Consulta en Ecuador: Moreno consolida su poder y Correa no volverá a ser presidente

Consulta en Ecuador: Moreno consolida su poder y Correa no volverá a ser presidente

A las ocho de la noche de este domingo, la presidenta del Consejo Nacional Electoral del Ecuador (CNE), Nubia Villacís, confirmó lo que las encuestas anticipaban: el sí ganó por un amplio margen en las siete preguntas de la Consulta Popular convocada por el presidente Lenín Moreno. El resultado que dio era del conteo rápido, pero dijo que su fiabilidad era del 99 por ciento.

A las ocho de la noche de este domingo, la presidenta del Consejo Nacional Electoral del Ecuador (CNE), Nubia Villacís, confirmó lo que las encuestas anticipaban: el sí ganó por un amplio margen en las siete preguntas de la Consulta Popular convocada por el presidente Lenín Moreno. El resultado que dio era del conteo rápido, pero dijo que su fiabilidad era del 99 por ciento.

Tras el anuncio de los resultados, Rafael Correa conoce, por primera vez, lo que es perder una elección. El triunfo del sí implica que no podrá volver a postularse a la presidencia. No ha caído a manos de la derecha ni de la ‘restauración conservadora’, sino que fue vencido por su exvicepresidente.

Convocada el 29 de noviembre de 2017, la duodécima consulta de la historia del Ecuador tenía siete preguntas. La prohibición de la minería en centros poblados; la reducción del área de explotación petrolera en el parque nacional Yasuní en la Amazonía; la no prescripción de delitos sexuales contra menores, y la imposibilidad de que los sentenciados por corrupción participen en política fueron en las que el margen del sí fue más holgado.

 

Eran las otras tres preguntas las que hicieron regresar al país a Rafael Correa —quien estaba desde julio de 2017 en Bélgica— a principios de año para promover el voto por el no: una que buscaba la derogatoria de un impuesto a la plusvalía en la venta de inmuebles, la reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y la eliminación de la reelección indefinida, aprobada en 2015 (y que le habría permitido a Correa candidatizarse nuevamente en 2021). En su mejor resultado, el no ha logrado un 36 por ciento.

El resultado de la consulta del domingo es el epílogo de una transición inimaginable en abril de 2017, cuando Moreno celebraba su triunfo en las presidenciales de Ecuador. Había ganado por un estrecho margen a Guillermo Lasso, del partido conservador CREO, y se convertía en el sucesor de Correa —entonces su partidario y amigo—, hoy autoproclamado el líder de la oposición al gobierno de Moreno.

En los ocho meses que han pasado entre el cambio de mando del 24 de mayo y la consulta de este domingo, la relación entre Moreno y Correa se degeneró mucho más rápido de lo que cualquier analista pudo imaginar. Pero la ruptura empezó tan pronto como el nuevo gobierno.

Moreno se reunió con líderes de partidos opositores, dueños y gerentes de medios privados, y revirtió polémicas decisiones de Correa, como la disolución de la fundación Pachamama y la expulsión de su sede de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). El nuevo presidente cuestionó el estado en que recibía la economía del país, que Correa había descrito como una “mesa servida”. En agosto, Moreno dejó sin funciones al entonces vicepresidente Jorge Glas, hoy destituido y en prisión por la trama de corrupción Odebrecht.

Correa calificó estas medidas como una traición y, en diferentes momentos, llamó a Moreno embustero, traidor e impostor. La pelea se trasladó al terreno electoral y se definió este 4 de febrero, en la consulta que era una medición de fuerzas.

Aunque Correa ha mostrado su satisfacción por el porcentaje del no, es hoy su enemigo político, Moreno, quien se lleva el triunfo concretamente. “Hoy ha triunfado la democracia de manera contundente con el sí. Hoy, todos nosotros manifestamos de manera clara y contundente, libre y democráticamente, sobre el futuro que queremos para nuestros hijos”, tuiteó el presidente. “La victoria del sí es la victoria del país. #EcuadorDijoSí”.

El politólogo Rafael Balda dice que Moreno es el gran ganador de la jornada. “Aunque el sí tenga muchos padres”, señala Balda —en referencia a los movimientos de derecha e izquierda que se aglutinaron alrededor del sí, incluyendo a su contrincante en las presidenciales de 2017, Guillermo Lasso—, “Moreno es el padre principal, y ha logrado sus dos objetivos con la consulta: evitar que Correa regrese en 2021 y legitimar su gobierno”.

“En definitiva”, sostiene Balda, “con la reforma del Consejo de Participación saldrán las autoridades correístas del Estado y Moreno tendrá la posibilidad de poner a su gente. Para el correísmo, perder la capacidad de reelección de Rafael Correa es un pérdida incalculable porque se quedan sin su mejor carta para el 2021”.

La salida de lo que Balda llama “las autoridades correístas” se da por la aprobación de la pregunta tres de la consulta, que le permitirá a Moreno reestructurar el Consejo de Participación Ciudadana, un cuestionado organismo encargado de seleccionar a las máximas autoridades de control del país (y que analistas y opositores consideran totalmente servil a los intereses de Rafael Correa).

No será la primera vez que el Ejecutivo tenga la facultad de reformar otra función del Estado: en 2011, otra consulta popular autorizó a Rafael Correa a lo que él mismo llamó “meter las manos en las cortes”. Entonces dijo que era “para mejorar esas cortes con las que nadie puede estar satisfecho”. Siete años más tarde, el país ha vuelto a confiar en las promesas de un presidente popular, aunque más conciliador.

Después de una década y cuatro consultas populares, la institucionalidad del Ecuador no parece haber mejorado. Según el índice de competitividad global, durante los diez años de gobierno, el país apenas subió un peldaño en esa materia.

 

“Nada más inestable que las promesas de un amor de verano y las decisiones políticas en un país de baja institucionalidad”, dice el politólogo Oswaldo Moreno. Por ello, coincide con otros analistas que sostienen que descartar a Correa por los resultados de la consulta popular sería un error. El excandidato presidencial Norman Wray dice que no sería raro que en un futuro no tan lejano se vuelvan a cambiar las reglas del juego político.

“Estos resultados son el precio que Alianza País ha debido pagar por su incapacidad para la autocrítica. En lugar de afrontar la corrupción que empezaba a carcomer su proceso, decidieron llamarla por otros nombres: golpe blando, conspiración, entre otros. No hubo una autodepuración necesaria, y otra vez más, la política en el Ecuador se encuentra totalmente desprestigiada”, dice Wray. Otra vez más, el Ecuador ha decidido en consulta popular y ha reformado una Constitución que, en 2008, sus autores prometieron duraría 300 años. Han pasado apenas diez.

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