asegurar una solución. El compromiso de "Gobernabilidad Democrática contra la Corrupción", aprobado por aclamación por los presidentes reunidos en Lima, es solo un documento declamatorio sin firme valor práctico. Solo constituye el abierto reconocimiento conjunto de un cáncer generalizado y la preocupación de muchos gobiernos asediados en sus países por la revelación de grandes fraudes, coimas y otras irregularidades en la función pública. La realidad es que frenar el desprestigio es una responsabilidad estrictamente nacional, dependiente en cada país de la acción de la Justicia y el Parlamento.

En otro tema de profunda importancia, la cumbre fracasó en su intento de apretarle el torniquete a Nicolás Maduro. Los 16 países del Grupo de Lima, que Uruguay no integra debido a su trastocada tolerancia con la dictadura venezolana, propusieron declarar ilegítimas las elecciones del 20 de mayo a menos que sean transparentes, sin presos políticos y con la participación de todos los partidos. Pese a que Maduro lo impide al haber armado una elección fraudulenta a su medida para seguir en el poder, la propuesta no logró el consenso del resto del cónclave por oposición de los presidentes que apoyan o cierran los ojos al desastre humanitario e institucional en Venezuela. Solo se aprobó una fútil "advertencia" sin peso alguno, rechazada a los gritos en Caracas por un Maduro excluido de la reunión por el gobierno anfitrión.

La cumbre careció además de la gravitante presencia del presidente de Estados Unidos. Donald Trump debió quedarse en Washington para atender su belicoso enfrentamiento con Rusia sobre la crisis en Siria. El tema sobrevoló superficialmente el encuentro de Lima y quedó en el tintero la intención de Trump de afirmar en esa reunión la influencia de la primera potencia mundial en América Latina ante la creciente penetración de China, con la que libra una guerra comercial que amenaza los equilibrios económicos internacionales.

La corrupción persistió como la cuestión dominante en una cumbre chata que se aguó en declaraciones no vinculantes y se trancó en la inoperancia ante la tragedia venezolana. Hubo al menos encuentros bilaterales significativos para Uruguay del presidente Tabaré Vázquez con su pares de Brasil y Argentina para tratar de destrabar al estancado Mercosur y permitirle a nuestro país negociar libremente tratados comerciales con países de fuera del bloque. Aunque no trascendieron detalles, la reunión con Michel Temer abre además la posibilidad de atenuar la frialdad de las relaciones políticas con Brasil. Uruguay necesita forzosamente armonía con sus dos grandes vecinos, por razones económicas permanentes que trascienden tanto los vínculos históricos como el color de los gobiernos de turno. Ya pagamos un alto precio por perder ese curso con Argentina durante la década de hostilidad kirchnerista. Pero en el caso de Brasil la responsabilidad no es ajena sino propia, mientras el Frente Amplio, y en forma menos explícita el gobierno, mantengan una indebida injerencia en los asuntos internos de nuestro vecino con su respaldo al encarcelado expresidente Lula.

 

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