Con el esquema tributario “más atractivo” de la región y en camino al investment grade, Paraguay seguirá atrayendo inversores uruguayos, dice su ministro de Hacienda

Con el esquema tributario “más atractivo” de la región y en camino al investment grade, Paraguay seguirá atrayendo inversores uruguayos, dice su ministro de Hacienda

Paraguay se anotó en esa lista mostrando algo de estabilidad política y órden macroeconómico: creció fuerte hasta hace poco —cuando se esfumó el boom de los commodities y el clima se puso adverso—, tuvo superávit en sus cuentas públicas y adoptó una regla que impone límites al manejo fiscal.

Al mismo tiempo que Chile perdía brillo, en los últimos años otros países fueron sacándose lustre como nuevas joyitas de la región. Paraguay se anotó en esa lista mostrando algo de estabilidad política y órden macroeconómico: creció fuerte hasta hace poco —cuando se esfumó el boom de los commodities y el clima se puso adverso—, tuvo superávit en sus cuentas públicas y adoptó una regla que impone límites al manejo fiscal, un instrumento que la ministra Azucena Arbeleche también quiere para Uruguay. Además, hizo y está haciendo reformas que deberían hacer más atractivo el clima de negocios. ―Es incomparable el sistema tributario nuestro con el de la región; sigue siendo el más atractivo‖, y con eso continuará el flujo de inversión uruguaya —como el que llegó al agro, el retail o el sector inmobiliario guaraní—, dijo a Búsqueda su ministro de Hacienda, Benigno López Benítez (L.B.).

Paraguay es, también, un potencial competidor en los mercados de colocación de deuda soberana. Más temprano que tarde, las calificadoras de riesgo terminarán por darle a sus bonos el grado de inversión sin riesgo o investment grade, presagia el jerarca, medio hermano del presidente del país, Mario Abdo. Él, junto con el viceministro de Economía, Humberto Colman (H.C.), participaron la semana pasada en un foro organizado por la publicación Latinfinance y Fonplata en Montevideo, y en ese marco mantuvieron la siguiente entrevista con Búsqueda.

—La economía de Paraguay se vio afectada recientemente por una sequía, por inundaciones y, en lo externo, por una caída en los precios de los commodities.¿Cuál es la perspectiva a corto y mediano plazo?

—L.B. Este año vamos a retornar a la senda de crecimiento.

En los informes preliminares del Banco Central se habla de un crecimiento sincronizado, todos los sectores están creciendo a niveles adecuados.

Eso nos lleva a pensar en un año en que la economía volverá al crecimiento habitual, que en los últimos 15 años fue de 4,5% anual, en promedio. Creemos que vamos a llegar a un 4% o 4,5%.

Incluso, hay una recuperación de precios. La sequía afectó a Brasil este año y la expectativa es que nuestros productos tengan una recuperación adecuada por este lado.

—Se ha referido a Paraguay como un país de dos caras, con logros macroeconómicos en años recientes pero con cuentas pendientes en lo social y en materia de infraestructura. ¿Cómo atacar esos déficits en un marco de restricción fiscal?

—L.B. El presidente tuvo la visión de encarar reformas importantes. Una fue la del sistema tributario, que va a permitir generar mayores recursos sin afectar la competitividad de nuestro sistema, que de por sí es ventajoso. También estamos trabajando en una hoja de ruta para la reforma educativa, de modo de, a través de una política pública que se mantenga en el tiempo, incorporar las habilidades del siglo XXI y enfrentar adecuadamente los desafíos de esta nueva revolución industrial. El sistema actual no está dando la educación de calidad que se requiere. Asimismo, estamos trabajando en la mejora de la salud, para que también sea un servicio de calidad.

—H.C. La ley de modernización y simplificación tributaria aprobada el año pasado en tiempo récord, muestra la capacidad de gobernanza que ha tenido el gobierno, a pesar de lo complicado del 2019. En una estimación conservadora, esta reforma nos permitiría recaudar cerca de US$ 300 millones, 0,7% del Producto Bruto Interno; estos recursos están blindados y previstos exclusivamente para esa agenda de reforma de salud y educativa.

Otro elemento muy importante es la agenda digital. Es un proceso en marcha para desburocratizar servicios públicos escenciales para la ciudadanía, ofreciendo un formato más amigable y bajar los costos.

—L.B. Esa agenda digital va a permitir la conexión de la última milla en todos los hospitales, las escuelas y las comisarías, de tal manera que sea mucho más eficiente. Nuestro país sigue moviéndose en papel; será un cambio tecnológico fundamental, y vamos a la construcción de un ciudadano digital.

—¿La reforma tributaria puede quitarle atractivo a Paraguay como destino de la inversión extranjera?

—L.B. No; tuvimos esa discusión muy fuerte con el sector privado el año pasado, antes de presentar la ley. Paraguay seguirá siendo atractivo en cuanto a la presión tributaria. De hecho, no hemos subido tasas y continúan siendo el 10%, 10%, 10% (para renta empresarial, personal e IVA). Sí hemos encontrado situaciones donde había cierta flexibilidad y opacidad respecto a qué se podía deducir de la renta; éramos el único país que permitía deducir prácticamente todo. Ahora habrá ciertas restricciones. Pero, en realidad, vemos que será mucho más eficiente y no habrá un rechazo, como podría haber ocurrido si subíamos las tasas. Será recordada como una gran reforma, cuando empiece a generar recursos para la educación, salud y la infraestructura.

