Bolsonaro se da un baño de masas en plena guerra con el Supremo y el Congreso

Bolsonaro se da un baño de masas en plena guerra con el Supremo y el Congreso

El presidente brasileño reúne a cientos de miles de seguidores para atacar a los poderes

Baño de masas para el presidente brasileño Jair Bolsonaro. Cientos de miles de personas siguieron el martes (Día de la Independencia de Brasil) su convocatoria y salieron a la calle para expresar su apoyo al gobierno y atacar a los poderes que en su opinión no le dejan gobernar. La jornada fue el colofón a la escalada autoritaria del presidente, que en los últimos meses elevó el tono contra los jueces del Tribunal Supremo y llegó a amenazar con cancelar las elecciones de 2022 si no se cambia el actual sistema de voto. Las marchas tuvieron lemas como 'Supremo es el pueblo' y 'Yo autorizo'.

Bolsonaro abrió la jornada en Brasilia con un discurso mesiánico ante la multitud en que ya dejó su primera amenaza: "No podemos continuar aceptando que una persona de la región de los Tres Poderes continúe atacando a nuestra población. No podemos aceptar más detenciones políticas en nuestro Brasil, o el jefe de ese poder lo encuadra o ese poder puede sufrir aquello que no queremos", afirmó.

Sin nombrarle directamente, Bolsonaro se refería al juez Alexandre de Moraes, que investiga los ataques a las instituciones democráticas y quién financia las protestas como las de este martes. En las últimas semanas ordenó la detención de aliados políticos del presidente, blogueros y otros personajes de la extrema derecha brasileña.

Por la tarde, Bolsonaro iba a desplazarse a São Paulo, donde cientos de miles de personas abarrotaron la avenida Paulista. Hasta ahora no se han producido incidentes, a pesar de la tensión de los últimos días, sobre todo por la posible adhesión de la Policía Militar a las protestas.

En Río de Janeiro, la concentración llenó la playa de Copacabana. La mayoría de asistentes, blancos, mayores de 40 años y de clase media-alta, clamaban contra los jueces, los parlamentarios o el comunismo. "Lo de 'yo autorizo' quiere decir autorizar al presidente a cerrar el Congreso, cerrar el Supremo e implementar en este país un régimen en que el pueblo sea respetado", decía Josemar Oliveira, un jubilado, a este diario. Para Marcelo Soares, un pastor evangélico, las manifestaciones multitudinarias podrían servir para que los jueces recapacitasen. "Están poniendo trabas todo el tiempo. La alternativa es mostrarles que el pueblo está insatisfecho", afirmaba, sin descartar la opción de un golpe: "Si es lo que el pueblo pide eso es lo que Bolsonaro tiene que hacer", aseguraba convencido.

Cuestionar el actual sistema de voto también era una de las banderas más populares, siguiendo a pies juntillas la narrativa Bolsonaro de que las urnas electrónicas (que funcionan en el país desde hace 26 años) no son fiables y que por lo tanto, no se puede confiar en el resultado de las elecciones del año que viene.

A finales de agosto Bolsonaro decía: "Estad seguros de que vamos a tener una fotografía para el mundo de lo que vosotros queréis. Yo solo puedo hacer una cosa si así lo deseáis". El presidente ya tiene la foto que quería de la multitud en las calles dándole su aprobación. Ahora falta ver qué hará con ese capital político.

Popularidad en caída libre

En su discurso de Brasilia, Bolsonaro afirmó que hoy se reunirá con los presidentes de la Cámara, del Senado y del Supremo: "Les mostraré hacia dónde debemos ir".

Las imágenes de las calles de Brasil inundadas de verde y amarillo pueden dar la sensación de que hay un clamor popular en favor de Bolsonaro. Pero la popularidad del presidente sigue desgastándose y el 64% de los brasileños considera "malo o pésimo" su Gobierno, según una encuesta de Atlas Político de esta semana. Aún así, mantiene un electorado muy fiel y muy movilizado.

A Bolsonaro, la "fotografía para el mundo" también le sirve como cortina de humo. La pandemia ya se cobró casi 600.000 vidas, la inflación ya está en el 9% y el paro afecta a más de 14 millones de brasileños. El PIB del segundo trimestre cayó un 0,1% y la esperada recuperación "en V" profetizada por el ministro de Economía, Paulo Guedes, ya empieza a tener cara de estancamiento.

El mercado financiero está revisando a la baja las previsiones económicas para 2022 en buena parte por la incertidumbre que provoca el propio Bolsonaro. Además, los hijos del presidente se enfrentan a varios escándalos de corrupción y él mismo está investigado en el Supremo.

Mientras tanto, el ex presidente Lula da Silva, favorito en las encuestas para ganar el año que viene, mantiene un perfil discreto. Se especuló con la posibilidad de que apareciese en las protestas que la izquierda convocó a última hora para contraprogramar las marchas bolsonaristas, pero optó por divulgar un vídeo en la víspera: "En vez de anunciar soluciones lo que hace (Bolsonaro) es llamar a las personas para la confrontación, es convocar actos contra los poderes de la República, contra la democracia, que él nunca respetó. En vez de sumar estimula la división y el odio".

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