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China es la ganadora de la pandemia, y con ella Alemania

China es la ganadora de la pandemia, y con ella Alemania

El valor de las exportaciones del país germano a la superpotencia asiática ha superado los sesenta mil millones de euros durante la pandemia y ha «salvado» el mercado automovilístico alemán

Mientras las economías occidentales se derrumban, ahogadas por la parálisis forzada por la pandemia, la economía china acaba de presentar un sorprendente crecimiento del 4,9% en el tercer trimestre y las previsiones apuntan a que en 2021 el PIB chino avanzará entre un 7 y un 8%. El secreto de esta recuperación parece ser la rapidez de aplicación de las medidas para evitar el resurgimiento del virus y el flujo de la demanda exterior, que sigue en aumento. Las exportaciones chinas ganan cinco puntos de cuota de mercado a nivel global y, pese a haber sido el epicentro de la crisis sanitaria, China toma claramente ventaja frente al resto de las principales economías, que no logran la ansiada recuperación en “v”. Si además tenemos en cuenta que China es uno de los grandes compradores de la deuda que emiten el resto de los países para financiar las ayudas para contrarrestar la crisis económica, la conclusión resulta evidente: China es al gran ganadora de esta crisis.

Esa es la conclusión de Max J. Zenglein, economista jefe del Instituto Mercator de Estudios Chinos de Berlín (Merics), que da por buenas las cifras que ofrece Beijing después de contrastarlas con otros indicadores. «Lo más impresionante de los datos de crecimiento es sin duda el aumento del 0,7% con respecto al año anterior», señala, «también se espera que las exportaciones acumuladas sean más altas que en 2019 y son datos que contrastan con el resto de las economías del mundo». No sería la primera vez que la agencia nacional de estadísticas de China siempre se las arregla para obtener datos económicos increíbles, datos que suelen encajar exactamente en el plan de la dirección del Partido Comunista, pero Merics considera creíble esta última información. «Las cifras parecen sólidas», dice Max J. Zenglein, «porque el consumo nacional de electricidad está aumentando significativamente, al igual que el número de coches vendidos o billetes de avión domésticos para la "Semana Dorada" de principios de octubre, en la que más de 600 millones de chinos viajaron por su país a pesar del virus».

Los observadores aseguran que las zonas comerciales de las grandes ciudades vuelven a estar tan llenas como antes de la pandemia y que «el tráfico está aumentando nuevamente». «Todos estos son indicios de que la actividad económica china avanza a buen paso y eso es gracias a que el gobierno ha dominado la pandemia y ha contenido las consecuencias económicas, especialmente para la clase media», expone J. Zenglein, «la producción industrial ha estado aumentando durante meses, sobre todo gracias a los programas de apoyo del gobierno. Pero ahora el consumo privado también está aumentando. Por primera vez desde el comienzo de la pandemia, las ventas minoristas están aumentando: según las estadísticas, los chinos compraron un 3,3% más en septiembre que hace un año».

«El gobierno chino ha propiciado esta recuperación, entre otras cosas, con recortes de impuestos, préstamos de emergencia y vales de compra para apoyar a empresas medianas y hogares privados», dice Zenglein. «Eso aparentemente ha funcionado», dice, recordando que esta estrategia ya demostró su efectividad durante de la crisis financiera mundial de 2008-2009. En ese momento, el régimen de Beijing reforzó su propia economía con un programa económico gigantesco que impulsó la demanda interna y del que también se beneficiaron en cadena otros países, como Alemania, gracias a sus exportaciones a la tierra del sol naciente. Ahora, durante la pandemia, la gran potencia de Asia ha superado a Francia como el segundo mercado de ventas más grande para la industria exportadora alemana. De enero a agosto, las estadísticas de comercio exterior de Alemania muestran exportaciones a China por valor de 60.300 millones de euros. En primer lugar está, todavía, EE.UU. con 65.800 millones de euros. En cuanto a las importaciones, la República Popular Comunista ha sido durante mucho tiempo el principal proveedor de la República Federal y esa tendencia se mantiene inalterada también en 2020.

Para las empresas automovilísticas de Alemania, China es de hecho la salvación este año. En el segundo trimestre de 2020, cuando los países industrializados occidentales estaban completamente bloqueados, Volkswagen vendió el 53% del total de sus automóviles vendidos en todo el mundo en la República Popular. La participación de Daimler en China fue del 45%, BMW llegó al 44%. «Es como después de la crisis financiera de 2008, China está sacando del pozo a la industria automotriz mundial», dice Ferdinand Dudenhöffer, director del Centro de Investigación Automotriz del Centro CAR de Duisburg, que apunta que, «cuando el mercado automotriz nacional colapsó al comienzo de la pandemia, los líderes de China reaccionaron rápidamente. Los gobiernos provinciales y locales ofrecieron recompensas por la compra de automóviles nuevos. Las administraciones relajaron las restricciones sobre las placas de matrícula, que anteriormente se limitaban para frenar los atascos de tráfico. Y el gobierno central de Pekín amplió el programa de subvenciones para los coches eléctricos, que se suponía que expiraba a finales de año».

Los incentivos están dando sus frutos: durante seis meses seguidos, las ventas de automóviles han sido en China más altas que el año pasado. «El gobierno chino está tratando sistemáticamente de poner en marcha la economía», dice Dudenhöffer. «Y cuanto más sube el producto nacional, más gente compra coches». Dudenhöffer calcula que, a pesar de la crisis, el sector venderá alrededor de 20 millones de vehículos en China hasta finales de 2020, mucho más que en los EE. UU. (16 millones) o en Europa (12 millones) y predice que las ventas crecerán a más de 25 millones de automóviles para 2025. Después de todo, solo una pequeña proporción de los chinos posee su propio vehículo y Dudenhöffer sitúa el potencial de ventas anual en hasta 50 millones de coches.

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