—H.C. La reforma tributaria busca equidad al instaurar una tasa a los dividendos que perciben los propietarios de empresas. También incorpora componentes de formalización para los pequeños comercios, sin costo, además de estándares de control en materia tributaria que permitirá reducir la evasión. A pesar de todo eso, la tasa efectiva para una empresa que se radica en Paraguay la bajamos: 10% es la tasa global del impuesto a la renta, pero tenía que sumarle 5% por distribución de utilidades y luego un 15% si la remesaba al exterior. Ese 5% lo volamos, con lo cual la tasa efectiva disminuyó de 27% al 25% o 24,5%.

—¿Seguirá el flujo de inversiones de uruguayos que se dio en los últimos años, no solo al campo paraguayo?

—L.B. Sí, va a seguir. Es incomparable el sistema tributario nuestro con el de la región; sigue siendo el más atractivo.

—H.C. Hay un elemento más, que hace a la construcción del clima de negocios: empresas por acciones simplificadas, la actualización de la ley de quiebra e insolvencia; y la instauración de la figura de las garantías mobiliarias para los créditos. Esto va a reducir costos para la apertura de empresas y ayudará en el proceso de formalización de la economía.

—¿Está en el horizonte cercano que Paraguay obtenga el inverstment grade? ¿Es un propósito, por ejemplo, para este período de gobierno?

—L.B. Somos optimistas, en el sentido de que Paraguay ha hecho bien las cosas; es una trayectoria de casi ya 20 años. El país ya está siendo tratado por el mercado como si fuese un emisor con grado de inversión: nuestra última colocación fue a 30 años a una tasa de 4,45%.

Además de la agenda de reformas del gobierno en las áreas ya mencionadas, hemos adecuado todo el sistema de prevención de lavado de dinero mediante 12 leyes aprobadas en un año. Hay algunas cuestiones históricas; la evasión como delito precedente del lavado, algo que era tabú en Paraguay y que todavía se sigue discutiendo en algunos lugares, ya la incorporamos. También la lucha contra el crímen organizado y la mejora del ambiente de negocios son aspectos que van sumando, y entonces, en algún momento, el grado inversor es algo que se dará.

—El nuevo gobierno uruguayo se propone instalar una regla fiscal. ¿Qué lecciones señalaría de la experiencia de Paraguay en este aspecto?

—Primero, el compromiso político. El Poder Ejecutivo lo presentó y el Legislativo lo aprobó. Y después, su cumplimiento: si hay una ley y no se cumple, pierde credibilidad.

 

La regla fiscal ayudó a fortalecer una credibilidad del equipo económico, que ya tenía en los últimos años. También ayudó a ordenarnos: antes la estimación de ingresos la hacía cualquiera, no había una fórmula clara en el sistema legal; con la regla, cuando se habla de recursos o ingresos adicionales, el Ministerio de Hacienda tiene que dar su visto bueno. Eso hace que se controle mejor el gasto.

Otra lección es que la regla tiene su clásula de escape. Ante sucesosextraordinarios, como los que hubo el año pasado, pudimos aplicarla de manera eficiente y enfrentar la caída de ingresos de más de US$ 300 millones que produjo la cuestión climatológica. El tope se subió al 3%, de tal manera de no parar la economía ni frenar las inversiones. Todo eso se dio porque había un consenso político y un compromiso para cumplir con la regla.

—Uruguay tiene actualmente un déficit fiscal cercano a 5% del Producto. ¿Cuál era el punto de partida cuando Paraguay adoptó la regla en 2014?

—L.B. Veníamos de ocho años de superávit fiscal y nunca tuvimos un déficit complicado.

—H.C. Vale la pena mencionar que en el orígen de la ley de responsabilidad fiscal estuvo que, a fines de 2011, se aprobó un aumento de salarios del orden del 40%, por iniciativa del Congreso. Eso fue un punto de inflexión, entre años de superávit a otros de déficit fiscal. La ley fue un elemento importante para controlar el crecimiento del gasto corriente, no tanto su estructura. Reforzó lo que Paraguay tiene en su ley de administración financiera pública, la famosa regla de oro: solo puede tomar deuda para financiar gasto de capital, es decir, inversiones o amortizaciones de deudas anteriores. Esto implica que el espacio de endeudamiento hasta el límite de déficit de 1,5%, solamente puede ir a inversiones.

—¿Qué expectativas tiene acerca del gobierno de Lacalle Pou? ¿Uruguay será un aliado en el Mercosur?

—L.B. Para nosotros la integración es clave. Va a haber afinidad entre los presidentes, y eso ayudará mucho. Uruguay es siempre un país al que recurrimos.

—H.C. Creemos que como nunca antes hay una vocación integracionistaproductiva dentro del Mercosur. Paraguay acaba de firmar un acuerdo automotriz, primero con Argentina y luego con Brasil. Este va a ser un primer punto en la agenda con Uruguay, para tener un acuerdo, y después tener un tratado a escala del Mercosur que permita finalmente que podamos hablar de verdad de cadenas de valor regionales.

 

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