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Bolsonaro, todo por los ‘filhos’

Bolsonaro, todo por los ‘filhos’

11/05 - 21:56 - Pese a la triple crisis, sanitaria, económica y política, el presidente de Brasil prioriza la protección de sus hijos de las investigaciones criminales

Jair Bolsonaro ha intentado en cuatro ocasiones en los últimos meses hacerse con el control personal de la policía de Río de Janeiro. “Tú tienes 27 superintendencias; yo solo quiero una: Río”, se lamentó el ultraconservador presidente brasileño en una conversación privada con su entonces ministro de Justicia, el llamado súper juez, Sergio Moro. Tras dimitir del Gobierno la semana pasada, Moro acaba de denunciar al presidente por atentar contra el Estado de derecho.

El ambicioso juez de la investigación anticorrupción lava jato (lava coches), que encarceló a Lula da Silva en el 2018, ha vuelto contra Bolsonaro solo 16 meses después de su polémica decisión de incorporarse al Gobierno de ultraderecha. No quiere verse contagiado políticamente por la desastrosa gestión de la pandemia de la Covid-19, minimizada por Bolsonaro aun cuando la curva de contagios se pone vertical.

Las muertes diarias se han quintuplicado en Manaos y las fosas comunes se cavan bajo la mirada de los buitres.

Pero lo más sorprendente del testimonio de Moro es la insistencia de Bolsonaro en hacerse con el mando de la policía en la ciudad donde viven él y su familia. ¿Por qué tanto interés en Río? La explicación: “Bolsonaro teme que las investigaciones de la policía alcancen al hijo”, según explicó en una entrevista el analista político de la Fundación Casa Rui Barbosa, Fabio Kerche.

Flávio Bolsonaro –el segundo mayor de los cuatro hijos varones del presidente– ha sido investigado por la policía de Río por desvío de dinero público para beneficiar a grupos paramilitares de ultraderecha, así como por delitos de blanqueo de dinero en el sector
inmobiliario de Río. Los otros hijos están en el punto de mira policial también. De modo que,
mientras Brasil atraviesa una gravísima triple crisis -sanitaria, económica y política–, la prioridad para el presidente es única: proteger a la familia.

El presidente está cada vez más aislado y enfrentado no solo a los otros dos poderes del Estado –el Congreso y el Tribunal Supremo– sino a sus propios ministros. Luiz Henrique Mandetta, el ministro de Sanidad, despedido el mes pasado tras insistir en la necesidad de la cuarentena, ha sido sustituido por un nuevo ministro, Nelson Teich, apodado el ministro del ataúd . Los contagios ya han rebasado los 125.000 y los muertos son 5.500, según datos oficiales que infravaloran drásticamente los reales. En São Paulo, la mortalidad en abril fue el triple del mismo mes el año pasado. En la metrópolis de la selva amazónica, Manaos, las muertes diarias se han quintuplicado y las fosas comunes se cavan bajo la mirada de los urubúes (buitres).

La minimización bolsonarista, así como la desesperación de millones de brasileños que, sin apoyo del Estado, no pueden permitirse el lujo de quedarse en casa, se plasma ya en una segunda ola de contagios tras el éxito de aplanar la curva el mes pasado. “Empezamos bien pero luego la gente volvió a circular y vamos a pagarlo muy caro”, dijo el virólogo Atila Iamarino.

Ya venden mascarillas en vez de tangas en los puestos de la playa delante de la urbanización de Barra de Tijuca, donde la familia Bolsonaro se reunía para planificar los delirantes contraataques en redes sociales. Ahora, hasta Moro, el antaño héroe de las redes bolsonaristas, ya se somete a una campaña de difamación. Casi todos los domingos se convocan manifestaciones –a veces con la presencia del presidente– que despotrican en nombre del pueblo brasileño contra todas las instituciones del precario Estado de derecho menos las fuerzas armadas. Hay quienes –como Merval Pereira, el columnista orgánico de la poderosa rede Globo, que ha allanado el camino al poder de Moro desde el inicio de lava jato – apoyan un impeachment para destituir a Bolsonaro. Se esperaba que el testimonio de Moro fuese lo bastante explosivo para iniciar el proceso. Pero decepcionó. “Moro no presenta pruebas porque es cómplice”, dice Kerche. En cualquier caso, “¿Cómo iniciar un proceso tan complejo como un impeachment en medio de esta pandemia?”. Otros temen un posible golpe militar en defensa de Bolsonaro. El alto mando de las fuerzas armadas ha reiterado su apoyo a la democracia. Pero en un Gobierno que incluye siete altos cargos militares, entre ellos el vicepresidente Hamilton Mourao y el jefe de Estado Mayor, Walter Souza Braga Netto, no queda claro si por democracia se refieren al excapitán Bolsonaro o al Estado de derecho. “Las señales que trasmiten los militares son muy ambiguos”, dice Jorge Chaloub, analista de la Universidad Federal de Juiz de Fora.

Aunque se evite un desenlace más dramático, la tercera pata de la crisis, la económica, garantiza una situación altamente inestable en Brasil. Largas colas se extienden delante de las oficinas del banco público Caixa Econômica, donde se entregan los cheques por 600 reales (95 euros) mensuales para los más pobres, tras el colapso del sistema de pago achacable al numero desorbitado de solicitantes; 60 millones frente a los 20 millones que se esperaban.

La pandemia está agudizando las profundas fisuras sociales en el país más estrechamente identificado del mundo con la extrema desigualdad ya agravada por los recortes al estado del Chicago boy Paulo Guedes, que solo ha dedicado el 1,7% del PIB a una respuesta anticrisis. El nuevo ministro de Sanidad confirmó su pertenencia a la escuela de Guedes esta semana al rechazar movilizar al sector privado sanitario pese a que los hospitales públicos ya están en el 90% de capacidad. Sería perjudicial para la imagen , dijo. “Más allá de la salud hay que tener en cuenta cómo la gente de fuera va a mirar Brasil”, dijo en una referencia aparente a los mercados internacionales, citando a España como un ejemplo del peligro de la “estatización”.

No parece ser el discurso de un presidente que se alza como el salvador del pueblo brasileño. Pero Bolsonaro está más preocupado en estos momentos por el buen nombre de sus filhos .

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