Bruselas tiende la mano al hijo pródigo americano

Bruselas tiende la mano al hijo pródigo americano

La UE ofrece una "nueva agenda para el cambio global" y una Cumbre inmediata a Biden, mientras la OTAN despide a Pompeo con un ojo puesto en China y temor por la retirada de tropas en Afganistán

Miremos hacia adelante, no hacia atrás. Vamos a rejuvenecer nuestra relación, a forjar una asociación que traiga prosperidad, estabilidad, paz y seguridad. No hay tiempo que perder". El mensaje enviado ayer por el alto representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell (1947), al presidente de Estados Unidos, Joe Biden (1942), a duras penas puede contener el alivio, la alegría y la esperanza del Viejo Continente.

En Bruselas se cuentan los días para la toma de posesión del líder demócrata y para la salida de Donald Trump, que en los últimos cuatro años ha generado algunas de las peores pesadillas de Europa. Por las guerras comerciales, las amenazas a la OTAN, el flirteo con Putin, el apoyo al Brexit o a ideólogos iliberales. Ya no es pura teoría.

Los contactos empezaron la semana pasada, con una larga conversación, en torno a 20 minutos cada uno, de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen; el del Consejo Europeo, Charles Michel; y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Con dos puntos en la agenda, dos cuestiones filosóficas, existenciales. La primera, reparar los daños. Van a quedar cicatrices, es inevitable, pero en el lado europeo rezan para poder sanar las heridas. La segunda, como dijo Borrell, mirar hacia adelante. Centrarse en los grandes desafíos que amenazan a dos aliados históricos: la pandemia, la crisis económica, el cambio climático y China, para empezar.

La Comisión Europea presentó este miércoles su borrador para una "nueva agenda transatlántica para un cambio global", guiada por ideas como una acción multilateral más fuertes, instituciones sólidas o la búsqueda soluciones a los muchos problemas existentes, pero que respeten los "valores compartidos de equidad, competencia y apertura" al mundo. No es una oferta concreta, definida, porque no tiene sentido hacerla a ciegas ni a un gobierno que no ha llegado al poder. Es una invitación, una oferta, un mensaje a Washington: no hay rencor, os esperamos con las manos abiertas.

El acercamiento se está articulando en tres frentes. Por un lado, desde el Consejo Europeo, con los líderes. El equipo de Charles Michel preparó la semana pasada un 'non-paper', un documento de trabajo todavía informal, para que lo discutieran los embajadores de los 27. El belga hablará luego con todas las capitales y en el Consejo Europeo de la semana que viene se abordará la cuestión. Michel ya ha invitado a Biden y su equipo a una primera cumbre virtual, lo antes posible, y a una visita junto a la OTAN en el primer semestre de 2021. El documento de trabajo identifica cinco áreas para trabajar inmediatamente: la pandemia, la recuperación económica, la lucha frente al cambio climático, el refuerzo del multilateralismo y la paz y la seguridad global. Que engloban Rusia y a China.

Bruselas está revolucionada, hiperactiva. Emocionada como niños en la mañana de Reyes. Tiene una lista de regalos interminable, cartas en las que demuestra que ha sido muy buena el último año y una carga emocional inmensa. La reacción en Washington, de momento, está a años luz. Es completamente lógico, porque hasta mediados de enero Biden no toma posesión y la transición y la formación de un nuevo equipo es una dedicación a tiempo completo. Pero al mismo tiempo es o debería ser también una advertencia. Europa no era, no es y no va a ser la prioridad de Biden. Es muy probable que le interese una alianza sólida frente a desafíos y enemigos reales, pero la UE quizás deba asumir "que en el mejor de los casos somos un medio, no un fin, porque su prioridad está en otros océanos", explica una alta fuente europea.

A unos kilómetros de las instituciones, en la sede de la Alianza Atlántica, el clima esta semana ha sido más tenso. Los ministros de la OTAN se han reunido por última vez este año, asumiendo que estaban ante la última cita con Mike Pompeo y con la embajadora Hutchinson. Los suspiros se escuchan a distancia. Si en un sitio se ha notado el deterioro de las relaciones ha sido en los pasillos de la Alianza, acostumbrada a unos códigos, unos métodos de trabajo y un entendimiento de las amenazas comunes que la incapacitaron para lidiar con la sacudida de Trump y sus subalternos.

En los miembros bálticos había auténtico terror ante la posibilidad de que EEUU se retirase o abandonase de verdad la defensa común. Por eso a nadie se le ocurría levantar la voz, a diferencia de lo que se veía en algunos cargos de la UE. Lo mismo que en Grecia o Chipre, viendo lo que pasa en Turquía. "La OTAN es un pilar indispensable de la seguridad nacional de EEUU y continuaremos trabajando para reforzarla", prometió ayer Pompeo, en una línea muy diferente a lo que su comandante en jefe aseguró una y otra vez en los últimos años.

Esta semana, sin embargo, la atención está puesta en Afganistán, ante el temor a que Trump acelere una retirada que la OTAN considera muy peligrosa si no se hace de forma muy medida y de forma coordinada con las negociaciones de paz que se están manteniendo en Doha. Y en el largo plazo. "China está invirtiendo de manera masiva en armamento y se aproxima, desde el Ártico o por África", avisó ayer el noruego. Si el gigante justo hace un año apareció por primera vez en la mirilla oficial de la organización es ya, sin mucho disimulo, la principal preocupación de una Alianza concebida para la defensa y cuyo teatro de operaciones está pensado y diseñado para la otra parte del mundo.

"Los ministros han discutido sobre la OTAN en 2030 y cómo hacer que nuestra alianza sea todavía más fuerte. Seguiré en consultas y presentaré mis recomendaciones a los líderes el año próximo. Mi objetivo es mantenernos fuerte militarmente, hacernos más fuerte políticamente y tener un alcance más global" aseguró ayer el secretario general Stoltenberg.

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