Borrell justifica la misión diplomática a Caracas: "He hecho lo que tenía que hacer y lo volvería a hacer. No hemos tenido éxito pero era necesario"

Borrell justifica la misión diplomática a Caracas: "He hecho lo que tenía que hacer y lo volvería a hacer. No hemos tenido éxito pero era necesario"

La comparecencia del Alto Representante en la Eurocámara sobre Venezuela se convierte en la enésima trifulca política española con ataques de PP, Ciudadanos y Vox y la defensa de socialistas y UP.

Cada dos o tres meses el pleno del Parlamento Europeo mantiene un debate sobre Venezuela. No hay muchos temas, y menos de política exterior, que logren ese nivel de atención. Seis veces en lo que va de legislatura y hasta 13 resoluciones sobre lo que ocurre allí en el último lustro. Hay dos motivos para ello. El primero, las violaciones de los derechos humanos y la represión por parte del régimen de Nicolás Maduro, que han merecido más de una decena de condenas a nivel parlamentario y comunitario. La segunda: la política nacional española.

Venezuela es desde hace años arma arrojadiza en Madrid e, irremediablemente ha terminado siéndolo en Bruselas. La percha esta vez es una misión diplomática enviada por el alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell, a Caracas. Fue el mes pasado y duró cinco días, y el objetivo según ha reiterado era escuchar al Gobierno de Maduro y a la oposición y ver si había alguna posibilidad de posponer las elecciones para la Asamblea Nacional que Maduro mantiene para principios de diciembre y que la oposición, y la UE, consideran inadmisibles. La Unión ha dicho que si se mantienen en esa fecha no habrá ninguna garantía y que por tanto no las reconocerá. Y su esperanza, compartida por "la mayoría de la oposición", según Borrell, era retrasarlas al menos seis meses para poder pactar al menos cinco puntos concretos que faciliten unos comicios libres, justos y transparentes. "No hemos tenido éxito pero teníamos que intentarlo", ha dicho el español.

La misión diplomática, sin embargo, ha generado una llamativa polémica en Bruselas. El Partido Popular Europeo, Renew Europe (en el que se encuadra Ciudadanos) o ECR (donde está Vox) tildan la misión de "clandestina", acusan a Borrell de ir por libre, de romper la posición de la UE sobre el tema y de intentar negociar con una "narcodictadura comunista". Una batería de ataques por pretender "blanquear a Maduro" y en la que le han reprochado (Leopoldo López, diputado del PP y padre del líder opositor refugiado en la embajada española de Caracas) que no harían algo parecido si fuera, por ejemplo, Bielorrusia.

El alto representante ha explicado que la misión era perfectamente habitual, como se hacen tantas. Como ha habido tres en el último año. Que contaba con el apoyo del Grupo Internacional que se encarga en América Latina de la situación en Venezuela y del resto de colegas comunitarios. "Tras el Consejo de Asuntos Exteriores y el G4 tuve el mayor apoyo para continuar el contacto con el Gobierno de Maduro para ver si era posible una prolongación del plazo electoral como condición imprescindible para cualquier cosa", ha afirmado.

Ante la denuncia de que era algo "clandestino" o incluso una petición del régimen de Maduro, "un gesto político sin una condición. ¿No exige presidenciales? Sin eso no salimos del régimen? Ni liberación de los presos políticos y el fin de la represión", le ha reprochado la popular Dolors Montserrat, el ex ministro de Exteriores ha respondido con dureza.

"Se informó a los Estados Miembros por escrito, así que llamar a la misión clandestina...las misiones clandestinas no se comunican antes de que tengan lugar. Y en Venezuela se reunieron con una alta gama de representantes. Más de 70 personas. Para ser secreta no hubo problema en difundir su actividad", ha añadido. "Si quieren hablar de política española háganlo en Madrid. Yo ya no soy el ministro de Exteriores del señor Sánchez" ha dicho antes de tener un choque con el italiano Antonio Tajani, al que ha recriminado que "siendo ex presidente del Parlamento Europeo no mantenga la compostura".

El espectáculo en la Eurocámara ha sido bronco, con gritos, reproches, diputados encarándose. De los 23 oradores, 14 eran españoles que se han atacado unos a otros, en una rutina que a muchos de sus 700 colegas le resulta agotadora. PP, Ciudadanos y Vox arremetiendo contra el alto representante y exigiéndole por ejemplo, que adopte como postura oficial el reconocimiento de la Asamblea Nacional presidida por Juan Guaidó hasta que haya elecciones libres, aunque su mandato expire en enero. PSOE o UP, en cambio, han saltado para defender a Borrell de "falsas polémicas prefabricadas".

"No acepto lecciones en este caso concreto. He hecho lo que tenía que hacer y lo volvería a hacer. No hemos tenido éxito pero era necesario. Las elecciones en Bielorrusia no han sido ni libres ni transparentes, y sin embargo la oposición participó en ellas. ¿Creen que la oposición allí ha blanqueado a Lukashenko? Creen que le ha legitimado? Claro que no, al contrario. Precisamente han servido de palanca para poner de manifiesto la falsedad y combatirlo. ¿En qué se blanquea a Maduro por enviar a un funcionario a hablar con todo el mundo en Venezuela? Un poco de seriedad. Estamos haciendo lo que nos corresponde", ha replicado con rotundidad al final del debate, asegurando que mandaría si pudiera "mañana mismo" una misión a Bielorrusia "para crear un diálogo político nacional" y que de hecho el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha "intentado llamar a Lukashenko. ¿Eso es blanquear o legitimar?", ha zanjado en una de sus mejores intervenciones ante la Eurocámara.

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