Cumbre de la G-20 en Venecia

Cumbre de la G-20 en Venecia

Uno de los últimos legados de George W. Bush como presidente de los EEUU fue resucitar el G20. Creado en 1999, su papel había sido intrascendente hasta el último trimestre de 2008. Bush logró reunir en Washington el 14 y 15 de noviembre de aquel año a los Jefes de Estado y presidentes de Gobierno de las naciones que representan el 80% del PIB mundial. El mundo estaba en medio de un cataclismo económico y financiero como consecuencia de los efectos de la quiebra de Lehman Brothers. Había que actuar rápido para salvar el sistema.

A las democracias occidentales que forman el G7, se le sumaron China, Rusia, India, Indonesia, Sudáfrica, Brasil, México, Australia, Corea del Sur, Turquía, Argentina y la UE. El jefe de Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, logró ser invitado como observador gracias a la ayuda que recibió de Nicolas Sarkozy, presidente de Francia. Hubo mucho ruido y muy pocas nueces. ¿Qué intereses tenían en común países que viven en una eterna suspensión de pagos como Argentina, dictaduras que usan el precio del petróleo a su antojo como Arabia Saudí, o China, que recién empezaba su expansionismo inversor por África y Latinoamérica? De aquella primera reunión no se reformaron las grandes instituciones internacionales de Bretton Woods, FMI y Banco Mundial; pero sí se pusieron las bases para poder controlar mejor el sistema bancario, origen del desastre, y el sistema de transacciones financieras internacionales. Se lograron poner más puertas al campo, aunque quedaron muchas ventanas abiertas. En positivo, aquella crisis se solventó mejor de lo que se esperaba.

Desde entonces, el G20 se ha reunido anualmente. Con más retórica que hechos. En los últimos años, la mayoría del debate centrado en las medidas contra el cambio climático. El año pasado, la reunión de Riad, capital de Arabia, fue virtual y pasó desapercibida. Este año, si la pandemia lo permite, los jefes de Estado y presidentes se reunirán en Roma a finales de octubre; pero, antes, este fin de semana, habrá un encuentro en Venecia quizás más importante. Congregará a los ministros de Economía y gobernadores de los Bancos Centrales del G20. Son los que tendrán que poner sobre la mesa importantes resoluciones.

Primero: urge resolver las desigualdades en la vacunación entre países ricos y pobres. Mientras en los primeros, un 50% de la población ya ha recibido una dosis de la vacuna; en los segundos solo un 10%. Ejemplo, Indonesia es ya el país con mayor número de fallecidos, 500 diarios.

Segundo: lograr un acuerdo fiscal para que las grandes multinacionales paguen una tasa mínima del 15% a nivel global y poner coto a los paraísos fiscales. Aprobado por 130 países, naciones como Irlanda o los países del Caribe se oponen.

Tercero: predecir los efectos que tendrán sobre la economía mundial las medidas fiscales y monetarias que se han tomado este año y medio. ¿Qué pasará cuándo se retiren los estímulos? ¿Y cómo enfrentarse con la deuda mundial?

Sin perder perspectiva. En medio del fragor del frenesí político y económico local, buena parte de nuestro futuro se jugará entre góndolas.

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