Con un “viraje ortodoxo”, el gobierno argentino logra una tregua cambiaria hasta fin de año

Con un “viraje ortodoxo”, el gobierno argentino logra una tregua cambiaria hasta fin de año

El ministro Guzmán gana poder y da señales de moderación en los planos monetario y fiscal. Sin embargo, en el mercado advierten que la actual paz financiera podría ser apenas pasajera

La sensación que predomina por estos días en Argentina es que el gobierno dobló justo cuando parecía que estaba por chocarse contra un muro. Con una brecha entre el tipo de cambio paralelo y el oficial que se situaba en 130%, y con anuncios de medidas que en vez de traer calma empeoraban la situación, todo indicaba que se terminaría en una crisis.

La devaluación del peso parecía inevitable y, en Argentina, eso no implica apenas una cuestión cambiaria sino una verdadera crisis social, porque los antecedentes históricos marcan que detrás de una suba abrupta del dólar viene una oleada de remarcaciones de precios, particularmente en alimentos. En un país con un índice de pobreza de 40%, y cuando el desempleo encubierto asciende a cerca del 30%, una situación así conlleva un riesgo de explosión violenta.

La medida de la preocupación que generó esta situación es que el pedido de cambio de rumbo vino desde dentro del propio gobierno, más concretamente de Cristina Kirchner, quien dio a entender que en este momento la prioridad del gobierno debía ser evitar la devaluación a toda costa. Aun cuando ello implicara tomar medidas ortodoxas que al kirchnerismo le desagradan y aun cuando hubiese que “tragar sapos” como pedirle dinero al Fondo Monetario Internacional, una instancia que siempre se quiso evitar (sobre todo después de haber criticado al macrismo en la campaña electoral por ese mismo tema).

Cristina hizo alusión a la necesidad de buscar una solución de fondo a lo que ella diagnosticó como un problema estructural de la Argentina desde hace décadas: el bimonetarismo de la economía, que lleva a una demanda permanente de dólares por parte tanto de empresas como de ahorristas, lo cual implica problemas en la balanza de pagos que suele derivar en controles como el “cepo” o en grandes crisis devaluatorias.

Fue en atención a esta realidad que Cristina dio su “bendición” para que el gobierno buscara un diálogo con sectores con los que ella está en abierta animosidad, tales como los exportadores de cereales –principales proveedores de dólares de la economía-, los bancos y la cúpula industrial.

Permiso para emitir deuda
En el marco de esa tregua política para buscar un “aterrizaje suave” a la crisis cambiaria, se produjeron cambios en pocos días que trajeron algo de oxígeno. Por ejemplo, se concentró todo el poder de las decisiones en el ministro Martín Guzmán, que antes había sido desautorizado por otros funcionarios y, sobre todo por el Banco Central.

Alberto Fernández se convenció de “empoderar” a su ministro cuando quedó en evidencia que las medidas restrictivas pergeñadas en el Central sólo habían conseguido que el dólar blue tuviera un piso más alto, que los ahorristas asustados se llevaran sus dólares de los bancos a un promedio de US$ 100 millones por día, que las empresas tuvieran dificultades para pagar sus deudas en dólares y que, incluso con todas esas restricciones, igual se siguieran perdiendo reservas.

Fue así que Guzmán hizo algo que sorprendió a todos: tomó un giro ortodoxo que echó por tierra con muchos de los preceptos económicos que habían sido planteados al inicio de la cuarentena. Básicamente, que era hora de terminar con la emisión descontrolada de pesos, que llevó a casi duplicar en lo que va del año la cantidad de dinero de la economía. A inicios de año, la necesidad de hacer funcionar “la maquinita” casi no tenía discusión, porque estaba el ejemplo de los países europeos que expandían sus bases monetarias para evitar quiebras masivas.

Pero el ahora “empoderado” ministro leyó que había cambiado el humor del mercado, que empezaba a caer la demanda de pesos y que los argentinos estaban dispuestos a hacérselo saber de una forma bien elocuente: comprando todos los dólares que pudieran.

Fue así que, decidido a pasar la aspiradora para sacar pesos de la plaza, emitió
una serie de bonos con los cuales financiar al tesoro. Los economistas proyectan
que hasta fin de año el gobierno podría tomar deuda por 800.000 millones de peos
argentinos, unos US$10.000 millones al tipo de cambio oficial.
El mensaje es inequívoco: se buscará por todas las vías posibles dejar de
depender de la asistencia monetaria del Banco Central. Y para que no hubiese
duda sobre esas señales, emitió un comunicado en el cual indica que “devolverá”
anticipadamente un monto de 100.000 millones de pesos que el BCRA le había
dado en concepto de adelantos.
Además, se decidió a otra medida que tenía resistencia interna: emitir bonos en
dólares (posiblemente por US$ 1.500 millones) para que los grandes fondos de
inversión (Pimco y Templeton, principalmente) que habían tomado deuda en pesos
durante el gobierno de Macri, pudieran tener una vía de salida del país. Al estar
“encerrados” en el mercado de pesos, esos fondos estaban presionando al tipo de
cambio paralelo, por la vía de la triangulación de bonos conocida como “contado
con liquidación”.

