Arabia Saudí y los Emiratos cierran el conflicto secesionista del sur de Yemen

Una guerra civil dentro de otra

Arabia Saudí y los Emiratos cierran el conflicto secesionista del sur de Yemen

Médicos Sin Fronteras alerta de la malnutrición en aumento y la falta de actores humanitarios en el país

El gobierno de Yemen respaldado por Arabia Saudí -el único reconocido internacionalmente- y los separatistas del sur del país, que se hicieron fuertes en la ciudad de Adén, han firmado hoy por fin un acuerdo para compartir el poder, con un reparto equitativo de ministros. Después de una negociación discreta en la ciudad saudí de Yeda, la firma se ha producido esta mañana en la capital, Riad, con la presencia de los dos grandes valedores del pacto: por un lado, el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman; por otro, el príncipe de Abu Dhabi, Mohamed bin Zayed al Nahyan.

Durante meses, el conflicto del sur de Yemen ha constituido una guerra civil dentro de otra guerra civil, con la particularidad de que enfrentaba a dos aliados y socios principales en la coalición contra los rebeldes hutíes del norte, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. No solo estos aliados tenían visiones distintas sobre la manera de terminar una guerra cruel que dura ya cuatro años, sino que además los Emiratos acabaron apoyando un renacido movimiento secesionista, constituido como Consejo de Transición del Sur.

A primeros de octubre, los Emiratos fueron reduciendo su presencia militar en el sur del país, y por fin el pasado día 30 retiraron sus tropas de Adén, capital provisional del Gobierno, dado que Saná permanece en manos del los hutíes. De esta manera, Abu Dhabi fue facilitando el acuerdo suscrito hoy. En base a éste, el presidente Abed Rabbo Mansur Hadi -en el exilio desde el 2014- podrá por fin regresar a Adén. Un punto importante en las fricciones entre Arabia Saudí y los Emiratos a cuenta de Yemen es la acusación de los emiratíes de que Mansur Hadi se apoya en extremistas.

El portavoz del Consejo de Transición del Sur, Nizar Haitham, decía ayer al diario panárabe (de propiedad saudí) Asharq al Awsat que “el acuerdo dirigirá las armas contra el enemigo común, que son los hutíes”. Eso está todavía por ver, aunque por lo pronto las fuerzas del Consejo deberán quedar integradas en el Ministerio de Defensa del gobierno de Mansour Rabbo.

La guerra mayor continúa mientras tanto. No muy lejos de Adén, a unos 200 kilómetros, la ciudad de Taíz, con unos 600.000 habitantes, permanece desabastecida, sin apenas agua potable, inundada de basura y escombros, y afectada por un rebrote del cólera, que ya mató aquí a más de 300 personas desde el 2017. Taíz se encuentra asediada desde las montañas que la circundan por los rebeldes hutíes.

En el norte, un caso inverso: la ciudad de Abs está en manos de los hutíes. Allí, los combates de marzo y abril pasados provocaron el desplazamiento de unas 20.000 personas. La ciudad de Abs se encuentra a solo 25 kilómetros del frente. De los 200.000 habitantes del distrito, la mitad son desplazados; en toda la gobernación son al menos 300.000.

“Se trata de desplazados por segunda, tercera o cuarta vez en muchos casos”, explica la hasta ahora coordinadora de proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Abs, Helena Cardellach, recién llegada de Yemen. El centro de operaciones de MSF-España en Abs es un hospital que sirve a un millón de personas; es el único en el territorio.

“La gente llega al hospital en condiciones bastante graves, con malnutrición severa en la que luego recaen. El último incremento del precio de los combustibles, en septiembre, tiene mucho que ver; se resiente el transporte y el coste de los alimentos, el acceso al agua potable en los campos de desplazados, todo absolutamente...

Todo ello, sumado a la ausencia de centros de atención primaria, la falta de personal sanitario, la escasez de actores humanitarios, en una palabra, provoca que toda la atención médica tenga que pasar por las urgencias del hospital de Abs. Allí se atienden 800 partos al mes. “La mayoría de niños que nacen muertos tienen un peso inferior a un kilo, y esto se debe a que no hay chequeos durante el embarazo”, explica Helena Cardellach.

Este hospital de Abs, que con 200 camas experimenta una tremenda presión, es el mismo que fue bombardeado por fuerzas de la coalición encabezada por Arabia Saudí en agosto del 2016. El año anterior fue asimismo atacado un hospital atendido por MSF en Taíz.

“No dejamos de insistir en que las estructuras médicas deben ser preservadas”, afirma Helena Cardellach. Ante la pregunta de si, después de aquellos ataques, MSF ha recibido garantías de que algo así no volvería a ocurrir, la coordinadora señala que no; simplemente, “estamos en contacto con las partes en conflicto, y saben dónde estamos, por geolocalización y porque el tejado del hospital está marcado” con el logo de MSF.

Así, el centro de tratamiento del cólera en Abs fue bombardeado en junio del 2018, afortunadamente sin consecuencias trágicas. La excusa de la coalición fue que no estaba bien localizado. Anteriormente, en enero del 2016, seis personas murieron en ataque con un misil en el hospital de Shiara.

Aunque en datos generales de Naciones Unidas la situación de extrema emergencia en Yemen se ha atenuado en el último año, las perspectivas no son buenas si se toma como referente un punto de conflicto como Abs. “Estamos observado que la malnutrición va en aumento, y va a seguir siendo así –afirma Cardellach-. La ayuda llega tarde y las necesidades son enormes. Por eso estamos promoviendo que acudan más actores humanitarios”.

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