Argentinos piden más residencias, escribanos hacen declaraciones truchas y el gobierno baja el perfil

Argentinos piden más residencias, escribanos hacen declaraciones truchas y el gobierno baja el perfil

La solicitud de residencia aumentó en un 151% respecto al año pasado, pero el número de los solicitantes no pasa los 200. A su vez, las inmobiliarias se preparan para "el mejor semestre en tres años".

Hace pocos días el programa de televisión conducido por el argentino Alejandro Fantino en el canal América exhibió en una placa: “Uruguay: la nueva tierra prometida”. En otro canal y en otro programa, el de Víctor Hugo Morales en C5N, se leía esta semana: “El verso de la tierra prometida”.

Varios medios argentinos y también internacionales —como The Guardian y The Economist— auguraron un éxodo de argentinos hacia nuestro país, mientras que el gobierno de Alberto Fernández lo relativiza. “Solamente un grupo chico de argentinos bastante ricos se va a Uruguay”, dijo el canciller Felipe Solá. En el país de los dos lados, unos aseguran y otros niegan. En Argentina es así: hay un éxodo y no hay un éxodo.

Pero, ¿qué pasa en Uruguay? ¿Es un “éxodo” de argentinos el que prende las luces de los edificios de Punta del Este por la noche? Y primero: ¿cuántos son y por qué vienen?

En diversas entrevistas concedidas a medios argentinos, el embajador uruguayo en Argentina, Carlos Enciso, informó que el consulado en Buenos Aires da inicio al trámite para obtener la residencia legal a unas 100 personas por semana que desean instalarse de este lado del río. A principios de este mes, el embajador dijo al portal empresarial argentino Iprofesional que en Uruguay “hay una política de gobierno abierta para la Argentina y el mundo”, y que “obviamente en la región el impacto mayor que podemos tener es de argentinos”.

Además, aseguró que las consultas que reciben son de personas en edad jubilatoria, pero también de profesionales que tienen empresas pequeñas y medianas. “Uruguay tiene históricamente una gran flexibilidad para generar la captación de residentes. No solo de Argentina. Este país que ha sido componente migratorio da una facilitación que no hay en otros países”, afirmó Enciso.

Pero esta serie de declaraciones no pareció haber caído bien al gobierno de Fernández y a su intento por retener a los argentinos en plena crisis, en particular, a los jóvenes. “No se vayan, hay un país que construir”, dijo el mandatario a fines de setiembre en la inauguración de un hospital. Un tiempo antes, la consultora argentina Taquión Research Strategy había revelado que “8 de cada 10 argentinos que tienen la posibilidad de proyectar sus problemas a 10 años, se irían del país si tuvieran las condiciones para hacerlo”.

Tanto el embajador Enciso como el cónsul en Buenos Aires, José Luis Curbelo, fueron contactados por El País para este informe, pero desde Cancillería optaron por no hacer declaraciones. Tras consultar a Montevideo, Curbelo señaló que “están tratando de bajar el perfil, dado que hay que tener relativo cuidado respecto a cómo declaraciones de ese tipo puedan hacer mella en las relaciones y causar repercusiones negativas en autoridades argentinas”.

De hecho, según consignó El País este jueves, el canciller Francisco Bustillo habló con Fernández y con Solá, y comenzaron a planificar una reunión entre los dos presidentes. Fernández y Luis Lacalle Pou no hablan desde hace tres meses. El expresidente José Mujica, quien al enterarse de la situación se ofreció como interlocutor, dijo en la radio M24 que a Lacalle “no le dan pelota”, y atribuyó este distanciamiento a “las medidas cacareadas en el momento de crisis en Argentina para que vengan inversores desde allá”.

Ahora, más allá de rispideces y de éxodo o no éxodo, vayamos a las cifras concretas. Según datos de la Dirección Nacional de Migración uruguaya, de abril a setiembre se registraron 178 inicios de trámite para obtener la residencia legal, mientras que en el mismo período de 2019 hubo 71 en trámite.

Pese a que no se trata de miles, esas cifras dan cuenta de un incremento del 151% en términos de inicio del trámite.

