Bruselas califica de "decepcionante" la tercera ronda de negociación del Brexit con Reino Unido

Bruselas califica de "decepcionante" la tercera ronda de negociación del Brexit con Reino Unido

Londres acusa a la UE de improvisar "propuestas nuevas y desequilibradas" y de hacer más complicado un acuerdo por adoptar un "enfoque ideológico", mientras que el negociador europeo, Michel Barnier, reprocha la "falta de realismo".

Para entender en qué estado se encuentran las negociaciones entre la UE y Reino Unido de cara al Brexit es esencial tener en mente el marco temporal. Es, en cierto modo, lo único decisivo. Tras apenas tres rondas de conversaciones, las últimas dos además por teleconferencia, se podría decir que todo va según los patrones normales. Se han presentado posiciones, hay diferencias profundas, prioridades diversas y a veces enfrentadas. Muchas líneas rojas. Las partes se están empezando a conocer, a tantear, a ver dónde pueden ceder y regatear. Lo lógico, si se permite la expresión.

El problema es que ésta no es una negociación comercial normal, no hay horizonte muy amplio, de años y lustros incluso por delante, como pasó con Japón o Canadá, por citar casos recientes. El tira y afloja tiene que estar cerrada dentro de siete meses y 16 días, y algunas decisiones vitales se deben tomar incluso a finales del mes que viene. Y en esas circunstancias, la negociación va mal.

"La tercera ronda ha sido decepcionante", ha lamentado este viernes desde Bruselas Michel Barnier. "Parece haber una verdadera falta de comprensión sobre las consecuencias mecánicas objetivas de la elección británica de irse. El Reino Unido tendrá que ser más realista. Tendrá que ir más allá de esta falta de comprensión", ha añadido el galo. "Lamento que hayamos progresado muy poco hacia un acuerdo sobre los asuntos pendientes más importantes entre nosotros", ha afirmado por su parte el negociador británico, David Frost.

Poca sorpresa. Hay parte de decepción sincera, de frustración y de teatro político. Ambos lados son conscientes de que es necesario un impulso de más alto nivel, de jefes de Estado, Gobierno e instituciones para tomar decisiones importantes. Porque los mandatos técnicos tienen límites. "Está muy claro que un Acuerdo Integral de Libre Comercio, con otros acuerdos sobre temas como la aplicación de la ley, la energía nuclear civil o la aviación, todo en línea con la Declaración Política, podría acordarse sin mayores dificultades en el tiempo disponible. Ambas partes han presentado textos legales completos, hay muchos precedentes y claramente hay un buen entendimiento entre los negociadores", añade Frost.

Esta frase, quizás complicada para no iniciados, resume bien una de las dos grandes cuestiones abiertas. La primera es que las discrepancias de fondo siguen siendo las mismas. Los 27 temen, y cada vez más, que un ex socio que está a pocos minutos de sus costas se convierta en un competidor con reglas mucho más laxas en lo que a ayudas de Estado, fiscalidad y competencia se refiere. Que imponga limitaciones a los caladeros pesqueros. Y que todas las disputas que puedan surgir con Bruselas no tengan un paraguas legal claro y resistente, si Londres se niega en redondo a aceptar un papel clave para el Tribunal de Justicia de la UE.

Por su parte, Reino Unido no ve compatible el discurso sobre la recuperación de soberanía con las exigencias de sus todavía socios. "Es difícil entender por qué la UE insiste en un enfoque ideológico que hace que sea más difícil llegar a un acuerdo de beneficio mutuo", ha lamentado hoy el negociador jefe británico, David Frost.

"El principal obstáculo para un acuerdo es la insistencia de la UE en incluir un conjunto de propuestas nuevas y desequilibradas en el llamado 'campo de juego nivelado', lo que ataría a este país a las leyes o estándares de la UE o condicionaría nuestros regímenes legales internos. De alguna manera eso no tiene precedentes en los Tratados de Libre Comercio y no está previsto en la Declaración Política.Tan pronto como la UE reconozca que no concluiremos un acuerdo sobre esa base, podremos avanzar", ha avisado Frost.

