Cada vez menos emergentes

Cada vez menos emergentes

24/02 - Las economías avanzadas ya no pueden dar por sentada su supervivencia en un mundo competitivo

Por primera vez desde el inicio de la crisis, el crecimiento global se extenderá a todas las regiones del mundo. Más de las tres cuartas parte de las economías nacionales registrarán tasa de variación positiva en el valor de la producción de bienes y servicios. Algunas de las más importantes de las economías consideradas emergentes abandonarán el estancamiento o la recesión en la que han estado inmersas hasta el año pasado. Brasil, por lo que representa para los intereses de las empresas españolas, es la más destacada. Ese comportamiento favorable del conjunto de esas economías se está reflejando no solo en los indicadores reales, sino también en las variables financieras, especialmente aquellas que reflejan el apetito inversor de quienes no anticipan rendimientos muy destacados en los correspondientes a las economías avanzadas. De no mediar episodios excepcionales, y contando con una normalización previsible de las políticas monetarias de EE UU y de la eurozona, esas economías podrían sostener esa prometedora expansión, contribuyendo al crecimiento económico y del comercio global como lo hicieron antes de la crisis.

En realidad, esa denominación de “emergentes” se mantiene desfasada, desde que el Banco Mundial la acuñara a principios de los ochenta del siglo pasado. En ese grupo, diferenciado habitualmente de las economías en desarrollo y de las desarrolladas, se encuentran las de China e India cuya contribución al crecimiento de la economía global no ha dejado de crecer en el último cuarto de siglo, y las BRIC, que añaden a las anteriores, Brasil y Rusia. Son emergentes en la medida en que sus mercados de capitales son menos avanzados, con más riesgo que los de la mayoría de las economías convencionalmente desarrolladas, fundamentados en políticas económicas menos creíbles. Pero esa percepción está cambiando, como se refleja en el índice bursátil más difundido de los mercados emergentes, el MSCI, con 21 de sus 24 integrantes con un comportamiento macroeconómico mejor que el de los últimos años.

Es la evolución de los fundamentos económicos y la homologación normativa y de procedimientos lo que diferencia el atractivo inversor de los mercados nacionales. Y algunos de los todavía agrupados como emergentes exhiben un potencial muy superior al de la mayoría de las economías avanzadas. Así se reflejó en sus mercados financieros en 2017 y así puede ocurrir este año, a pesar de las revalorizaciones experimentadas.

Uno de los aspectos más destacados de ese grupo, que no pasan por alto los inversores, es la creciente contribución a la expansión de la economía global y, quizás lo más relevante, la participación igualmente creciente al comercio internacional, al protagonismo en las cadenas de generación de valor de las multinacionales, las originarias de las economías avanzadas y las de países emergentes, con un peso también cada día mayor en las cadenas globales.

Si la tensión reformista en la mayoría de esas economías se mantiene al tiempo que la corrección de algunos desequilibrios, y siguen manteniendo ritmos de inversión superiores a los observados en la mayoría de las economías desarrolladas, incluidos las partidas más directamente vinculadas a la economía del conocimiento, ese carácter emergente tendrá que encontrar un recambio. Desde luego será el caso de China e India, pero también de otras economías asiáticas con ventajas competitivas que ya exceden al tradicional coste del factor trabajo. Y eso no solo será vinculante para los inversores financieros, sino para aquellos gobiernos de economías consideradas avanzadas que creían que la mera pertenencia a esa categoría les garantizaría la supervivencia en una escena global cada día más competitiva.

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