Creciente presencia china en Latinoamérica y el Caribe

Creciente presencia china en Latinoamérica y el Caribe

Entre los múltiples procesos que se desarrollan actualmente como parte de las relaciones internacionales, destaca que Estados Unidos -el país que lideró hasta la administración Obama el actual proceso de globalización- opta ahora por una actitud nacionalista, tratando de cerrar fronteras y de aislarse de los intercambios mundiales. Ha optado por un autismo que en realidad lesiona sus intereses.

Mientras tanto, China avanza en el ámbito internacional y parece ir cerrando las brechas y los vacíos que deja Washington. Esto podemos observarlo en varios casos, entre ellos, las renovadas relaciones con Rusia, lo vemos en el establecimiento del faraónico proyecto trans-regional de la “Nueva Ruta de la Seda”, en la reforzada presencia China en Europa, África y América Latina.

En referencia específica a Latinoamérica, en las condiciones actuales, es posible advertir que China -en algunos países más que en otros, desde luego- ha estado avanzando en las relaciones diplomáticas, económicas en general y comerciales en particular. Con ello se deja atrás el ambiente de indiferencia que había prevalecido durante el Siglo XX.

Las evidencias de esta dinámica pueden observarse en varios aspectos. Para tener algunas ilustraciones, es posible afirmar que China ha apoyado en créditos a Latinoamérica, desde 2005, por un monto que se estima, cercano a los 150,000 millones de dólares. En 2007 China se integró al Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Para que no quedara duda de que ser parte de la entidad iba más allá de las formalidades, China donó a esa entidad, 350 millones de dólares, sin establecer mayores condicionalidades.

Esta situación de China con relación al BID, contrasta con disposiciones de la actual administración en Washington. Como se sabe, Trump se manifiesta decidido a imponer a su candidato en la presidencia de la entidad. Desea tomar control, sí o sí, de ese banco de desarrollo regional. Trata de que se nombre, sin mayores remilgos, a Mauricio Claver-Carone en la presidencia del BID. Claver es actualmente Director Principal de la Dirección de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Con esta medida, Trump viola los acuerdos que desde la fundación de la entidad -el 8 de abril de 1959- han prevalecido interrumpidamente: siempre un latinoamericano estaría al frente de la institución.

Tampoco el Washington actual escucha las voces de varios ex mandatarios europeos y latinoamericanos quienes buscan una salida de consenso, que pasaría inicialmente por la disposición de retrasar el nombramiento de quien estará al frente del BID.

Este tipo de convenios rige también lo que son las presidencias y vicepresidencias del Banco Mundial y del FMI. Nuevamente la imprevisible política exterior del Washington actual se hace presente. China al parecer está obteniendo ventajas de esos movimientos, mediante incursiones más coherentes y estratégicas.

Como parte del posicionamiento chino en la región, es posible puntualizar que los niveles de inversión directa del gigante asiático han aumentado, así como los nexos comerciales con la región. China es en la actualidad, el principal socio comercial de países como Chile, Perú, Uruguay, Cuba y especialmente Brasil -que como se recuerda constituye aproximadamente el 44 por ciento del total de producción latinoamericano.

Uno de los rasgos más evidentes de la planificación china es que se enfoca dentro de una perspectiva de largo aliento. Eso proporciona una ventaja significativa, en el sentido de que las medidas puntuales, más pertenecientes al impacto inmediato, se ubican en una concepción operativa largo alcance. Se trata de políticas de estado más que de gobierno.

De esa cuenta, el Presidente Xi Jinping, desde 2015, ha enfatizado que su país se propone llevar a cabo una inversión de al menos 250,000 millones de dólares en la región en un plazo que cubriría los siguientes diez años. Estos fondos se destinarían a sectores de valor agregado en la producción interna y de exportaciones, tales como energía y agroindustria. China se estaría tratando de asegurar de esa manera, un abastecimiento importante de materias primas para muchas de sus industrias.

Los apoyos chinos difieren también, notablemente, de los fondos de ayuda que se originan en Estados Unidos: no van atados en general a medidas políticas que, condicionadamente, las diferentes naciones deben implementar. Eso los hace más atractivos para los países.

En particular Venezuela ha recibido mucho apoyo chino, especulándose que los intereses orientales han estado muy relacionados con el asegurarse una sostenida dotación de crudo. No se tienen datos totalmente confiables en cuanto al aumento de deuda externa venezolana, pero se menciona que el cumplimento de las obligaciones financieras pasarían por ventas ya comprometidas, de crudo a futuro con Pekín.

Todo ello, no obstante que los petróleos venezolanos, en un 74 por ciento es de pesados y extrapesados. Alejados de las condicionantes más favorables de los crudos ligeros que constituyen los indicadores del West-Texas -Estados Unidos- y Brent -referencia europea.

Es evidente que, para los países centroamericanos, México y del Caribe, el mercado natural -la economía de grandes dimensiones que se encuentra cercana- es Estados Unidos. Sin embargo, en la región Andina y para el Cono Sur, la influencia china está desarrollándose de manera sostenida. Los resultados no se verán forzosamente en el corto plazo, pero tienden a ser tan perdurables como de mayor alcance estratégico.

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