Cooperación económica y comercial China-América Latina marca salto cualitativo con energía e impulso renovados

Cooperación económica y comercial China-América Latina marca salto cualitativo con energía e impulso renovados

Los últimos años han sido testigo de un sostenido aumento en el nivel de cooperación económica y comercial entre China y América Latina, caracterizada por un desarrollo más equilibrado entre el comercio de bienes y el de servicios, con lo que este último se ha convertido en un nuevo motor de crecimiento, y las áreas de inversión china en esa región se han diversificado.

Con una energía renovada y un impulso largamente gestado, los intercambios sino-latinoamericanos en materia económica están pasando del aumento cuantitativo al salto cualitativo.

En la actualidad, China es el segundo socio comercial de América Latina, y el primero para países como Brasil, Chile y Perú. Desde comienzos de este siglo, el comercio entre ambas partes no ha dejado de expandirse y el volumen anual ha batido varios récords, al superar 10.000 millones de dólares en 2000, 100.000 millones en 2007, y 300.000 en 2018.

La cooperación entre China y Latinoamérica en las esferas económicas ha presentado cambios estructurales y mejoras sustanciales, con nuevos puntos de crecimiento como el comercio electrónico y el de servicios, afirma Yue Yunxia, directora del Departamento de Economía del Instituto de América Latina, subordinado a la Academia de Ciencias Sociales de China.

Compañías chinas de telecomunicaciones como Huawei y ZTE han conseguido ampliar constantemente su cuota de mercado y su influencia en América Latina. Hoy en día, Huawei se posiciona como uno de los socios más importantes de los operadores de telefonía latinoamericanos y sirve a un gran número de usuarios locales.

En marzo de 2019, entró en vigencia la modernización del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre China y Chile, con la que cerca del 98 por ciento de las mercaderías están ahora exentas de aranceles. En relación con el comercio de servicios, China otorgó al país sudamericano mayor acceso a su mercado en una veintena de sectores como servicios jurídicos mercantiles, entretenimiento y distribución. Chile, a su vez, asumió compromisos de mayor apertura en más de 40 ámbitos, entre ellos mensajería, transporte y construcción.

En la región, China también tiene firmados TLC con Perú y Costa Rica. Además, las negociaciones que lleva adelante con Panamá sobre ese instrumento comercial han registrado notables avances, al tiempo que ya se ha puesto en marcha el estudio conjunto de factibilidad para el TLC entre China y Colombia.

Según Yue, se ha incrementado significativamente el nivel de liberalización y facilitación del comercio y la inversión entre China y Latinoamérica, lo que se ha traducido en la reducción de los costos y un enorme impulso a su desarrollo sostenible en el largo plazo.

América Latina ha pasado a ser el segundo destino de la inversión china en el exterior. Hasta noviembre de 2019, el stock de la inversión del país asiático en esa región sobrepasaba los 410.000 millones de dólares. Las empresas de capital chino han creado más de 1,8 millones de puestos de trabajo locales al instalar unas 2.500 filiales en los países latinoamericanos, cubriendo una amplia gama de sectores, como energía, infraestructura, agricultura, automoción y economía digital.

Yue señala que la inversión china en América Latina ha entrado en un periodo marcado por el crecimiento estable y la diversificación de los rubros. Subraya también que la inversión en tecnología informática y comunicación es la que tiene el mayor peso, mientras la economía de internet se ha convertido en un nuevo propulsor.

"La inversión realizada por gigantes chinos de internet como DiDi y Toutiao sirve para mejorar la competitividad de los países latinoamericanos en la era de la economía digital", sostiene la académica.

En noviembre de 2019, la firma china de movilidad bajo demanda DiDi inició su operación en Costa Rica, el quinto mercado latinoamericano al que llega luego de Brasil, México, Chile y Colombia. Actualmente, DiDi se posiciona como una de las plataformas más destacadas de transporte urbano en la región, con un alcance cercano a los 100 millones de habitantes.

De acuerdo con Chen Taotao, directora del Centro para América Latina de la Universidad Tsinghua, las empresas chinas han progresado luego de un largo periodo de exploración para "salir al exterior". Un caso representativo es la Corporación Estatal de la Red Eléctrica de China (State Grid), que logró integrarse al sistema local a través de fusiones y adquisiciones y posteriormente desplegar proyectos nuevos.

El operador energético chino llevó a cabo la construcción del proyecto de transmisión eléctrica de ultra alto voltaje Belo Monte en Brasil, convirtiéndose en un precursor de la internacionalización de esa tecnología desarrollada por China.

Hasta mayo de 2019, la inversión de State Grid en Brasil superaba los 12.400 millones de dólares. La filial que estableció la firma china en ese país en 2010 compró sucesivamente 14 empresas concesionarias de transmisión de energía eléctrica y en 2017 se hizo a la mayor empresa brasileña de distribución de electricidad. El gigante energético chino posee en Brasil activos por un valor total de 25.000 millones de dólares y presta servicios a los principales mercados de consumo eléctrico ubicados en el sudeste del país, en ciudades como Brasilia, San Pablo y Río de Janeiro.

Por otro lado, los Gobiernos de China y varios países latinoamericanos vienen perfeccionando los mecanismos de cooperación económica y comercial. Por ejemplo, China celebra regularmente reuniones de comisión mixta con diversos países de la región para definir la agenda económica bilateral y promover la cooperación pragmática en comercio e inversión. Asimismo, se han creado grupos de trabajo conjuntos entre las autoridades chinas y sus contrapartes de varios países latinoamericanos con la finalidad de impulsar la liberalización y la facilitación del comercio y la inversión.

Con la mirada puesta en el futuro, Chen apunta que China y Latinoamérica deben intensificar las consultas para conocer mejor las demandas de desarrollo del otro lado, con el propósito de salvar las diferencias culturales, institucionales y económicas y profundizar la convergencia de intereses, así como de diversificar la cooperación económica.

Yue, por su parte, sugiere maximizar el potencial de cooperación China-América Latina en los ámbitos tradicionales y explorar nuevas áreas, como servicios financieros, turísticos y médicos. La investigadora espera también ver una mayor presencia de la inversión china en el sector productivo para generar un efecto sinérgico entre ambas regiones en la cadena de valor global, y en última instancia, llevar la cooperación económica y comercial sino-latinoamericana a una nueva cota.

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