Argentina quiere “motivar” a Uruguay para que adhiera a la OCDE, la “casa de las mejores prácticas” donde “la ideología no cuenta”

Argentina quiere “motivar” a Uruguay para que adhiera a la OCDE, la “casa de las mejores prácticas” donde “la ideología no cuenta”

Aunque tiene una “rica dotación” de recursos naturales, “alto desarrollo humano” y una “sociedad profundamente democrática”, la incapacidad para generar “consenso social sólido” ha llevado a “políticas inconsistentes”, “inestabilidad” y al “estancamiento”.

Eso dice de su país Marcelo Scaglione, subsecretario de Estado y representante del Ministerio de Hacienda de Argentina ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), aunque tal caracterización bien podría ser la de Uruguay, al menos para aludir a gran parte de su historia.

Pero ese funcionario asegura integrar una generación que “se niega a seguir cargando con los errores del pasado” y con esa visión lidera el proceso de adhesión de Argentina a la OCDE, que ha sido respaldado por sectores de la oposición a Mauricio Macri. Y quiere “motivar e inspirar” a Uruguay para que también se proponga entrar a “la casa de las mejores prácticas, en donde la ideología no cuenta”.

Scaglione, que el martes 11 llegó a Montevideo para dar una charla organizada por la Academia Nacional de Economía, mantuvo la siguiente entrevista con Búsqueda.

—Seguramente durante 2018 le preguntaron mucho por la crisis económica argentina. ¿Se podrá descorchar el champagne para festejar este fin de año que lo peor ya pasó?

—No me gusta dar pronósticos porque estamos en un mundo complejo, con muchas variables, y preferimos concentrarnos en el trabajo día a día. Lo que sí puedo comentar es lo que dijo hace pocos días el ministro (de Hacienda Nicolás) Dujovne en una conferencia con todos los embajadores de los países miembros de la OCDE en París: Argentina está aplicando una aceleración de la convergencia fiscal, una política monetaria más en línea con la inflación que estamos viviendo, así como todas las herramientas y prácticas de la OCDE para salir de la trampa del ingreso medio, que no es un problema solo nuestro sino de toda la región. Y dijo que cuando hayamos atravesado esta crisis, Argentina va a tener cimientos más sólidos y una economía ordenada para lograr un crecimiento sostenible por décadas. No apostamos al crecimiento de corto plazo.

—Más que de ricos, esta organización es un club de países que aplican buenas prácticas y políticas estables. Teniendo en cuenta la historia de inestabilidad económica, sumado a los problemas de corrupción recientes, ¿por qué Argentina se merece la membresía?

—La OCDE tiene sus orígenes en 1961 como una segunda etapa del Plan Marshall, destinado a recuperar a Europa tras la II Guerra Mundial; sus países eran todo menos ricos. Lo que permite es compartir buenas prácticas para construir un camino al desarrollo.

En ese marco, América Latina y Argentina tienen un enorme potencial. Somos conocidos por la rica dotación de recursos naturales, una sociedad profundamente democrática —esta semana cumplimos 25 años de retorno a la democracia—, somos un país que domina la tecnología nuclear para fines pacíficos, invertimos en ciencia y tenemos un alto desarrollo humano.

Pero la trampa del ingreso medio no permitió que nuestro país haga realidad su potencial; no ha sido capaz de generar un consenso social sólido y hemos tenido políticas inconsistentes que causaron inestabilidad. Allí estuvo la fuente del estancamiento argentino.

Hoy tenemos una generación que está en el gobierno que se niega a seguir cargando con los errores del pasado y trabaja para sentar las bases políticas, institucionales y regulatorias para iniciar el camino al desarrollo.

—Los procesos de incorporación a la OCDE son una maratón, que llevan varios años. ¿La candidatura argentina tiene la resistencia suficiente —un fuerte consenso político—o podría quedarse sin piernas y aire, por ejemplo, tras las elecciones de 2019?

—La OCDE nació hace casi seis décadas con 20 miembros, y cuando hace dos años y cinco meses presentamos la candidatura argentina había 35, lo que demuestra la complejidad de este ejercicio. Colombia y Costa Rica están completando el proceso.