En cuanto a residencias concedidas, hubo 178 entre abril y setiembre, y 107 en el mismo período del año pasado. El aumento fue de 66%. Por otro lado, desde el 1 de marzo al 30 de setiembre se registraron 84.389 ingresos desde Argentina, es decir, los argentinos cruzaron el río 84.389 veces, con o sin residencia. Pero como es de esperarse, la mayoría de estos cruces se registraron antes del 13 de marzo, cuando se declaró la emergencia sanitaria.

Desde ese día hasta el 30 del mes pasado, la cifra cambia drásticamente: 32.700 fueron los ingresos de argentinos al territorio uruguayo durante la pandemia.

La inestabilidad que parece arraigada en la génesis misma de Argentina, ese “unos contra otros”, y el encierro son los motivos que manifiestan en redes sociales, en entrevistas y también a los asesores jurídicos que contactan para materializar la migración. Y de este lado, el ya viejo y conocido manejo de la crisis sanitaria por el COVID-19, la fantasía de paraíso con playas y el paternalismo de ver a Uruguay como una “provincia” tranquila hacen de nuestro país el destino de ensueño. Pero no solo por el agua verde de las fotos y la lentitud disfrazada de tranquilidad es que viene un extranjero a instalarse.

Impulso.
El interés del gobierno uruguayo por atraer argentinos no es nuevo. Fue antes de la pandemia que Lacalle Pou manifestó su intención de impulsar flexibilizaciones en la residencia legal y fiscal para atraer empresarios argentinos. Durante el verano pasado, en un foro empresarial de Punta del Este, el mandatario expresó: “Estamos seguros de que nuestro país se va a convertir en un destino no solo para invertir sino también para que familias vengan a vivir y disfrutar de nuestras playas”.

El 11 de junio de este año se introdujeron dos nuevas causales para configurar la residencia fiscal en el país, en el marco de la anunciada política de promoción de inversiones. En primer lugar, la nueva causal se amplía a quienes adquieran una inversión en inmuebles por un valor superior a UI 3.500.000 (unos 370.000 dólares) a partir del 1° de julio de 2020 y tengan una presencia efectiva en territorio uruguayo de 60 días en el año civil.

La otra causal refiere a la instalación de empresas: tener participación en una empresa que tenga un valor no menor a UI 15.000.000 (unos 1.585.000 dólares) a partir del 1° de julio. Esta empresa debe generar al menos 15 puestos de trabajos nuevos en el país.

Antes de este decreto, la reglamentación disponía que, para obtener la residencia fiscal en Uruguay, el valor de la inversión en inmuebles debía ser de unos 1.600.000 dólares, mientras que la inversión en una empresa debía ser de 4.750.000 dólares.

En términos impositivos, la residencia fiscal uruguaya beneficia a los argentinos — siempre y cuando no caigan en la doble residencia fiscal— debido a la diferencia en los criterios de renta que se aplican en cada país. En Argentina rige el concepto de renta mundial, por lo tanto, las rentas que los residentes de ese país obtengan en el exterior son alcanzadas por el impuesto a las ganancias.

En tanto, el sistema tributario uruguayo se rige por el criterio de la fuente territorial, es decir que, en principio, únicamente se gravan las rentas de fuente uruguaya.

Wilder Ananikian, presidente de la Cámara Inmobiliaria del Uruguay, señala esos beneficios como algunos de los motivos por los que las inmobiliarias están realizando operaciones para argentinos que buscan radicarse en el país.

Ananikian dice que las inmobiliarias reciben consultas constantemente y también concreciones. Los argentinos suelen alquilar por un año “y después ven si se quedan”, pero también están quienes directamente están comprando.

Pero la ola de consultas no vino con la pandemia para los agentes inmobiliarios. Dice Ananikian que las consultas se “dispararon” después de las PASO —las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias en Argentina— en agosto de 2019, cuando se vaticinaba el retorno del kirchnerismo. “Después se acentuaron cuando se supo quién iba a ser el presidente de cada país. Y de allí a febrero trabajamos muy bien”, comenta Ananikian.

La pandemia “frenó todo”. Las inmobiliarias dieron el año por perdido en marzo, pero se equivocaron. Ananikian dice que ahora están en un 90% de actividad, que han hecho capacitaciones para instalar nuevas tecnologías a la hora de vender y que incluso la cámara ha adquirido socios nuevos. “No perdimos ni un socio de los mil que tenemos. Y hemos aumentado el caudal social”, dice.

