China y el CPTPP: los retos

China y el CPTPP: los retos

Recientemente China anunció oficialmente su interés por ser parte del CPTPP, el ambicioso acuerdo comercial transpacífico conformado por 11 países, México incluido. Lo anterior no es sorpresa, pues desde noviembre de 2020, en la Cumbre de Líderes del foro APEC, Xi Jinping, Presidente de China, así lo adelantó.

El acuerdo transpacífico, en su versión inicial (TPP), fue fuertemente impulsado por EU, firmado entre 12 partes en 2016, y luego del retiro de ese país en 2017, dicho acuerdo fue rescatado y ajustado por las 11 partes restantes, y puesto en vigor como CPTPP en diciembre de 2018. Desde entonces, la expectativa por un eventual regreso de EU, y el deseo por expandirlo han sido permanentes. La decisión de las partes de iniciar este año el proceso de adhesión del Reino Unido al acuerdo lo confirma.

La formalización del interés chino en el CPTPP capturó la atención del mundo comercial, pues China no sólo busca adoptar una plataforma originalmente propuesta por EU, sino que se adelanta a este país, obligándolo a apresurar una respuesta en el eje comercial de su estrategia hacia la región, incluso así sea de forma inicialmente limitada, como algunos lo han sugerido, mediante un acuerdo sobre reglas para el comercio digital.

El anuncio también crea una situación difícil para las partes del CPTPP, pues deberán enfrentar algo que no buscaban en este momento: el desafío de incluir al mercado más grande del mundo como parte del conjunto de reglas comerciales preferenciales más ambiciosas a nivel regional. Por un lado, la naturaleza de la economía china, con una fuerte presencia y dirección estatal, el presunto alejamiento de principios de mercado, los altos estándares del CPTPP en este sentido, así como percibidas prácticas comerciales coercitivas de China hacia países como Australia, complicarán el consenso hacia un proceso de adhesión. Por el otro, la relevancia china en las cadenas de suministro transpacíficas, el mercado que representa para las exportaciones de varios países del CPTPP, y su creciente peso a nivel global generan incentivos para su adhesión.

Para México, esto abriría frentes múltiples. Al interior, con diversos sectores productivos, tradicionalmente sensibles a cualquier apertura con el gigante asiático. Con China, para definir el lugar que ese país ocupará en nuestra política comercial. Con las otras partes del CPTPP, por los desencuentros respecto a una adhesión china. Y más importante, con EU, si este país decidiera invocar el artículo 32.10 del T-MEC, que prevé las condiciones aplicables, entre ellas la posibilidad de terminar el tratado, si una de las partes del T-MEC negocia un TLC con un país considerado de economía que no es de mercado.

La encrucijada que ahora enfrentan las partes del CPTPP es cómo proyectar esta plataforma a futuro: no dando entrada a la solicitud de adhesión china, con la expectativa de operar un regreso de EU a este acuerdo, que no es claro que vaya a suceder, ni cuándo, o si ese regreso será condicionado a modificaciones que no resulten digeribles para las actuales partes; o bien decidiendo a favor de negociar los términos de una posible adhesión de ese país, viéndolo como una segunda pero incierta oportunidad para comprometer a China, a casi 20 años de su adhesión a la OMC, con estándares altos de principios de mercado. Cualquier opción conlleva retos e incertidumbre.

De avanzar la solicitud china, ello cambiaría la narrativa en el mundo comercial a nivel regional y multilateral. Si dicha solicitud se bloqueara, las implicaciones también serían de amplio alcance.

En un contexto en el que se repiensa el diseño y operación de las cadenas de suministro regionales y globales, este nuevo frente representará un desafío más, de trascendencia geopolítica, para la política comercial de México y el posicionamiento del país en el tablero comercial global.

El autor fue jefe negociador del TPP y Embajador de México ante la OMC

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