Desde el Ministerio de Hacienda, trabajando con la Presidencia de la República y la Cancillería, y luego coordinando con un conjunto de organismos descentralizados del gobierno, desarrollamos un plan de acción para demostrar que, se abriera o no el acceso, Argentina haría una apuesta fuerte por alinear sus  políticas públicas a las mejores prácticas de la OCDE. Nos comprometimos a cumplir con 60 acciones en un plazo de 18 meses, y empezamos a hablar con cada uno de los países miembros, desde el más grande hasta el más chico, desde Estados Unidos hasta Islandia, para señalar que en esto no hay marcha atrás. Dialogamos además con las empresas, con los sindicatos, la sociedad civil y los partidos políticos. La prueba de este camino que estamos recorriendo ya no como gobierno sino como sociedad la tuvimos en la última reunión ministerial de la OCDE en junio pasado, donde fuimos acompañados por una delegación del Poder Legislativo integrada por líderes del oficialismo y la oposición. En este sentido, en estos casi tres años de gobierno se han aprobado leyes muy importantes relacionadas con el proceso de acceso, que tuvieron mayorías significativas. Trabajamos para que este proyecto trascienda al actual mandato.

—Usted ha dicho que Argentina tiene el apoyo de los 36 miembros de la OCDE para habilitarle el ingreso. ¿Qué tan factible hace eso su postulación?

—Hoy somos el único de los candidatos que tiene apoyo unánime.

Pero es una característica de esta organización que el ingreso de nuevos miembros se dé a través de un paquete o grupo de países respetando un cierto equilibrio geográfico, y hay una regla no escrita que por cada país no europeo debe haber uno europeo. Y los miembros todavía no se han puesto de acuerdo sobre quiénes acompañarán a Argentina en el proceso de acceso; sobre lo que sí tenemos seguridad es que justamente esta unanimidad hace que en cualquiera de los escenarios o paquetes que se están discutiendo, Argentina podrá comenzar oficialmente el proceso de acceso. Mientras tanto, no nos podemos quedar de brazos cruzados y ya estamos realizando las acciones y adhiriendo a las buenas práctica de la OCDE, aunque aún no hayamos sido invitados oficialmente.

—¿Cuántos cupos más puede haber para la región?

—Para el proceso de acceso actual pasaron la precalificación Argentina, Perú y Brasil por América Latina, y Rumania, Bulgaria y Croacia por Europa. En junio de 2017 la OCDE estableció, además de ese examen previo, un límite de 50 países, porque no busca replicar el modelo de Naciones Unidas. No quedan demasiadas plazas; todo lo que puedan hacer países como Uruguay para acercarse a la OCDE es bienvenido.

—El ministro de Economía, Danilo Astori, ha dicho que el plan del gobierno implica una “aproximación por etapas sucesivas”. ¿Es la estrategia adecuada o se debería tener una actitud más decidida para llevar a Uruguay a la OCDE?

—Como funcionario argentino no puedo comentar las decisiones soberanas de otros países. Sí puedo explicar lo que nosotros hemos hecho para que Uruguay, en su libre decisión, pueda tomar las cosas que consideren positivas de nuestro proceso y de qué manera puede ayudar a potenciar su acercamiento a la OCDE.

Puedo tratar de motivar e inspirar a que se sumen a este organismo, porque eso va a redundar en buenas prácticas en la región y América Latina puede constituirse en una zona muy dinámica, pero si y solo si en las próximas décadas hacemos los deberes para subir la vara.

—El gobierno uruguayo ha sido discreto en el acercamiento a la OCDE, posiblemente para evitar que sectores más ortodoxos del Frente Amplio frenen el proceso. ¿Son válidas las resistencias de tipo ideológico?

—En la organización hay países que han sido gobernados por la derecha, la izquierda y el centro. Es la casa de las mejores prácticas, en donde la ideología no cuenta; todo está basado en evidencias y las experiencias de los países. Es un proceso muy rico justamente por la heterogeneidad de los países, muchos desarrollados pero también emergentes, y el caso de Corea es posiblemente el más paradigmático: en 40 años pasó de ser completamente subdesarrollo a convertirse en la duodécima economía del mundo. Y está el ejemplo de Chile, que comenzó el proceso de acceso con un gobierno de izquierda de Michelle Bachelet y terminó con uno de derecha, en el primer período de Sebastián Piñera.

Hay que sacarle un sesgo ideológico a la OCDE que no tiene en sus más de 300 comités para las mejores prácticas en materia económica y la cuestión social. El desafío que tenemos como región es crecer durante décadas, y no solo a corto plazo. Para eso es imprescindible que a las transformaciones económicas les sumemos otras en los sistemas educativos, en innovación, en medio ambiente, en integrar nuestras pymes a las cadenas globales. Ese es el camino al desarrollo.

 

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