Argentina ofrece un canje de su deuda en plena pandemia por el coronavirus

Argentina ofrece un canje de su deuda en plena pandemia por el coronavirus

El Gobierno de Alberto Fernández planteó su oferta a los tenedores de bonos en dólares bajo legislación internacional, que de momento no han aceptado la propuesta.

El Gobierno argentino de Alberto Fernández presentó esta semana una oferta a los acreedores que tienen títulos en dólares emitidos bajo legislación extranjera. Su propuesta para reestructurar la deuda externa plantea un canje de 66.238 millones de dólares en bonos, con un período de gracia de tres años, una quita del 62 % de los intereses, equivalente a 37.900 millones de dólares, y una merma del 5,4 % en el capital (3.600 millones).

"Se trata de ubicar la deuda en un sendero de sostenibilidad que permita crecer y generar la capacidad de pago perdida", explica a Público la diputada y economista Fernanda Vallejos, de la coalición gobernante Frente de Todos. "Es parte de la estrategia que se sostuvo con la última reestructuración, en 2005 y en 2010, durante unos años en los que hubo una buena política macroeconómica que llevó a que el país creciera, expandiera su economía y mejorase las condiciones de la deuda", añadió en alusión al período que gobernaron los expresidentes Néstor Kirchner (2003-2007) y su esposa Cristina Fernández (2007-2015).

El pasado miércoles vencieron 503 millones de dólares en intereses de tres bonos abarcados en la oferta de canje. Como el Gobierno no lo canceló, el país tiene ahora un mes de plazo para realizar ese desembolso, bajo pena de incurrir en una cesación de pagos. "Si pasan los 30 días aparecería una situación de default selectivo", confirmó la diputada. "Algunas voces, que son las menos y no representan al universo de acreedores, pidieron 'sacrificios que duelan', lo que es inhumano, porque hablamos directamente del sacrificio de vidas si se aplica un severo ajuste fiscal en una economía que arrastra una grave recesión, lo que se suma al contexto mundial del coronavirus".

Esa política de recortes fue la que implementó el expresidente anterior, Mauricio Macri (2015-2019), quien emitió durante su gestión el 62,7 % de la deuda que ahora se pretende reestructurar (41.548 millones). Pero el ciclo de endeudamiento que empantanó a Argentina comenzó con la última dictadura cívico-militar (1976-1983) al instaurarse "políticas de apertura comercial y financiera que consolidaron uno de los problemas estructurales de Argentina: el drenaje de divisas hacia afuera con entramados jurídicos que favorecen las guaridas fiscales", acota Vallejos. "Esa correlación se observa en la evolución histórica de la fuga de capitales y el endeudamiento, que van absolutamente de la mano", señala.

Negociaciones sigilosas
Algo novedoso que presenta este nuevo proceso en el que se ha embarcado Argentina es la discreción con la que el Ejecutivo de Alberto Fernández ha llevado las negociaciones desde que asumió hace cuatro meses, observa la doctora en Economía Noemí Brenta, autora del libro La historia de la deuda externa argentina. De Martínez de Hoz a Macri.

"La preparación de la oferta fue muy sigilosa y a puertas cerradas, algo que no había pasado en las negociaciones anteriores, en las que había mucha injerencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), un permanente ida y vuelta y mucha permeabilidad a los intereses ajenos a Argentina", señala la también docente e investigadora.

Hasta el momento han rechazado la oferta tres grandes grupos de inversión que criticaron la propuesta unilateral del Ejecutivo. "Los financieros están muy acostumbrados a dominar, a jugar la carta ganadora, cuando negociar no es llevar la de ganar", desliza Brenta. "Es posible que el Gobierno haga canjes parciales, a pesar de que no se alcancen las mayorías previstas para activar la cláusula de acción colectiva que arrastra al conjunto de los bonistas de cada título y de cada serie", concreta la investigadora.

La economista considera que a los bonistas también les conviene la propuesta de Buenos Aires, pues el rendimiento que pueden conseguir es mayor que el de cualquier otro activo. "No sólo por el contexto del coronavirus, sino por la etapa que está pasando este capitalismo ultrafinanciero que se está agotando y ofrece intereses muy bajos", aclara. "La Reserva Federal de EEUU está en cero, en Europa hay tasas negativas, como en Suiza o Alemania, así que los acreedores no pueden pretender cobrar tasas de 8 % como las que tenían los bonos originales".

La emergencia sanitaria y económica que ha provocado el covid-19 también ha llevado a los países a reaccionar con políticas fiscales y monetarias expansivas que han disparado su déficit, "con deudas soberanas que han alcanzado niveles cada vez más altos, de un PIB o un PIB y medio", mientras que la deuda bruta de Argentina se sitúa en el 88,8 % del Producto.

Pero su historia señala que no le conviene inyectar a su economía capitales especulativos "porque nos llevan a estas situaciones desesperantes en las que además pretenden imponer la política de ajuste y desposeer al país de sus activos" aclara Brenta. "No es dramático que Argentina esté marginada de los mercados. La economía real funciona mejor que la arena especulativa, pues la nación tiene capacidad de ahorro doméstico y un excedente del ingreso respecto del consumo".

Si hay un error que Argentina comete con recurrencia es la de confiar en los modelos neoclásicos, afirma la especialista. "En vez de desarrollarse, abre su cuenta financiera para que ingresen capitales especulativos sin ninguna precaución, la moneda local se aprecia, los capitales se van con los intereses y desaparecen las pocas reservas que hay". Ante este modelo fracasado, Brenta recomienda controles de cambio y de capitales, reorientación de inversiones a sectores estratégicos, y socios comerciales que permitan a Argentina desarrollar una estrategia de crecimiento con igualdad y distribución del ingreso.

La oferta de Buenos Aires a los tenedores de títulos no sólo ha sido apoyada por Naciones Unidas, sino también por el FMI, otro de sus principales acreedores. Argentina ha tenido a lo largo de su historia una relación traumática con esta entidad, que financió a cada Gobierno de facto que detentó el poder desde 1956, y también a los que hubo tras el regreso de la democracia en 1983.

Argentina colapsó en 2001, cuando decretó uno de los ceses de pagos más grandes de la historia. La deuda pendiente con el Fondo fue cancelada por Kirchner en 2006, pero el FMI volvió al país de la mano de Macri y entre 2018 y 2019 le concedió el mayor préstamo otorgado hasta el momento, por 44.000 millones de dólares. La devolución de este crédito se negocia con la misma discreción que el resto de la deuda, pero el actual Gobierno ha dejado claro que durante estos años destinará todos sus ingresos a levantar su economía.

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