El presidente de la cámara inmobiliaria insiste en que este segundo semestre “va a ser el mejor de los últimos tres años” y esto se debe, en parte, a la migración argentina.

“A nadie le gusta que le saquen dinero de su país para llevar a otro, es lógico”, afirma. “Hay una campaña para que eso no pase. Cuando uno quiere buscar excusas, las encuentra”, sostiene Ananikian en referencia a la relativización de las autoridades argentinas respecto a la migración hacia Uruguay.

El presidente de la cámara tiene un argumento: “Hoy, de diez argentinos que compran, cinco no lo hacen viniendo, lo hacen mediante un poder. Se apostilla, se da un poder acá, se protocoliza y se compra”, comenta. “Eso no se sabe”, dice Ananikian, es decir: no se cuantifica en la lista de ingresos de argentinos al territorio uruguayo. Todo es remoto. “Nosotros resolvemos el tema”, finaliza Ananikian.

Desde el colegio al seguro médico: las consultas a estudios Los estudios jurídicos no paran de recibir consultas de argentinos desde que el Poder Ejecutivo flexibilizó las medidas para obtener la residencia fiscal. Juan Pablo Valli Quesada, socio del estudio jurídico González Mullin Kasprzyk & Asociados, comenta que las consultas van desde asesoramiento legal y notarialen trámites de compraventay residencia hasta servicios de radicación que incluyen mudanza internacional, apertura de cuenta bancaria, asesoramiento, ayuda en la búsqueda de propiedades, colegios y seguro médico.

Por otro lado, un obstáculo que suelen enfrentar los argentinos es la transferencia de dinero desde su país a Uruguay, ya sea para la compra o arrendamiento de un inmueble. Esto se debe a las restricciones impuestas por el gobierno argentino, dice Valli Quesada, y comenta que “muchos ya han retirado el dinero de los bancos por falta de confianza y es una traba constante cómo hacer llegar ese dinero a Uruguay”.

Ilusión y realidad.
La página de Facebook “Quiero vivir en Uruguay” fue abierta en julio por dos uruguayos: Álvaro Bresciano, radicado en Argentina, y Cristina Imelio, una agente inmobiliario radicada en Montevideo. La idea surgió porque a Bresciano no paraban de contactarlo argentinos para saber cómo era vivir acá, cuánto salía alquilar y a qué colegio mandar a los niños, entre otras tantas preguntas.

Lo que empezó como una página de Facebook para evacuar algunas dudas terminó siendo una web a través de la que reciben más de diez consultas por día, cuenta Imelio. No brindan servicios específicos sino información, pero quien se muestra decidido es derivado con estudios jurídicos o gestores.

A su vez, Imelio los baja a tierra en la cuestión inmobiliaria. “Todos me comentan que con 100 y pico de dólares pueden alquilar algo en Córdoba, Bariloche, Rosario, El Chaco. Acá no. Los alquileres frustran, hay distintas situaciones”, dice. También se frustran cuando Imelio les comenta que “acá también pegó la pandemia” en términos de trabajo.

“La gente tiene fantasía de que puede venir y solucionar su vida. Pero tratamos de ser claros. En mi área particular soy bien clara de cuáles son los valores reales”, dice. Para ella, el exceso de información ha generado una sensación de que se puede venir “de un día para otro”. Imelio les dice que no es tan así, y a todos les envía el decreto que establece las excepciones de quiénes pueden cruzar la frontera si no cuentan con residencia uruguaya.

“¡Pero hay un montón de argentinos que se fueron!”, recibe desde el otro lado del charco. “¿Cuáles son esos argentinos?”, se pregunta Imelio. Y se responde: “Son los que ya tienen la residencia”. Esa que antes de la pandemia se expedía en unas semanas y hoy tarda meses. Actualmente, el celular de “Quiero vivir en Uruguay” cuenta con una lista de difusión en WhatsApp compuesta por unas 200 personas que ya tomaron la decisión de venir.

Un joven argentino contactado para este informe mandó un mail por día durante un mes al consulado uruguayo en Argentina para iniciar el trámite de residencia legal —esa es la única vía porque las oficinas están cerradas. Nunca recibió respuesta.

Al final, a través de un contacto en el consulado, logró que lo atendieran y le dieran hora para la entrevista en un lapso de 20 días.

