Carrera armamentística entre Arabia Saudí e Irán

Carrera armamentística entre Arabia Saudí e Irán

El país árabe es el tercero que más invierte en Defensa: unos 70.000 millones de dólares, el 10% de su PIB

Toda crisis en el Golfo Pérsico remite a una vieja pugna entre Arabia Saudí e Irán por la hegemonía regional. Y siempre con el petróleo como telón de fondo y con la sagrada misión internacional de asegurar su extracción y mantener libres las vitales rutas de transporte y distribución (el 85% del crudo se transporta por mar; el resto, por oleoducto). Arabia, sobre todo ella, primer exportador mundial, no puede vivir sin el 'oro negro', que supone el 85% del total de sus exportaciones y el 90% de sus ingresos.

El Golfo es tan importante desde el punto de vista económico que resulta especialmente sensible desde el político. Y Arabia e Irán, los dos países más grandes y poblados de la zona, no se llevan bien. Riad es el guardián de las esencias del sunismo ('wahabismo'). Teherán, de las del chiísmo. Arabia es... árabe. Irán, persa. Arabia es una monarquía cesaropapista. Irán, una república teocrática.

Arabia respira por el Estrecho de Ormuz, por cuya angostura pasa cada día alrededor de un tercio del crudo mundial (unos 20 millones de barriles). Sus orillas son, sin embargo, 'propiedad' de Irán, por el Este, y Omán, por el Oeste. Y, aunque Omán forma parte del Consejo de Cooperación del Golfo, encabezado por Arabia, la alianza es más formal que otra cosa. Por añadidura, Omán comparte lazos históricos con Teherán, que se hicieron especialmente visibles en las negociaciones del pacto nuclear iraní. Y si bien en Bahrein está basada la Quinta Flota estadounidense, que vela por la seguridad común, es sabido que la protección más fiable, como la caridad bien entendida, empieza por uno mismo.

Así lo estima Arabia Saudí, una península inmensa, pero 'encajonada' entre dos pasillos acuáticos, el Mar Rojo, cerrado por el Estrecho de Bab El Mandeb, y el Golfo Pérsico, asfixiado por el de Ormuz. El país es ya es el tercero, tras Estados Unidos y China, que más invierte en Defensa: prácticamente 70.000 millones de dólares, el 10% de su PIB. A su tradicional interés en potenciar sus poderosas fuerzas terrestres y aéreas, está añadiendo ahora su dedicación a las navales.

Ha emprendido un ambicioso y caro programa de ampliación y modernización de su Marina de Guerra para imponerse a la iraní, que consta como columna vertebral de un enjambre de pequeñas, maniobrables y veloces embarcaciones dotadas con cañones, torpedos y misiles de corto alcance. Características muy adecuadas para operar en las aguas interiores del Golfo. Pero Irán no se conforma con ese tipo de flota. A fin de aumentar sus capacidades navales, está construyendo y poniendo en servicio seis nuevas fragatas de la clase 'Mowj', basadas en las tres de la clase 'Alvand', ya muy antiguas, botadas a finales de los 60.

Arabia, como respuesta a ese rearme vecino, apuesta fuerte. Situará en el mar en los próximos años nueve unidades de entre 3.000 y 4.000 toneladas, que se unirán a las tres fragatas F-3000 (clase 'La Fayette') rebautizadas como clase 'Al Riyadh'. Buques que, aumentado su desplazamiento original a las 4.800 toneladas y con algunas mejoras de capacidades, se encargaron expresamente a Francia en 2002 y 2004 para suceder a las cuatro F-2000 compradas en los años 80 y ya hoy al final de su vida útil.

También dispondrá Arabia de cuatro LCS (buques de combate litoral) y cinco 'Avante', corbetas construidas por España en los astilleros Navantia y similares a las cuatro entregadas a Venezuela entre 2011 y 2012. Unos y otras con abundante provisión de misiles SAM contra los numerosos misiles balísticos y de crucero iraníes. Especialmente, entre estos últimos, el moderno 'Hoveizeh', con un alcance de 1.300 kilómetros.

Acorde con sus intereses cercanos, Arabia, al igual que Irán, ha contado siempre, por las mismas obligadas razones prácticas, con una Marina esencialmente costera y no oceánica, servida por embarcaciones de menor porte y, eso sí, bien dotadas para la guerra antisubmarina.

Y es que la Marina saudí sufre con relación a la iraní una larga deficiencia: no cuenta con sumergibles. Irán, en cambio, posee tres de la clase 'Kilo' (de 3.000 toneladas, fabricación soviética y en servicio con la Marina rusa) y alrededor de una treintena de otros modelos de inferior desplazamiento. Incluidos 24 submarinos 'enanos', de la clase 'Ghadir', de sólo 120 toneladas, pero muy útiles en las aguas poco profundas del Golfo. Un cardumen de 'pirañas'. Arabia, al parecer, piensa dotarse próximamente de siete sumergibles de la clase 'Scorpène', de 1.700 toneladas, de propulsión diésel-eléctrica y desarrollado por un consorcio europeo formado por la compañía francesa Naval Group y la española Navantia.

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