Aumenta la presión unionista para que dimita Nicola Sturgeon

Aumenta la presión unionista para que dimita Nicola Sturgeon

Londres sueña con dejar descabezado al SNP en vísperas de las elecciones autonómicas de mayo

Una de las obsesiones de los independentistas escoceses en los últimos años ha sido la de no ser metidos en el mismo saco que sus colegas catalanes. Se consideraban más sabios y prudentes, menos ingenuos, más conscientes del enorme poder del Estado central para hacer daño a sus enemigos. Criticaban la incapacidad para aparcar las ideologías e intereses puntuales y unirse en una gran causa común por encima de todo eso.

Pero todo este supuesto savoir faire del SNP (Partido Nacional de Escocia) se ha derrumbado de repente como un castillo de naipes de una manera trágica. Justo cuando la independencia parecía más cerca (la avalan veintiuna encuestas consecutivas), la batalla de egos entre la actual líder Nicola Sturgeon y su predecesor Alex Salmond amenaza con echarlo todo por tierra. Londres y los unionistas, que estaban casi rendidos ante el avance del soberanismo, se frotan las manos.

Londres sueña con dejar descabezado al SNP en vísperas de las elecciones autonómicas de mayo
Los conservadores, oposición oficial en el Parlamento escocés, han amenazado con presentar una moción de censura contra Sturgeon que probablemente apoyarían los demás partidos unionistas (laboristas y liberales), pero tendría muchos problemas para salir adelante si el SNP se mantiene unido en torno a su líder y los verdes (socios de coalición) también la apoyan. En cualquier caso, el objetivo es minar a los nacionalistas de cara a las elecciones autonómicas de principios de mayo.

El gran interrogante es si Sturgeon dimitirá si la comisión parlamentaria que investiga el caso Salmond considera que ha mentido o violado el código de conducta ministerial. En otros tiempos seguro que lo habría hecho, pero últimamente los gobiernos de Londres –empezando por el de Boris Johnson– han sentado el precedente de que no se va nadie a no ser que lo empujen (el propio líder tory no lo hizo tras intentar suspender los Comunes, y su asesor Dominic Cummings tampoco después de violar las reglas del confinamiento para ir a visitar a sus padres enfermo de la covid).

Sturgeon alega que Salmond desvaría al hablar de una gran conspiración para destruirlo, pero admite “errores catastróficos” en la investigación por parte del Gobierno de las acusaciones de abusos sexuales contra su predecesor. Se refiere sobre todo al hecho de que fuera encargado de ella un individuo que conocía la identidad de las demandantes y había tratado con ellas, lo cual ponía en tela de juicio su independencia.

Otro grave problema de la primera ministra consiste en haber declarado bajo juramento que tuvo conocimiento por primera vez de la existencia de cargos contra Salmond varios días después de una reunión con su antiguo mentor en la que supuestamente ya se tocó el tema (ella dice que de pasada, y por tanto no lo recordaba). Admite que el líder histórico del SNP la presionó fuertemente y en repetidas ocasiones para que echara tierra sobre el asunto, pero asegura que ella se negó.

El Gobierno escocés y el SNP han retrasado todo lo que han podido la publicación de los informes legales recibidos en relación con el caso Salmond, algo que desde el punto de vista de la oposición equivale a un encubrimiento. A la hora de la verdad, igual que en el escándalo Watergate, el futuro de Nicola Sturgeon depende qué supo y cuándo lo supo, de si mintió o no al Parlamento y de si ha incurrido en obstrucción a la justicia. Figura popular en Escocia, Londres y el unionismo sueñan con quitársela de en medio antes de las elecciones de mayo y dejar descabezado al SNP.

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