Cambio de modelo en Brasil: Petrobras y BNDES, de gigantes a enanos

Cambio de modelo en Brasil: Petrobras y BNDES, de gigantes a enanos

Los dos grandes pilares de la economía brasileña dirigida por el Estado durante la década de gobierno del Partido los Trabajadores (PT) son el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y la petrolera Petrobras.

Sus sedes, dos rascacielos en el centro de Río de Janeiro, se conectan mediante un puente peatonal que cruza la atascada avenida Chile, un símbolo de la relación simbiótica entre las dos fortalezas estatales. Pero ya pocos lo cruzan.

El Gobierno de Jair Bolsonaro y su ministro de Economía, Paulo Guedes, han iniciado ya el desmantelamiento de las dos potencias del Estado empresarial brasileño mediante la venta de activos y, en el caso del BNDES, la liquidación parcial de su cartera de créditos.

Petrobras ha abandonado el plan de integración vertical. De tamaño drásticamente reducido, se especializará sólo en producción sin refinerías ni gasolineras y ya sin la posición dominante que la ley le concedía para explotar las reservas de petróleo de la capa de presal de 4.000 metros bajo el Océano Atlántico.

El BNDES, por su parte, está vendiendo tantas acciones en su cartera que muchos creen que el objetivo de Guedes a medio plazo es cerrar el icónico banco creado por el presidente desarrollista Getulio Vargas, en 1952 y que llegó a ser más grande que el Banco Mundial.

Así mismo, muchos consideran que la venta masiva de activos de Petrobras es el primer paso hacia su total privatización aunque Guedes no ha incluido la empresa en el paquete de privatizaciones.

Tanto en BNDES como en Petrobras, las acusaciones de corrupción han sido decisivas para justificar el desmantelamiento de las dos vehículos de la política industrial brasileña. En el caso de Petrobras, que acumuló una deuda de 100.000 millones de dólares, la utilización ilegal de ingresos para financiar partidos políticos era una realidad histórica desde hacía décadas. Las cantidades de sobornos crecieron con el PT en el poder pero sólo porque la facturación de Petrobras creció hasta la astronómica cifra de 200.000 millones de dólares.

Que la corrupción supusiera el desmantelamiento de una de las empresas más rentables del mundo es motivo de indignación en algunos sectores de la empresa. “Propagaron el mito de la quiebra de Petrobras para justificar la privatización”, dice Felipe Coutinho, presidente de la Asociación de ingenieros de Petrobras.

En el caso del BNDES, ni tan siquiera hay indicios de corrupción. Cuatro investigaciones en el Congreso, otras judiciales y, la semana pasada, una auditoria estadounidense Cleary Gottlieb Steen & Hamilton LLP no han encontrado irregularidades. Aunque varios de sus clientes, –notablemente la multinacional cárnica JBS– había creado una red de sobornos, el BNDES no estaba involucrado, según el informe del auditor. “El BNDES es una enorme burocracia tal vez poco ágil pero la burocracia lo protege de la corrupción”, dijo Ricardo Summa, de la Universidad Federal.

Pese a ello, Bolsonaro repitió el día después de la publicación de la auditoria que existe una “caja negra” en el BNDES para esconder las pruebas de su corrupción, uno de los elementos de su programa electoral que mejores resultados dio para criminalizar a sus rivales.

El nuevo presidente del BNDES, Gustavo Montezano, nombrado por Bolsonaro hace siete meses, se encontró ante un dilema terrible. No podía rechazar las conclusiones de la auditoria que él mismo había encargado. Pero negar la existencia de la corrupción sería contradecir al presidente Bolsonaro. De modo que le salió una explicación cuando menos original: “Las leyes, (…) hacen legales estas redes de corrupción”. Es decir que cumplir con la ley no quiere decir que no hayas sido corrupto.

Los dos presidentes anteriores, ambos nombrados por Bolsonaro fueron despedidos tras rechazar enérgicamente las acusaciones contra el BNDES. Montezano, con solo 39 años, no quiere ser el próximo en caer.

BNDES proporcionaba créditos por debajo del precio de mercado a grandes empresas desde Petrobras, Vale, JBS o Embraer. No es ilegal pero no le gusta nada al sector privado. BNDES registraba fuertes plusvalías (para el Estado) mediante sus participaciones en el capital en las empresas que ayudaba a convertir en multinacionales competitivas. Esto tampoco les gustaba a los bancos privados pese a que sea el core business de la banca privada de inversión. “La gestión del BNDES ha sido abusiva”, dijo Alberto Ramos, de Goldman Sachs

Tal vez ya en Brasil y otros países es corrupto todo lo que no convenga a la banca privada. “La existencia del BNDES impide que bancos privados como Itaú o Bradesco ganen dinero con créditos a tipos más altos”, sostiene el economista Eric Gil Dantas. Y concluye: “Siempre ha sido un enemigo que debe ser eliminado”.

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