Chile en marcha

Chile en marcha

Por Sebastián Piñera, Presidente de la República.

La historia de los países está escrita. Podemos aprender, comentar y reflexionar en torno al pasado; pero no podemos cambiarlo. Por el contrario, el futuro depende de nosotros. Depende de nuestras acciones, de las decisiones que tomemos y del sueño que queramos construir juntos como nación. En los últimos 30 años hemos logrado grandes avances como país: recuperamos nuestra democracia, nuestras libertades y nuestra cultura de respeto a los derechos humanos. Esta transición, que fue ejemplar y que debe llenarnos de orgullo, también nos permitió avanzar en desarrollo humano. Se redujo la pobreza de más de 40% a cerca del 8%, emergió con fuerza una clase media con más oportunidades y se logró una sociedad con mejor calidad de vida para la gran mayoría de la población.

Todos estos avances se alcanzaron con sentido de unidad, con amistad cívica, con diálogo, voluntad de acuerdos y colaboración; pero también con una economía social de mercado, instituciones sólidas y confiables y, sobre todo, gracias al trabajo y aporte de todos y cada uno de los chilenos.

Sin embargo, debemos reconocer que en los últimos años Chile perdió buena parte de ese liderazgo y dinamismo. La creación de empleos se redujo a la mitad, la productividad y la inversión cayeron durante cuatro años consecutivos, mientras que la deuda pública se duplicó y el déficit fiscal efectivo promedio del último Gobierno fue de -2,3% del PIB nacional. Esto en medio de una mayor demanda social por mejorar las oportunidades de empleo, el acceso y la calidad de la salud, la educación, las pensiones y, sobre todo, por incluir a nuestros compatriotas más vulnerables en el tren del desarrollo.

Este fue nuestro punto de partida al asumir el Gobierno hace ocho meses. Y es importante recordar dónde empezamos, para evaluar el camino recorrido y trazar una hoja de ruta a nuestro puerto de destino. Asimismo, nuestra meta, aunque exigente y ambiciosa, es clara y factible: transformar a Chile, antes que termine la próxima década, en un país desarrollado, sin pobreza, con mayor igualdad de oportunidades y con más y mejores seguridades para todos los chilenos.

Y para ello necesitamos construir un desarrollo integral, inclusivo y sustentable para nuestro país. Integral, porque sabemos que el desarrollo no se reduce al crecimiento económico, sino se refiere también a la calidad de la democracia, las instituciones, la seguridad de nuestra población y la cultura cívica. Inclusivo, porque debe llegar a todas las familias chilenas, y con especial énfasis a los grupos más vulnerables y de clase media. Y sustentable, porque el cuidado del medioambiente es una responsabilidad moral que tenemos no solo con nosotros mismos, sino también con las futuras generaciones.

Construir un futuro próspero en el que cada uno pueda desplegar plenamente sus talentos y capacidades, alcanzar su realización personal, una vida más digna y con seguridades, donde el esfuerzo individual sea justamente recompensado. Este es el más profundo anhelo, no solo de la clase media y los sectores más vulnerables de nuestra nación, sino también el de toda nuestra sociedad.

Nuestro Gobierno quiere liderar esa segunda transición al desarrollo construyendo sobre cimientos sólidos: con una economía fuerte, con instituciones robustas, pero también con espíritu de unidad, forjando acuerdos y fomentando la cultura y amistad cívica.

Por eso, Chile se ha puesto nuevamente en marcha. Hemos vuelto a crecer por sobre el promedio mundial, regional y de la OECD; el crecimiento de la inversión alcanzará cerca de 6% este año y cumpliremos con nuestra meta anual de creación de empleos, pero, a diferencia de los últimos años, con empleos de mejor calidad y con seguridad social. Pero, a pesar de que estas cifras son alentadoras, sabemos que no basta y, por eso, aspiramos a más.

Para el próximo año, los principales organismos internacionales y autoridades económicas proyectan un crecimiento entre 3% y 4% para nuestra economía. Un escenario externo, con alta incertidumbre por la guerra comercial desatada entre Estados Unidos y China, sigue siendo un riesgo para nuestro país para 2019. Es por ello que, más que nunca, debemos fortalecer nuestra economía e instituciones al interior de nuestras fronteras, con modernizaciones y reformas estructurales que urgen para nuestro desarrollo.

Esperamos que el próximo año se dé una fructífera discusión en el Congreso sobre importantes proyectos de ley como la Modernización Tributaria, la Modernización Laboral y la Ley de Pensiones. Otros proyectos como Sala Cuna Universal, Trabajo a Distancia y las leyes Pro Inversión y de Productividad también tienen especial relevancia para mejorar nuestras perspectivas de crecimiento. Por otro lado, una serie de medidas administrativas como la Oficina de Gestión de Proyectos Sustentables (GPS), la Oficina de Productividad y Emprendimiento Nacional (OPEN) y el Sistema Unificado de Permisos Sectoriales (SUPER), también contribuyen directamente en devolverle dinamismo a nuestra economía. De esa forma, atenderemos a las necesidades sociales en coherencia con los desafíos que nos impone la Sociedad del Conocimiento y la Cuarta Revolución Industrial.

Chile, nuestro largo y angosto país con más de 200 años de vida independiente, ha demostrado que puede superar muchas dificultades por complejas que sean. Esta no será la excepción. Juntos, trabajando unidos, por el bien de todos los chilenos, sabremos conquistar siempre las más grandes victorias.

Como decía San Alberto Hurtado: “nuestros padres nos dieron una patria libre. A nosotros nos toca hacerla grande, bella, humana y fraternal. Si ellos fueran grandes en el campo de batalla, a nosotros nos toca ser grandes en el esfuerzo constructor”. Y nuestro Gobierno tiene la firme convicción de que, fruto del esfuerzo, la unidad y el compromiso de todos y cada uno de los chilenos, podremos cumplir con esta gran misión, la misión de nuestra generación, la generación del bicentenario.

 

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