Colombia se hunde en el desgobierno

Colombia se hunde en el desgobierno

16:06 - El estallido de las protestas sociales a raíz de reivindicaciones económicas ha dado paso a un escenario de desestabilización política en plena pandemia.

Resulta muy preocupante lo que está sucediendo en Colombia. El estallido de las protestas sociales a raíz de reivindicaciones económicas ha dado paso a un escenario de desestabilización política en plena pandemia. El Gobierno de Iván Duque atraviesa desde luego sus horas más bajas, y ello en buena medida se debe a los errores que ha cometido en la gestión de esta crisis, que comenzó con su proyecto de ley de reforma tributaria. Ahora bien, no es menor la responsabilidad de sectores de la oposición y de otros agentes sociales que han decidido, con tóxico ventajismo, apostar por el cuanto peor mejor para intentar sacar rédito de unas circunstancias que ponen en riesgo serio la estabilidad del país. En ese sentido, el populista de izquierda radical Gustavo Petro, quien optará de nuevo a la elección presidencial en 2022 aupado por unas encuestas que hoy le sonríen, no está dudando en echar gasolina al fuego del desgobierno, al más puro estilo bolivariano, lo que constituye una enorme temeridad.

El Ejecutivo de Duque se equivocó tanto en la forma como en el tiempo al presentar sus planes fiscales. Colombia está sufriendo severamente el seísmo de la covid y sus ciudadanos, en especial su clase media, ha visto muy dañada su economía. Mal momento para asumir una reforma impositiva que conllevaba, entre otras cosas, la creación de nuevos tributos en línea con los existentes en Europa para financiar el sostenimiento del Estado del bienestar. Un propósito loable en un contexto endiablado. Pero además, resulta inadmisible el uso desproporcionado de la fuerza con la que los cuerpos policiales han tratado de reprimir las protestas en los últimos días. La brutalidad policial ha sido denunciada por la ONU y por la UE, pues se ha cobrado la vida de al menos 19 personas. De ahí que a Duque no le quedara más remedio que entregar la cabeza de su ministro de Hacienda y abortar el proyecto de ley, mientras reclama desde hace días sensatez al conjunto de la nación y ofrece diálogo a todas las partes para resolver esta crisis. Con todo, cabe reconocer valor y sentido de Estado a Duque al afrontar una cuestión tan sensible como la reforma fiscal, que Colombia viene necesitando desde hace muchos años para paliar las grandes desigualdades en el país. Sin un replanteamiento profundo de los tributos es imposible sacar adelante los programas sociales -que benefician sobre todo a quienes menos tienen- y la urgente estabilización financiera de una nación en la que cada vez preocupa más el déficit. Lo fácil, y lo profundamente irresponsable, es agitar mantras populistas y recurrir a clichés de lucha de clases como hace Petro.

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