Boris Johnson da marcha atrás y encierra a veinte millones de ingleses

Boris Johnson da marcha atrás y encierra a veinte millones de ingleses

En el pulso entre los defensores de las libertades y la responsabilidad individuales y los partidarios del Estado niñera, los primeros tienen todas las de perder, y más aún si de repente aparece una nueva cepa de virus que según algunas teorías se transmite con un setenta por ciento de más facilidad que la dominante hasta ahora, y ha hecho de Londres y el sudeste de Inglaterra su cuartel general. El miedo es libre y los políticos prefieren pecar de prudentes, aunque ahoguen la economía.

Hace unas semanas, Boris Johnson (cuyo instinto natural es ser un liberal laissez faire y portador de buenas noticias) prometió a los ingleses unas Navidades “casi normales” en las que amigos y familiares podrían reunirse y hasta pasar la noche en casa ajena; hace dos días, cuando ya Italia, los Países Bajos y Alemania habían semi cancelado sus Fiestas, se negó a dar marcha atrás y afirmó que “a estas alturas sería cruel obligar a la gente a cancelar sus planes y matar sus ilusiones”. Pero ayer, inexorablemente presionado por médicos y científicos, es justamente lo que hizo. “Ya sé –dijo en una rueda de prensa– que es una gran decepción, pero si el virus cambia su modo de ataque nosotros hemos de cambiar nuestra manera de defendernos”.

La culpa la tiene la aparición de una nueva cepa del virus que se transmite con mucha más facilidad
La defensa de Johnson consiste en un giro de ciento ochenta grados y la imposición para veinte millones de personas (entre ellos los habitantes de toda el área metropolitana de Londres) de medidas casi tan severas como las del pasado mes de abril, al poco de aparecer la Covid-19.

No estarán teóricamente autorizadas a reunirse con nadie de ningún otro núcleo, ni a salir de casa, aunque las excepciones a esto último abarcan casi todos los escenarios imaginables (acudir al trabajo, al colegio, a la universidad, a la compra, hacer ejercicio, sacar al perro...) y en cualquier caso la policía, al contrario que en otros países, no para a nadie en la calle para pedir explicaciones ni documentos.

Los comercios no esenciales, gimnasios y peluquerías vuelven a cerrar, pero al menos no se va a imponer un toque de queda, ni es obligatorio el uso de la mascarilla excepto en el transporte público y las tiendas, una victoria aunque sea pírrica para quienes defienden la libertad del individuo frente a las imposiciones autoritarias de los Estados.

Londres y los condados de sus alrededores van a quedar cerrados con una muralla distópica como la de la película Los juegos del hambre , sin que nadie pueda entrar o salir de la zona salvo causas de fuerza mayor. Del otro lado, las cosas tampoco están mucho mejor, y las cinco fechas originales de venia para celebrar las Navidades “casi normalmente” han quedado reducidas al día de Navidad. Y además, con la perspectiva de un nuevo confinamiento total a nivel nacional en enero si las infecciones siguen aumentando. El virus ha mutado y ha hecho un jaque. Si la vacuna no funciona será un jaque mate.

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