La segunda cuestión clave son las formas, cómo debería ser la negociación. La estrategia británica es apostar por un enfoque pragmático, el que más beneficia a sus intereses. Centrarse en unas pocas cuestiones, sobre todo las más sencillas, para tener algo sólido en diciembre. Y luego, ya se verá. La UE, por el contrario, discrepa profundamente, y aboga una y otra vez por abordarlo todo, lo fácil y lo difícil. Sin atajos. Y reitera, por boca de Barnier, que Reino Unido tiene que empezar a ser más realista, entender que si no pide una prórroga en las próximas semanas, en diciembre se acabó y que será muy duro. Y que no se va a mercadear con el Mercado Interior de la UE para dar facilidades a empresas de fuera.

"Sin la cuestión del 'level playing field' y sin un pacto pesquero equilibrado no habrá acuerdo sobre una asociación comercial", ha avisado una vez más el francés, rechazando que para tener éxito ahora se pueda hacer un "copia y pega" de acuerdos como los firmados con Canadá o Japón. La de Reino Unido es una situación única y aunque haya cosas parecidas, el acuerdo debe ser a la medida. Para lo que "nuevo dinamismo es indispensable".

ACERCAMIENTO Y ROCES
No todo ha sido negativo. Londres presentó un texto legal por primera vez y hay en temas de pesca ciertas líneas de acercamiento. El equipo de Boris Johnson ha admitido también a regañadientes esta semana que los bienes que entren por Irlanda del Norte tendrán que sufrir ciertos controles, pero sigue poniendo peros a la libertad de movimientos y a los procedimientos aduaneros que los 27 consideran imprescindibles en la frontera con Irlanda.

Pero los roces son constantes. El jueves, la Comisión abrió un procedimiento de infracción contra Reino Unido por no cumplir durante estos meses de Periodo de Transición con las leyes comunitarias sobre libertad de movimiento de los ciudadanos europeos y sus familias. La ley británica pone ciertos límites a los beneficiarios potenciales de esa libertad, así como a los recursos administrativos para protestar una decisión. Lo que a juicio de Bruselas supone romper una directiva de 2004, así como los derechos contemplados en los artículos 21, 45 y 49 del Tratado de Funcionamiento de la UE.

"Las deficiencias del Reino Unido en la implementación y transposición de la ley de libre circulación de la UE también afectan la implementación de los derechos de los ciudadanos bajo el Acuerdo de Retirada", avisa la Comisión, que ha enviado una carta de notificación formal a Londres, el primer paso en el proceso de infracción. El Reino Unido tiene ahora cuatro meses para tomar las medidas necesarias para abordar las deficiencias identificadas. De lo contrario, la Comisión pasaría al segundo paso: un dictamen motivado.

Precisamente sobre el tema de esos derechos, Michael Gove se remitió ayer una carta a su contraparte en el comité que supervisa las negociaciaciones, por llamarlo así, al vicepresidente comunitario Maros Sefcovic, reiterando que su Gobierno se toma "muy en serio" esta cuestión de los derechos de los ciudadanos, pero desde otro ángulo.

En la misiva defiende que el proceso que han establecido es Reino Unido para analizar la situación de los europeos es "sencillo, gratuito y online" y que ha recibido 3,4 millones de peticiones de residencia, de las cuales 3,1 millones han sido procesadas con un 58% de estatus de residentes consentidos. Y sin embargo, Londres ve algunas deficiencias y carencias en la aplicación recíproca en diferentes países europeos.

Pero se queja amargamente, y con bastante razón, de que algunos países no hayan abierto todavía el proceso para que los británicos pidan residencia y que otros han ofrecido una ventana muy reducida, frente a sus 27 meses. Igualmente, lamenta que en algunos lugares los trámites sean muy lentos, que impliquen papeleo amplio y reuniones presenciales, algo imposible ahora. Y que una vez acabadas las formalidades, frente a los cinco días de media de Londres para resolver un expediente, hay autoridades nacionales en la UE que tardan semanas o meses.

Una cuestión que forma parte también de la negociación. Durante muchos meses, desde 2016, el lado británico ha sido habitualmente el que no cumplía o mostraba más fisuras. La carta es un buen recordatorio que problemas hay por todos lados y ahora, con los confinamientos, las deficiencias salen mucho más claramente a la luz. Y también las consecuencias de una salida abrupta y sin paracaídas.

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