Ansias de cambio en una Cuba que es una olla a presión

Ansias de cambio en una Cuba que es una olla a presión

Editorial - El régimen dispara la represión para silenciar el hastío de los cubanos

El régimen castrista desplegó ayer toda su artillería represora para evitar que los cubanos pudieran expresar sus ansias de libertad y hartazgo en la llamada Marcha cívica por el cambio. Desde hacía días, la dictadura había incrementado su feroz hostigamiento contra destacadas figuras opositoras, practicado nuevas detenciones arbitrarias a modo de aviso a navegantes, y amenazado a la ciudadanía con perseguirles penalmente si osaban participar en cualquier "provocación desestabilizadora". El domingo, quintacolumnistas del Gobierno rodearon la casa del dramaturgo Yunior García, uno de los impulsores de la iniciativa, para impedirle siquiera que pudiera pisar la calle vestido de blanco en un gesto que para La Habana ya resultaba amenazador, con el recuerdo demasiado vivo de las históricas protestas que el pasado julio sacaron a la calle a decenas de miles de personas en más de 50 localidades de todo el país, un rotundo termómetro del profundo malestar de la población.

La tiranía es bien consciente de que la isla es una olla a presión en la que cada vez resulta más difícil mantener el férreo control. De ahí por ejemplo la decisión de retirar las acreditaciones a los periodistas de la agencia EFE -ayer solo se la había devuelto a dos- en un enrocamiento que busca silenciar tanta opresión. Y la paz social de la que presume el oficialismo no es sino un recrudecimiento del estado de terror en el que se han vuelto a redoblar las amenazas, la violencia policial, las escandalosas peticiones fiscales de cárcel para la ristra de presos políticos que no deja de crecer y la militarización de pueblos y ciudades. Estamos ante un régimen que se revuelve como un tigre acorralado. Entre otras razones porque Díaz-Canel no afianza un liderazgo que muchos creen que quedará en cuestión cuando muera Raúl Castro tan tutelado como está por su alargada sombra.

Con la Marcha de ayer, sus convocantes iban más allá de exigir respeto por los derechos humanos y libertades. Pretendían sacudir al país y hacer que muchos cubanos tomen conciencia de que no ya no cabe seguir más tiempo sin plantar a un régimen que les condena no solo a la desesperanza sino también a una miseria insoportable. De hecho, en las masivas movilizaciones del verano -aplastadas por el castrismo con la fuerza bruta y encarcelando a cientos de personas que siguen presas-, a las consignas prodemocráticas se sumó la sacudida provocada por la catastrófica crisis económica en la isla, agudizada por la pandemia. No se nos puede olvidar que hoy el 71% de los cubanos sobrevive con menos de 1,28 dólares al día, muy por debajo del umbral de pobreza.

Así, causa vergüenza que en nuestro país el secretario general del PCE se negara a apartarse un milímetro del demagógico discurso que culpa de todo el sufrimiento de los cubanos a EEUU por el embargo al castrismo. E igual de insufrible es el cinismo con el que el Gobierno despacha la situación como "un asunto interno de la isla". De la dejadez y la inacción de nuestro país y el conjunto de la comunidad internacional se beneficia bien la dictadura hace tantas décadas.

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