Conflicto de poderes en una Argentina con alta tensión social en medio de la segunda ola del Covid

Conflicto de poderes en una Argentina con alta tensión social en medio de la segunda ola del Covid

15/04 El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires se opone a las medidas de cierre y toque de queda impuestas por el presidente, Alberto Fernández

Argentina se instaló este jueves en un conflicto de poderes entre el Gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires, opuesta a las medidas de cierre y toque de queda impuestas por el peronista Alberto Fernández.

"Rechazamos totalmente toda participación del Ejército y de las fuerzas federales en las calles de la ciudad", dijo Horacio Rodríguez Larreta, alcalde de la capital argentina, pero con poderes y atribuciones similares a los de cualquier provincia, ya que la ciudad es autónoma.

La reacción de Rodríguez Larreta, potencial candidato presidencial en 2023 por la coalición opositora Juntos por el Cambio, llegó después de un mensaje de Fernández en la noche del miércoles. El presidente anunció que a partir de este viernes regirá una prohibición de pisar las calles entre las 20:00 y las 06:00 y suspendió por dos semanas las clases presenciales en las escuelas ante el importante crecimiento de casos de Covid-19 en medio de la segunda ola de la pandemia.

Las medidas incluyen el despliegue de las fuerzas federales de seguridad y las Fuerzas Armadas en las calles de la ciudad y la provincia de Buenos Aires, que concentran más del 40% de la población del país. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se mofó en Twitter de las decisiones de su homólogo argentino.

"Las medidas la tomé yo y me hago cargo yo, y las fuerzas federales van a hacer cumplir esto", explicó en la mañana del jueves Fernández, que recibió duras críticas por decir en su discurso que el sistema sanitario "se relajó" al permitir que se atendiera a pacientes por asuntos ajenos al Covid-19.

"El sistema sanitario también se ha relajado. En un tiempo donde los contagios estaban disminuyendo abrieron puertas a atender otro tipo de necesidades quirúrgicas que podían esperar pero que creyeron que era oportuno tratarlos ahora y, así, en el sistema privado se acumuló un número de camas utilizadas que hoy en día pueden ser muy necesarias para atender el Covid", fue la frase del presidente, que dio pie a un aluvión de rechazos en las redes sociales y a una explicación de su parte.

Instantes después del discurso presidencial, en varias ciudades del país se produjeron cacerolazos, mientras que centenares de personas se agolparon frente a la Quinta Presidencial de Olivos, la residencia de los jefes de Estado en Argentina, para manifestar su descontento, en especial con el cierre de las escuelas. Hay más manifestaciones convocadas en forma inorgánica en las próximas horas.

Rodríguez Larreta, que horas antes de hablar había recibido el respaldo público del ex presidente Mauricio Macri, criticó a Fernández por no haber hablado con él antes de anunciar las nuevas restricciones, al tiempo que consideró que las decisiones no se sostienen científicamente.

"Todas las decisiones que tomamos en la ciudad las tomamos en base a la evidencia. No nos dejamos llevar por anécdotas, imágenes o comentarios. Es inentendible que un presidente no dialogue con un jefe de gobierno o con los gobernadores", dijo el líder opositor.

La dureza del anuncio de Fernández sorprendió, porque sus propios ministros de Salud y Educación habían dicho horas antes que las clases presenciales no se suspenderían. Tras todo un 2020 con las escuelas vacías, el tema es de alto voltaje en la tercera economía de América Latina.

"De las 700.000 personas que van a las escuelas (en la ciudad de Buenos Aires) se contagiaron menos del 1%", alegó Rodríguez Larreta.

El propio Fernández reconoció que la decisión es cuestionable. "Yo mismo tuve discusiones dentro de mí mismo equipo. Mi ministro de Educación insistía con las clases presenciales, pero no son las clases presenciales solamente: hay que ir a un colegio primario y ver el horario de salida, madres que se agolpan, donde el contagio puede hacerse más fácil, chicos que juegan cambiándose los barbijos [mascarillas]".

La oposición rechazó el supuesto juego de intercambio de mascarillas como razón real y seria para tomar la decisión. "Los chicos tienen que estar este lunes en las aulas, y vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para lograr eso", dijo Rodríguez Larreta, que pidió que el presidente lo reciba este mismo jueves y anunció la presentación de un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia.

"No podemos hipotecar el futuro de los chicos; el aula más peligrosa de todas es el aula que está cerrada", añadió.

PRESIÓN CIUDADANA
Pero más allá del conflicto de poderes -el gobierno de la ciudad alega que enviar fuerzas federales a su territorio es inconstitucional-, lo que es evidente en el octavo país más grande del mundo es la creciente tensión social.

Fernández, que recibió este jueves el alta del Covid tras contagiarse pese a haber recibido las dos dosis de la vacuna Sputnik, está visiblemente desgastado y bajo una enorme presión. En un mes se peleó con su homólogo uruguayo, Luis Lacalle Pou, en una cumbre del Mercosur, se refirió a parte de la oposición como "imbéciles profundos" y, en su último discurso, tropezó al hablar sin leer para generar un conflicto con el personal sanitario y con los padres con niños en edad escolar.

En un país que vio caer su PIB en 2020 un 9,9%, pero que tiene además un 42% de pobreza y 10% de indigencia, la educación virtual es, para muchos, una quimera: o bien no disponen de ordenadores, o bien no tienen una buena conexión a Internet. O ambas cosas.

Pero el alarmismo está a la orden del día en el país. El peronista Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, aseguró que lo que se avecina no es una segunda ola, "sino un tsunami". A la vez, las ocho señales noticiosas televisivas de información continua, que se dividen entre opositoras y oficialistas, muestran signos de una polarización creciente que repercute en un clima social cada vez más tenso.

Pese a que está legalmente habilitado para tomar medidas por su cuenta, Kicillof, delfín de la vicepresidenta, Cristina Kirchner, buscó descargar la responsabilidad en el presidente. Al mismo tiempo, Rodríguez Larreta aseguró que el gran problema que tiene hoy Fernández es el fracaso de su plan de vacunación. Poco más del 10% de los argentinos recibió una primera dosis, mientras que menos del 2% accedió a la segunda.

"En la ciudad de Buenos Aires, vacuna que entra, vacuna que se aplica. Pero mañana nos quedamos sin vacunas en la ciudad. El gobierno no cumplió con el plan de vacunación, ese es el problema".

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