Bashar Asad celebra su cuarta investidura con otra matanza de civiles

Bashar Asad celebra su cuarta investidura con otra matanza de civiles

Fuego de artillería gubernamental acabó con al menos seis personas en Sarjeh, al sur de la provincia norteña de Idlib

El presidente de Siria ha vuelto a jurar el cargo en Damasco. Nada nuevo para quien lleva gobernando con puño de hierro durante más de dos décadas. Como tampoco ha sido nuevo, para los sirios, el morir bajo fuego de artillería. El mismo sábado en que Bashar Asad tomó posesión por cuarta vez consecutiva, fuego de artillería gubernamental acabó con al menos seis personas en Sarjeh, al sur de la provincia norteña de Idlib.

Asad había ganado con un aplastante 95,1% de votos los comicios presidenciales del pasado 26 de mayo, celebrados en las zonas bajo control del Gobierno y tildados por los opositores de "montaje". En su discurso inaugural frente a los miembros de la Asamblea Popular, el presidente, que lidera Siria desde la muerte de su padre -que tomó el poder tras un golpe y que murió en el 2000-, instó a sus oponentes a regresar al país.

"Repito mi llamada a todos aquellos que fueron manipulados y apostaron por la caída y el colapso del Estado a regresar a la patria", dijo Bashar Asad, poco antes de jurar el cargo. Luego, el presidente agradeció el respaldo de los votantes: "Demostrasteis, con conciencia y apego a la nación, que el pueblo no compromete su determinación de defender sus derechos independientemente de las tácticas de los colonialistas", declaró, según la agencia oficial SANA.

El levantamiento popular del año 2011, exigiendo reformas a los Asad, desembocó en una larga espiral de violencia debido a la respuesta brutal de las fuerzas de seguridad del Gobierno sirio y al apoyo de sus países rivales a milicias opositoras extremistas. En 2015, la entrada de Rusia en el conflicto del lado oficialista, apoyándolo militarmente, decantó las tornas a favor del presidente. No obstante, Siria sigue parcialmente desintegrada y empobrecida por la corrupción oficial y las sanciones de EEUU.

El pasado miércoles, el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, reconoció a los medios locales que su país había usado Siria como campo de pruebas para "320 tipos de armas" distintas. Todo un reconocimiento a una actividad que incluso grupos rusos pro DDHH han denunciado, y que se ha complementado con la presencia de paramilitares mercenarios de la compañía Wagner, fuertemente vinculada al Kremlin.

Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos y la organización de rescatadores Cascos Blancos, fuerzas pro Rusia fueron las responsables del lanzamiento de obuses contra una Sarjeh, una localidad próxima a la línea de desescalada que pactaron rusos y turcos en 2020. El ataque supuestamente consistió en dos lanzamientos de artillería contra el mismo sitio: el primero acabó con tres menores, una mujer y un hombre, y el segundo, lanzado cuando los Cascos Blancos llegaron al lugar, mató a uno de sus voluntarios e hirió a tres más. Este segundo golpe quedó registrado por la cámara que portaba uno de los rescatadores.

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