Cumbre clave de la Unión Europea para evitar un Brexit sin acuerdo

Cumbre clave de la Unión Europea para evitar un Brexit sin acuerdo

El proceso de separación entre el Reino Unido y la Unión Europea llega hoy a su momento decisivo final. Los líderes de los Veintisiete se reúnen en Bruselas con el Brexit como primer punto del orden del día con el objetivo de proclamar si consideran que aún es posible llegar a un acuerdo sobre las relaciones futuras o si hay que prepararse para una desconexión traumática el 1 de enero.

Varios indicios permiten entrever la posibilidad de un arreglo en temas muy espinosos como el del acceso de los pesqueros europeos a las aguas británicas, pero en general las cosas siguen en el aire en los asuntos fundamentales. Ayer por la noche, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el del Consejo Europeo, Charles Michel, mantuvieron una conversación telefónica con Boris Johnson en la que le dijeron que no debía esperar una división en el bloque comunitario, que se mantiene cohesionado.

Los líderes europeos escucharán hoy por la tarde primero al negociador, Michel Barnier, a quien según el texto del proyecto de declaración de conclusiones le van a pedir que «intensifique» los esfuerzos para seguir negociando hasta el último momento. El Gobierno alemán ha hecho saber que prefiere que se intente obtener un resultado mientras sea posible, puesto que no en vano su industria prefiere seguir vendiendo sin trabas en el Reino Unido. Los tres asuntos pendientes más importantes siguen sin resolver, pero se supone que tanto Londres como Bruselas están de acuerdo en muchas otras cosas, por lo que todo es teóricamente posible. Una de las cosas que Londres le reprocha a los europeos es que no hayan querido ni siquiera hacer un texto con los temas en los que no hay diferencias, porque estiman que así habría sido más sencillo avanzar en aquellos en los que las hay. Para Bruselas siempre ha regido la regla de que no hay nada acordado hasta que todo esté acordado.

Además de la pesca, la UE quiere que Londres acepte un «mínimo nivel» de juego limpio en el aspecto regulatorio, para que sus productos puedan llegar sin trabas al mercado europeo sin que eso les otorgue una ventaja competitiva, además de mantener el mismo grado de protección de los consumidores, y -el que tal vez sea el punto más complicado- la cuestión de decidir quién va a juzgar en el caso de que haya disputas sobre la aplicación de esas reglas, si es la justicia británica o la europea.

Según fuentes británicas, Boris Johnson decidirá qué pasos va a dar una vez que le cuenten cómo han ido las discusiones en la cumbre y a la luz de lo que digan públicamente los líderes europeos. El primer ministro británico había dicho que la fecha de hoy representaba el plazo límite para tomar una decisión a todo o nada, es decir, seguir negociando si ve que existen posibilidades de acuerdo o resignarse a que no lo haya y seguir adelante con la perspectiva de que el 1 de enero no haya una red legal para regular las relaciones entre su país y el bloque que es su mayor socio comercial con diferencia.

En la orilla continental, la cuestión esencial sigue siendo mantener la unidad que ha permitido hacer frente a la posición británica. Según fuentes españolas, Barnier había dicho a los ministros de asuntos europeos este martes que lo que no ve posible es lograr todos los objetivos que le habían marcado los presidentes en el mandato de negociación, lo que se ha interpretado como una sugerencia en favor de una mayor flexibilidad. Hay ciertas pistas en este sentido, como por ejemplo, la división de las aguas británicas entre las del Canal y las del mar de Irlanda u otras, pero sigue siendo muy difícil definir lo que oficialmente se llama «level playing field» y que se refiere a ese mínimo de reglas comunes que los británicos deberán respetar o incluso el papel del Tribunal de Justicia Europeo, cuya autoridad Londres no quiere reconocer pero los europeos no pueden ignorar porque de otro modo serían órganos jurisdiccionales extraeuropeos los que sentarían jurisprudencia con la legislación comunitaria. Por ello, además de su determinación para apoyar que se siga negociando a toda costa, el gobierno alemán ha hecho saber también que lo que le interesa es que el resultado sea un tratado con una redacción razonable y comprensible y no un montón de artículos enrevesados que compliquen más las relaciones comerciales que si no lo hubiera.

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