Su deseo de salir del riesgo argentino a como diera lugar implicaba que estaban
dispuestos a convalidar cualquier precio, y de esa forma el “contado con liqui” se
disparó hasta mirar de cerca la paridad de 200 pesos por dólar. Ahora con la
emisión de un bono en dólares “a medida”, estos fondos podrán retirarse del
mercado argentino y se espera que haya una descompresión sobre el tipo de
cambio paralelo.

No será gratis, claro, y Guzmán lo sabe. Hay un costo financiero, y es que esta estrategia implica dejar caer el precio de los bonos de deuda soberana argentina, que hoy valen incluso menos que cuando parecía que el país estaba por caer en default.

De hecho, hoy los bonos argentinos rinden una tasa de 16% un valor insólito, que está al nivel de las naciones africanas más problemáticas y que se aleja por mucho del promedio latinoamericano, donde los países se endeudan a tasas del 3%. Pero además, está el costo político: entregarle un bono en dólares a un fondo de inversión que había comprado deuda en pesos es un trago difícil de digerir para el kirchnerismo, que sabe que se le recordará este momento en la próxima campaña electoral.

La tijera fiscal entra en escena
Pero no frena ahí el giro ortodoxo de Guzmán. Tal vez lo más relevante (y más difícil de manejar a nivel político) sea la cuestión fiscal. El déficit de 4,5 puntos del PBI previsto en el presupuesto 2021 fue considerado excesivo por todo el mercado, que ve allí el adelanto de una crisis inflacionaria, dado que la mayor parte de ese “rojo” deberá ser financiada con emisión pura del Banco Central.

Por eso, el ministro empezó a enviar señales de moderación. Primero, se confirmó que el congelamiento de tarifas establecido para la emergencia de la pandemia efectivamente terminará a fin de año y que no se prolongará indefinidamente, como había ocurrido en anteriores emergencias.
La parte buena es que esto le permite al Estado un ahorro fiscal en concepto de subsidios a las empresas energéticas. Y la mala es que habrá que manejar la irritación que le provoca a la sociedad argentina tener que pagar facturas de luz y gas a niveles similares a los que se pagan en cualquier país latinoamericano.
Es allí donde muchos recordaron el lema que suele recorrer la city financiera porteña, en el sentido de que los ajustes económicos reales sólo los puede hacer el peronismo, porque es el único partido con manejo sobre el sindicalismo, el movimiento piquetero y “la calle”.

Otro ejemplo en ese sentido es el uso de las jubilaciones como variable de ajuste. En el Congreso se está discutiendo una nueva fórmula de ajuste que ata la indexación del haber jubilatorio al nivel de recaudación del sistema de seguridad social. Es decir, un típico esquema “pro-cíclico” que hace que las jubilaciones se recuperen en momento de economía en crecimiento y que caigan cuando hay recesión y desempleo. Por una reforma infinitamente menos regresiva que esa, hace tres años Macri debió sufrir manifestaciones de repudio que incluyeron una guerra campal con la policía, a la que los opositores arrojaron 17 toneladas de piedras y escombros.
Y el tema no frena allí: las señales de moderación de los últimos días incluyeron la insinuación de que los programas de asistencia que este año cubrieron a unos nueve millones de desocupados y que ayudaron a las empresas a pagar la mitad de los salarios, llegarán a su final. Serán sustituidas por un régimen mucho más acotado que, como máximo, implicará una ayuda estatal para menos de tres millones de personas.
Como resultado de estas medidas, se espera que el déficit fiscal, originalmente previsto en 8% para este año, baje al 7%. Mientras que para el año próximo se podría recortar un punto de gasto.
¿Una paz apenas transitoria?
Lo grave es que, aun con todas estas medidas, en el mercado nadie da por terminada la crisis. El campo sigue mostrándose reticente a hacer grandes liquidaciones de divisas, y en la City porteña ya hay advertencias en el sentido de que si antes de fin de año Guzmán no logra mejorar la situación y el Banco Central no sube su nivel de reservas, será difícil atravesar el verano sin una crisis.
Hay un tradicional factor estacional según el cual en el fin de año aumenta la demanda de pesos, dado que las empresas necesitan pagar aguinaldos y saldar obligaciones financieras. Ese es el momento que el gobierno debe aprovechar para fortalecer su posición. Si no lo logra, en enero sufre el efecto inverso del desplome en la demanda de pesos, cuando todavía tiene que esperar hasta marzo para que entren los dólares de la cosecha agrícola. Es por eso que tradicionalmente las grandes devaluaciones argentinas se producen en enero y febrero.

Hay un factor que juega a favor de Guzmán y es que, a diferencia de lo ocurrido en crisis anteriores, esta vez nadie hace un diagnóstico de que exista un atraso cambiario. Pero en su contra, todavía quedan demasiadas dudas sobre la voluntad política del gobierno de dar respaldo a un ajuste en serio.

www.prensa.cancilleria.gob.ar es un sitio web oficial del Gobierno Argentino