Colapso económico en Birmania y hambruna para millones de personas en los próximos meses

Colapso económico en Birmania y hambruna para millones de personas en los próximos meses

El Banco Mundial predijo que la economía de Birmania se recuperaría y crecería un 5,9%. Ahora, el Banco Mundial pronostica que el PIB se contraerá un 10% en 2021

En Birmania, la economía ha colapsado. El sistema bancario se ha paralizado. Miles de sucursales están cerradas. También las fábricas. Hay continuas huelgas en todo el país. Muchas empresas han parado los pagos a sus trabajadores. Las grandes compañías internacionales han mandado a sus empleados al extranjero. Las importaciones y exportaciones se han detenido. Tampoco entra la avalancha de inversiones extranjeras de hace una década. Además, el país continúa totalmente cerrado por las restricciones de la pandemia.

A finales del año pasado, tres meses antes del golpe de Estado, el Banco Mundial predijo que la economía de Birmania se recuperaría y crecería un 5,9%. Ahora, el Banco Mundial pronostica que el PIB se contraerá un 10% en 2021 y que casi dos millones de personas caerán por debajo del umbral de pobreza.

"La inseguridad alimentaria está aumentando drásticamente a raíz del golpe militar y la profundización de la crisis financiera. Se espera que millones de personas más pasen hambre en los próximos meses", reza un comunicado difundido este jueves por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA). "Hasta 3,4 millones más de personas tendrán dificultades para comprar alimentos en los próximos tres a seis meses, y las zonas urbanas se verán más afectadas a medida que aumentan las pérdidas de puestos de trabajo en la fabricación, la construcción y los servicios", continúa.

El PMA también alerta de la subida del precio de los alimentos básicos. El arroz y el aceite han subido un 5% y un 18% respectivamente desde finales de febrero. "Hay muchos indicios de que las familias de la capital comercial, Rangún (ahora conocida como Yangón), se están endeudando y alimentándose de productos baratos con pocos nutrientes", dice el comunicado.

Birmania mañana será mucho más pobre de lo que era ayer. La crisis humanitaria, política y sanitaria ha borrado los avances para reducir la pobreza en una nación donde seis millones de personas viven con menos de 2,66 euros al día y una cuarta parte de los niños del país son demasiado pequeños para su edad debido a la malnutrición.

Mientras la hambruna asoma, la represión del ejército continúa: hay un centenar de actores, cómicos, cantantes e influencers que están en un listado de "busca y captura" por apoyar en sus redes sociales las protestas contra un golpe de Estado. Según ha denunciado la ONU, el nuevo gobierno militar está condenando a muerte a los detenidos durante las manifestaciones. Varias asociaciones locales dicen que se han producido más de 600 ejecuciones extrajudiciales. Además, el ejército estaría cobrando 70 euros a las familias que quieren recuperar los cadáveres de sus familiares asesinados por los propios militares, que están usando rifles de asalto y granadas.

En las calles siguen a diario las protestas y los ruegos para que una coalición internacional de la ONU intervenga. Están apareciendo radios piratas que se saltan la censura para leer a diario los nombres de todos los manifestantes asesinados y recitar poemas revolucionarios sobre el movimiento de desobediencia civil que surgió para oponerse a la junta militar que tomó el poder el 1 de febrero.

Al menos 738 personas han muerto -incluidos 46 niños- a raíz de la brutal represión de las fuerzas de seguridad. Otras 3.260 permanecen arrestadas, según la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP). Otro dato significativo es que, como explicó ayer Tom Andrews, relator especial de la ONU en el país, la situación ha provocado que haya casi 250.000 personas desplazadas. La mayoría se encuentran escondidas en los bosques cercanos a las fronteras. Pero muchos birmanos ya han cruzado a países vecinos como India y Tailandia, comenzando lo que puede ser un movimiento masivo de nuevos refugiados. Mientras, algunas organizaciones étnicas armadas de Birmania (EAO), guerrillas que controlan varias regiones, amenazan con enfrentarse al ejército, lo que podría empujar a una guerra civil.

"Estamos viviendo un genocidio. Y la ONU tiene un compromiso firmado por todos los países desde 2005 -responsabilidad de proteger- para proteger a una población que está sufriendo un genocidio. Los manifestantes no tenemos miedo a morir y seguiremos con nuestra lucha por la democracia. La única manera de parar esta masacre es que la ONU envíe a sus tropas", decía a este periódico Aye Chann Aung, un estudiante de Derecho en Rangún.

En el tablero internacional hay posiciones encontradas. Mientras que Estados Unidos y Europa han condenado el golpe militar e impuesto sanciones contra el ejército y sus conglomerados económicos, potencias como China y Rusia, principales exportadores de armamento a Birmania, mantienen distancias bajo una política de "no interferir en los asuntos internos de otros países". Son las únicas grandes economías que no han definido lo que sucede en el país del Sudeste Asiático como un golpe de Estado.

Además, como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China y Rusia han usado su derecho de veto para frenar cualquier posición más firme del organismo contra los militares birmanos o unas futuras sanciones más duras como el embargo de armas. Esta posición les acerca más a la junta militar que al gobierno civil de la líder Aung San Suu Kyi, elegido democráticamente en las urnas el pasado mes de noviembre. La semana pasada se creó el autodenominado "gobierno legítimo", formado por los parlamentarios del partido de Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia (LND), derrocado por el ejército.

Con la ONU atada de manos por las posturas de China y Rusia, el papel más relevante para mediar en Birmania pasa por los países vecinos que forman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que ha convocado una reunión en Yakarta con sus líderes este sábado para abordar la situación en Birmania. Aunque la polémica ha envuelto a este encuentro ya que el líder del golpe militar, el general Min Aung Hlaing, está invitado a la cumbre de primeros ministros y presidentes de la ASEAN, formada por Brunéi, Camboya, Laos, Indonesia, Malasia, Vietnam, Tailandia, Singapur, Filipinas, y Birmania.

El martes, la agrupación Parlamentarios de la ASEAN por los Derechos Humanos (APHR) pidió que también fuera invitado a la reunión el gobierno civil que se formó la semana pasada como alternativa a la junta militar. "La ASEAN no puede debatir adecuadamente la situación en Birmania sin escuchar ni hablar con el gobierno de unidad nacional. Si su propósito es realmente reforzar la democracia, como se establece en su carta, deben darles un lugar en la mesa", propusieron desde la APHR.

El problema es que ni siquiera en la ASEAN hay unanimidad para condenar el golpe de Estado en Birmania. Hay un bloque fuerte, liderado por Singapur e Indonesia, que ha sido contundente criticando la represión. Pero hay países como Tailandia, regido por un sistema civil-militar, que mantiene buena relación con el ejército birmano, como ha demostrado repatriando a miles de birmanos que huían de su país.

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