Además de estos 20 días, el consulado tiene cinco días hábiles para tramitar el permiso temporario que lo habilitaría a ingresar a Uruguay mientras se expide la residencia. “Es así, están saturados de trabajo. Pero no te responden y no hay una sola vía de contacto, el sistema de la página web no funciona bien y no hay nadie a disposición para aclararlo”, dice.

Además de la residencia legal hay otras condiciones que habilitan a un argentino a cruzar el río: que una empresa uruguaya lo contrate o la causal “reunificación familiar”. Esto último es a lo que suelen acudir parejas que viven de un lado y del otro y quedaron separadas tras el cierre de fronteras. Pero para hacer uso de la reunificación familiar entre cónyuges es necesario probar que existió una convivencia de al menos cinco años, lo que en muchos casos no sucede.

Según pudo saber El País, escribanos argentinos han accedido a hacer declaraciones juradas falsas que avalan una presunta convivencia para que los argentinos puedan cruzar.

Milagros Capdevilla es argentina, tiene 33 años, es cantautora y gestora cultural.

Vive con su novio —también argentino— en Manantiales, Maldonado, desde diciembre del año pasado. “En plena pandemia arreglan las calles, la gente está trabajando”, dice. Es uno de los aspectos que le sigue sorprendiendo de Uruguay, pese a que ya lleva acá unos cuantos meses.

La pareja había tomado la decisión de mudarse apenas tuvo la sensación del inminente retorno del peronismo al gobierno, al igual que muchos de sus amigos que ya se mudaron o están en trámite, algunos incluso con hijos.

Alfredo Tasano, director del colegio Instituto Argentino de Punta del Este, lo confirma. “Todos los días tenemos consultas de argentinos que quieren inscribir a sus hijos”, dice.

Capdevilla no volvería, y eso le duele. Se proyecta en Maldonado, donde por ahora encontró trabajo dando clases de canto y tocando en vivo.

“Antes de las PASO ya sabíamos adónde iba todo... Argentina está atravesando una crisis profunda que va a costar años arreglar. Es un problema social profundo, nace en los ciudadanos”, afirma. “El resentimiento está destruyendo al país”.

Turismo unilateral para uruguayos
El turismo es una de las tantas industrias que quedaron en cero en Argentina tras el cierre de fronteras y la cuarentena obligatoria. Con la llegada del verano en puerta y la escasez de dólares, el gobierno de Alberto Fernández está desarrollando planes piloto y ensayos turísticos para prepararse para un eventual turismo de compras uruguayo, según informó el diario La Nación.

Según manifestó el gobierno, se estudió una prueba piloto para recibir turistas desde Uruguay, que podría concretarse en noviembre. El ministro de Turismo, Matías Lammens, dijo en una conferencia de prensa el pasado jueves que hay muchos uruguayos interesados en viajar en tour de compras a Buenos Aires, donde el tipo de cambio los favorece.

Al cierre de esta edición, la cotización del dólar había cerrado a un valor de 82,74 pesos argentinos, según el promedio que realiza el Banco Central entre las distintas entidades financieras. A su vez, el peso argentino en Uruguay cerró con un valor de 0,60 a la venta.

Según informó Lammens, los visitantes uruguayos estarían a autorizados a ingresar solo por la empresa Buquebus y se les exigiría un hisopado negativo, con la posibilidad de que el estudio se realice en el propio barco. Pero el turismo será limitado: el gobierno argentino está trabajando solamente con el Ente de Turismo porteño, ya que el plan es que los uruguayos que ingresen puedan desplazarse solo por la ciudad de Buenos Aires; no estaría permitida la circulación en el resto del país.

Pero el plan, por ahora, es unilateral y no contempla el turismo argentino en nuestro país. “Tiene sentido: nosotros tenemos circulación comunitaria del virus y ellos no”, sostuvo Lammens. Pero, ¿qué va a pasar con la temporada uruguaya, que depende en gran medida de argentinos que veranean en las costas del este?

El panorama es incierto. “Pensar hoy en abrir fronteras es muy difícil; cuando uno ve el número de casos diarios y ve el número de muertes diarias es muy difícil”, dijo el presidente Luis Lacalle Pou hace un mes en referencia al turismo argentino.

Desde el inicio de la pandemia, Argentina registra más de 850.000 infectados totales en todo el país y un promedio de 13.052 casos diarios en los últimos siete días.

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