Apertura ingenua

Apertura ingenua

El CAN – Mercosur es un acuerdo de alcance parcial de complementación económica, conocido como ACE59, en el que cada país miembro de un bloque (Comunidad Andina) otorgó y recibió preferencias arancelarias convenidas con cada país del otro bloque (Mercosur).

En octubre de 2004 se suscribió uno de los acuerdos de integración comercial más ambiciosos en los que ha participado nuestro país, el CAN – Mercosur que creó una zona de libre comercio entre cuatro países del sur del continente y los cinco andinos. Una prolongada y compleja negociación, tomó forma en el marco de los acuerdos desarrollados por la Asociación Latinoamericana de Integración, ALADI, creada por el Tratado de Montevideo (TM80).

El CAN – Mercosur es un acuerdo de alcance parcial de complementación económica, conocido como ACE59, en el que cada país miembro de un bloque (Comunidad Andina) otorgó y recibió preferencias arancelarias convenidas con cada país del otro bloque (Mercosur). Así, éste regula la relación comercial Ecuador – Brasil. El TM80 atiende la realidad asimétrica de los países de la región y obliga a que los acuerdos procuren un desarrollo económico – social, armónico y equilibrado, garantizando un tratamiento diferenciado y más favorable para los países de menor grado de desarrollo económico relativo, asegurando condiciones equitativas de competencia.
A quince años de su ratificación, según cifras de Trade Map, las exportaciones de Ecuador a Brasil crecieron a una tasa promedio anual (TCPA) de 2.6% llegando a menos de 90 millones de dólares al año, frente a una TCPA de 4.8% de Brasil cuyas exportaciones a nuestro país superaron 800 millones de dólares anuales. Según el Banco Central, el registrado con Brasil, es el segundo mayor déficit comercial para nuestro país en 2019. Pero, si el acuerdo debía promover el desarrollo armónico, equilibrado y garantizar un tratamiento favorable para el país de menor desarrollo relativo, ¿cómo fue esto posible?

Desde un inicio, Brasil protege a sus productores bananeros y camaroneros frente a los ecuatorianos, más competitivos en calidad y precio, y es exitoso en impedir al máximo el ingreso a su mercado de los principales productos de exportación de Ecuador, al tiempo de aprovechar sin límite nuestro mercado abierto. En este caso, las partes desconocen las normas del TM80: una, con astucia, sus obligaciones y otra, con ingenuidad, sus derechos. El Ecuador activó alguna vez la Comisión Administradora del Acuerdo y hasta amenazó con llevar el caso del banano a la OMC.

El déficit comercial con Brasil en 2019, da cuenta del resultado de estas iniciativas. Quedan como lecciones que el libre comercio en la vida real es muy distinto al de los libros de texto, que firmar acuerdos no es suficiente para abrir mercados; y, que evaluar periódicamente su ejecución es fundamental para corregir los desequilibrios. Hoy más que nunca necesitamos diversificar los mercados y Brasil es una opción. Una política comercial basada en el crecimiento de las exportaciones, no de las importaciones, debe asegurar el acceso a nuevos mercados y la defensa del nuestro.

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