Bajo la sombra proteccionista

Bajo la sombra proteccionista

La cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) terminó en un fiasco desalentador que amenaza el futuro de la institución

La cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) terminó en un fiasco desalentador bajo la sombra de un resiliente proteccionismo que amenaza la razón de ser y el futuro de esa institución multilateral.

Una previa reunión de ministros había alentado la esperanza de que el encuentro de jefes de gobierno en Buenos Aires avanzaría en la meta del organismo, que congrega a 164 naciones, de liberar el intercambio comercial en áreas trancadas desde hace muchos años.

El resultado fue todo lo contrario, en gran parte por la negativa de Estados Unidos a facilitar toda apertura comercial que compita desfavorablemente con su propia producción. El presidente Donald Trump evidenció desde el primer momento esa posición. No solo estuvo ausente sino que envió una pequeña delegación de nivel relativamente bajo.

Su jefe, el secretario de Comercio, Robert E. Lightnizer, trancó todo progreso al demandarle a la OMC una nueva hoja de ruta que incluya iguales exigencias a todos sus miembros, en clara alusión a sus problemas competitivos con China. Planteó además objeciones al Sistema de Solución de Diferencias, lo que impidió la renovación de miembros del Órgano de Apelación.

Esta actitud debilita aun más el funcionamiento de la OMC, creando dudas sobre su eficacia futura en combatir el proteccionismo y hasta de la propia supervivencia del organismo. La OMC fue creada en 1995 como sucesora del Acuerdo General de Comercio y Tarifas (GATT por su nombre en inglés), luego del cierre de la Ronda Uruguay.

Desde entonces sus intentos de liberalizar el comercio internacional mediante eliminación o reducción de aranceles fueron trabados por los arrestos proteccionistas de muchas naciones, ciertamente no circunscritas a la política reciente de Trump. En nuestra región los mantiene Brasil, así como ocurrió en Argentina en la era kirchnerista.

Otro claro ejemplo de mayor alcance es la Unión Europea (UE), evidenciado en las estancadas negociaciones con el Mercosur desde hace más de dos décadas para concluir un tratado de libre comercio entre ambos bloques. En forma paralela a la cumbre de la OMC, los presidentes mercosureños y la jefa de la política comercial de la UE, Cecilia Malmström, trataron de avanzar hacia esa meta. Pero todo quedó en la nada, al negarse la UE a mejorar su magra oferta de reducir los aranceles al ingreso de productos agrícolas, obstáculo liderado por Francia y otros países europeos que subsidian su producción en esa área.

Lo ocurrido en las reuniones de la OMC y entre la UE y el Mercosur en Buenos Aires confirma la necesidad de que Uruguay extreme sus esfuerzos, hasta ahora frustrados, para abrir paso a acuerdos bilaterales que lo liberen del yugo que le impone el bloque regional. En algunas áreas el camino es arduo, ya que supone obtener el beneplácito de Brasil y Argentina para concluir acuerdos por fuera del Mercosur.

En otros, como es el caso de la pendiente ratificación del tratado de libre comercio con Chile, el gobierno se ha maniatado a sí mismo para no malquistarse con los sectores más retrógrados de su Frente Amplio. Pero si no logra avances, el país seguirá constreñido en una expansión comercial que es indispensable.

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