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Arabia Saudí organiza tres cumbres contra Irán en plena escalada entre Teherán y Washington

Arabia Saudí organiza tres cumbres contra Irán en plena escalada entre Teherán y Washington

Qatar envía a La Meca a su primer ministro, dos años después del boicot impulsado por saudíes y emiratíes

La Meca reúne a partir de este jueves y hasta el próximo sábado a los jefes de Estado o de Gobierno de los países árabes e islámicos en tres cumbres con un solo objetivo: aislar a Irán. Justo la víspera de la 14 cita anual de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) el viernes, el rey Salmán de Arabia Saudí, el anfitrión, ha convocado sendas sesiones extraordinarias de la Liga Árabe y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Formalmente, Riad busca reafirmar su liderazgo y unir filas tras los recientes ataques contra objetivos petroleros en su territorio y en aguas de Emiratos Árabes Unidos, de los que responsabiliza a su rival.

El tono de la triple cita, que ha obligado a cerrar seis grandes avenidas de la ciudad santa del islam, quedó marcado anoche con las declaraciones del ministro saudí de Exteriores. Ibrahim al Asaf pidió a sus homólogos de la OCI que rechacen la “injerencia de Irán en la región”, tal como recoge la prensa local.

La República Islámica y Arabia Saudí compiten por el liderazgo político en Oriente Próximo, y el mundo islámico en general, manipulando no sólo rivalidades históricas, sino diferencias religiosas; mientras que Teherán se arroga la representación del islam chií, Riad ejerce de cabeza de la mayoritaria rama suní. De ahí, el alto valor simbólico de las convocatorias en La Meca. El momento coincide además con una escalada de la tensión entre Washington y Teherán, calificada de guerra psicológica por muchos observadores, pero que ha llevado a un reforzamiento militar en la zona.

El Reino del Desierto cuenta con el respaldo de EE UU, cuyo consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, ha acusado a Irán del sabotaje a los cuatro petroleros y el ataque con drones al oleoducto saudí. Sin embargo, no está tan claro que la respuesta de los participantes en las tres cumbres vaya a ser unánime dadas las divisiones que existen en su seno.

La Liga Árabe ha sido incapaz en sus 74 años de historia de encontrar una solución al problema palestino. Además, sus 22 miembros se encuentran hoy divididos por las guerras de Siria, Libia y Yemen, y paralizados ante los cambios políticos que reclaman los ciudadanos de Argelia y Sudán. La mayoría de sus cumbres se cierran con declaraciones de intenciones de escasas consecuencias prácticas, a menudo tras haber puesto de relieve las diferencias entre sus miembros. La celebración de la cita en La Meca, una ciudad vetada a los no musulmanes, impide la asistencia del presidente de Líbano, el cristiano Michel Aoun, aunque probablemente esté representado por su primer ministro, Saad Hariri, quien también tiene nacionalidad saudí.

En cuanto al CCG, el bloque creado en 1981 para promover la seguridad y la cooperación económica de las seis monarquías ribereñas del golfo Pérsico ante los temores que desató el triunfo de la revolución iraní, quedó herido de muerte tras el bloqueo a Qatar impulsado por Arabia Saudí y EAU en junio de 2017. No obstante, sus integrantes han mantenido las formas y quien acoge la cita no puede dejar de enviar la invitación correspondiente a todos los miembros. Doha ha enviado a las tres cumbres de La Meca a su primer ministro, el jeque Abdallah bin Naser al Thani, la participación más elevada en estos dos años, lo que ha desatado especulaciones sobre un posible acercamiento.

Pero quien va a tenerlo más difícil cuando los líderes se reúnan, tras la ruptura del ayuno de Ramadán, va a ser el representante iraní a la cumbre de la OCI. La República Islámica es uno de los 57 miembros de esa organización, pero dado la animadversión que existe entre Teherán y Riad, sólo ha enviado a la cita a un director general, Reza Najafi. Su ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, ha preferido quedarse en casa después de que su propuesta de un pacto de no agresión con sus vecinos árabes del Golfo haya caído, una vez más, en saco roto.

“No, señor Zarif. No compramos su pose de buen vecino”, le respondía el pasado martes el diario Gulf News de Dubái, en un editorial que en Emiratos suelen contar con el visto bueno estatal.

Aun así, no todos los participantes en las cumbres respaldan el frente antiraní. Significativamente, Irak, Omán, y Qatar, que mantienen buenas relaciones tanto con Washington como con Teherán, se han ofrecido para mediar en la crisis. Además, Kuwait, dentro del CCG como Omán y Qatar, también se ha mostrado crítico con las políticas de enfrentamiento que promueven Riad y Abu Dhabi, y defendido el diálogo como única vía para superar las diferencias en la región.

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